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No te necesito, te prefiero

Grupo Psicara

Por Por Carla Barros

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. En esta ocasión trataremos un tema que se encuentra muy a la orden del día pero ¿cuánto sabemos sobre ello? Hoy hablaremos sobre la dependencia emocional.

Antes de nada, tómate un minuto para definir en tu mente qué significa la dependencia emocional. ¿Lo tienes? Ahí va: ser dependiente emocionalmente de otras personas es un patrón psicológico que, teniendo en mente un continuo entre dependencia sana y dependencia tóxica, este último extremo implica sentir la necesidad de que otros sean quienes asuman las responsabilidades en las principales áreas de tu vida, sentir el temor al abandono, sentir la dificultad de tomar decisiones por ti mismo, de expresar un “no” por la posible desaprobación o, incluso, sentir incomodidad y desamparo al verte solo, ya que te crees incapaz de cuidar de ti mismo.

De eso trata la elevada dependencia emocional, una constante barrera que limita cada uno de nuestros días en base a creencias que no tienen por qué ser ciertas. De hecho, la dependencia en sí es un rasgo de la personalidad, y en los casos en los que se presenta en grandes dosis se categoriza como un Trastorno de la Personalidad (DSM-V, 2013). Respecto a esta problemática, no se han observado diferencias entre sexos en la población general, aunque si nos vamos a la población clínica entonces sí que hay un porcentaje más elevado en mujeres. ¿Coincide con tu definición? Si no es así, ahora que lo sabes, ¿te has cuestionado alguna vez si tú mismo, u otra persona de tu alrededor tienen una elevada dependencia?

Por lo general, lo que nos encontramos detrás de este patrón de conductas excesivas es una baja autoestima y un alto grado de inseguridad. Esto se gesta desde la infancia en función del tipo de apego existente con los padres, es decir, cómo estos atienden a su hijo o hija con empatía a sus necesidad básicas y de afecto, siendo esta última una de las necesidades más importantes para el desarrollo emocional del menor, puesto que esto influye en una futura buena autoestima, seguridad en uno mismo y un manejo adecuado de las relaciones interpersonales, entre otras cosas. Si esto se desarrolla de forma adecuada, será más probable que en la edad adulta estas personas sean resilientes o se perciban como autoeficaces, elementos clave para afrontar situaciones adversas. 

Pero ¿qué pasa cuando esto no sucede? En los casos en los que no existe una buena disponibilidad por parte de las figuras de apego, los niños y las niñas no consiguen un desarrollo adecuado, arrastrando una serie de carencias en la edad adulta. En estas circunstancias, el apego que se desarrolla puede ser de tipo ambivalente, es decir, se da una fuerte inseguridad y miedo a ser abandonado. Una de las consecuencias que esto tiene es que surge una visión negativa de sí mismo y positiva de los demás. Las personas que crecen con este tipo de apego, en la edad adulta puede que busquen la proximidad y la seguridad en la pareja de una forma desproporcionada y, por tanto, inadecuada, interpretando la realidad de una forma desadaptativa orientada a cubrir todas esas carencias que tuvieron lugar en la infancia.

Todo esto puede derivar en una serie de características comunes a todas aquellas personas que desarrollan una excesiva dependencia. Por un lado, nos encontramos una baja autoestima, un sentimiento de autodesprecio y una gran inseguridad en sí mismas, así como tendencias a la depresión o a la ansiedad. Se les hace cuesta arriba realizar actividades por sí solas, no se asumen responsabilidades y existen dificultades para tomar decisiones. Por otro lado, y en línea con lo anterior, sienten una constante necesidad de tener una pareja sentimental. Tienen un gran temor al rechazo o al abandono (por lo que no suelen dar su opinión si piensan que no van a agradar a los demás) e, incluso, están dispuestas a obedecer de forma desproporcionada y hacer cosas que no desean por mantener la relación, adoptando una posición inferior en las relaciones que establecen. Además, el sentimiento de soledad les produce mucha incomodidad pudiendo llevarles a una autoanulación donde no se piensa en las propias necesidades, tan solo existe una sensación de vacío que creen que solo puede ser llenada por otra persona.

Como seguramente has podido intuir, de esto se desprende una inadecuada forma de relacionarse con el entorno, en especial a la hora de mantener relaciones de pareja. Bien es cierto que para que una relación funcione debe existir cierto grado de dependencia emocional sana, ya que si se establece una independencia total, el individualismo acabará arrasando con el vínculo entre ambos, puesto que no se contará con el otro ni con su opinión en ciertos temas que concierne a los dos, o incluso se difuminará la figura de apoyo que se construye a lo largo de la relación. Sin embargo, las personas con un elevado grado de dependencia emocional irán un paso más allá, estableciendo una relación desequilibrada, donde estas se sitúan en una posición inferior y se encuentran dispuestas a obedecer a todo lo que se les diga con la intención de mantener la pareja a lo largo del tiempo. Es entonces cuando el grado de dependencia empieza a ser problemático.

Se ha observado que estas personas suelen elegir como pareja a otras personas con ciertos rasgos narcisistas, con tendencia a la manipulación, poco empáticas y mínimamente afectuosas, que creen poseer habilidades extraordinarias y parecen muy seguras de sí mismas. Por lo que esta relación está abocada, con el tiempo, a tornarse poco saludable, dando poder a la persona dominante hasta tal punto que la persona dependiente se encuentre anulada y/o maltratada. Llegados a esta situación, y en línea con lo descrito, estas últimas, ante maltratos psicológico y físicos, pueden llegar a soportar desprecios, humillaciones y estar dispuestas a obedecer a pies puntillas mientras no les abandonen.

Parece increíble que algo así pueda pasar y tal vez nos surjan preguntas como: ¿no se darán cuenta de lo que pasa? ¿de que esa pareja no les está haciendo ningún bien? ¿por qué no la dejan? ¡valen mucho más! Es normal que ante situaciones tan injustas como estas, pensamientos así nos vengan a la cabeza, pero la verdad es que en muchas ocasiones las personas afectadas son capaces de reconocer el maltrato, pero no creen tener la capacidad de poner fin a la relación, ya que se encuentran “enganchadas” emocionalmente. Tanto es así que si la pareja se llega a romper, la persona dependiente intentará recuperar a la que ha pasado a ser su expareja, cueste lo que cueste, y si lo consigue reseteara la relación como si nada de esto hubiera pasado, sumergiéndose así en un círculo vicioso y peligroso para su salud mental. ¿Hasta dónde llega el “amor”? ¿cómo se puede recuperar el timón del barco cuando no te crees el capitán de este?

El primer paso para salir de este círculo vicioso es darse cuenta del rasgo de personalidad, hasta qué punto domina nuestra vida y lo perjudicial que puede ser a largo plazo. Si te has visto reflejado o reflejada en estas palabras te propongo una actividad desarrollada por el psicólogo Escudero: realiza dos listas, una de aquellas cosas que haces por amor y que no crees perjudiciales, y otra lista de aquellas cosas que detectes que aguantas por una dependencia emocional excesiva y crees que influyen de forma negativa a tu salud física y mental. 

Al final se trata de que elijas pasar parte de tu tiempo al lado de otra persona porque lo prefieras así, porque esta sume a tu experiencia vital, pero no por una cuestión de necesidad. Mediante la tarea de reconocer y trabajar el elevado nivel de dependencia, la baja autoestima y la inseguridad en ti mismo, podrás retomar el control de tu vida y dirigirte a donde tú quieras, porque vales mucho más de lo que crees ahora mismo. Esta es una labor muy difícil, por lo que los profesionales de la Psicología te ayudarán y acompañarán en este proceso de introspección, guiándote hasta la meta que juntos establezcáis.

“No es dejar de amar o ser un lobo estepario, se trata de seguir gobernándose a uno mismo, ser fiel a los propios principios y no entregar la dignidad personal a cambio de nada, ni siquiera en nombre del amor. Podemos vincularnos a otros sin someternos y sin aplastar el yo y hacer que nuestra relación de pareja sea motivo de crecimiento y bienestar si logramos un punto de control interno.” Walter Riso