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Javier Hernández

En esta tierra de yermos baldíos, de locos con carnet que diría Serrat y de flautas disonantes, resulta que por magistrales artes propias del Universo se generan personajes de Inmensidad Cósmica, elementos que hacen infinitamente más agradable la vida de los demás, seres positivos con esa luz especial que dan alegría a su entorno. Ese es el caso de Jesús Puerto, para mí ejemplo preclaro y definitorio de todo este preámbulo de palabras.
Comentaba en una ocasión en redes sociales al hilo de la foto que ilustra este escrito del suburbio abismal, que sin Puerto no había festival -la historia no ofrece dudas al respecto-; en cada sarao, fiestorro, acto cultural, concierto, teatro y elemento escénico, la imagen de puerto está en el portal, primer piso, segundo o incluso en el desván de nuestros recuerdos. Es el arte en faceta laboral, y sin llevarnos a engaño conviene incidir que hay profesiones que están cimentadas en eso que llamamos creatividad o buen gusto, porque la expresividad y el oficio del micro, el documental y el sonido de músicas y voces varias requiere de un esfuerzo donde el arte es igual a todos los componentes de lo preparado, por preparar o lo improvisado, que a veces resulta ser el elemento salvador de ese festival que antes mentaba.
Si a todo eso le añades el referido oficio forjado en horas de vuelo, y una eterna sonrisa, la resultante es un éxito sin contestación. Más allá de lo genérico corresponde entrar en lo concreto, no tengo yo clara la fecha donde los caminos de Jesús Puerto y de un servidor se cruzaron, bendito día, pero constato que en cualquier fragao de pisar tablas en los que me he metido (y son unos cuantos) lo he tenido como compañero de viaje, y en todos ellos sin excepción ha quedado demostrado que he sido como el trapecista que salta con buena red. Con Jesús y luego con Jorge ha habido micrófono en galas del deporte, muestras de folclore y belenes en la plaza de San Juan, en este último caso me permitiré la licencia de recordar esas mañanas de montaje, unos con pozos, casitas de pastores y molinos, entre figurantes y curiosos y otros montando mesas de sonidos altavoces y demás cables que había que disimular para que los niños, auténticos reyes de la fiesta, ese día no tropezaran. He de decir que aquellos fueron tiempos de trabajo, alegría y buen rollo.
En especial hay un momento que recuerdo con especial afecto, y es la parte de músico e interprete de Jesús, una tarde de noviembre en la boda de mis amigos Toni y Alicia; correspondía a Puerto la parte musical imprescindible en todo casorio turolense, pero esta vez lejos de la mesa de sonido, guitarra en mano, con un repertorio en el que lo más selecto invitaba a bailar y pasarlo en grande en este acontecimiento. Cómo no, con los acordes de Jesús y sus acompañantes interpretamos uno de mis grandes éxitos en los escenarios turolenses (Vaquilla, fiestas patronales varias etc.) Perla Preciosa. Todavía de vez en cuando me ponen el vídeo en el que quedó inmortalizada aquella tarde y la verdad que es una de las imágenes de felicidad que uno guarda en su memoria. De ahí aquello con lo que empezaba estas líneas, ahora ya desde el sótano al desván, Puerto está en todos los recuerdos donde el sonido ha sido protagonista; ahora con la perspectiva del tiempo diría que es el portador de la magia en los sonidos que han acabado convirtiéndose en sueños plenos de excelencia.
Una historia a mi juicio llena de regocijo, de momentos increíbles, el tiempo pasa sí que es cierto, que nos lo digan a los que vimos ganar a Salomé Eurovisión. Nos contaba Puerto la anécdota de una actuación de mi querida amiga en Teruel y cómo, ante la avería del sonido, Salomé se puso a cantar sin micro con el acompañamiento de la orquesta, sin dificultades. A eso se le llama oficio. Hoy a muchos cantantes se les rompe el playback y la hemos jodido. Dentro de ese pasar del tiempo llegó el momento de darle las llaves a Jorge, el otro Puerto, la otra pata de este banco o mejor dicho de esta mesa de sonidos y encantamientos, aquí sí que recuerdo cuando se cruzaron nuestros caminos, y aplico lo dicho anteriormente, bendito día. Sin su trabajo y contribución ni hubiéramos hecho grandes desfiles, ni grandes centenarios, ni sostenibilidades, eso a lo que ahora se apunta todo el mundo pero que como todo lo que empieza aquí fue el empeño de cuatro locos decididos que sabíamos que podíamos contar para el proyecto con Puerto&Puerto. Para mí es un privilegio todo lo vivido junto a estas grandes personas, me duele en el alma este tiempo que nos toca vivir, que me impide darles ese abrazo de ánimo y apoyo, pero los nubarrones pasarán. Me considero afortunado por haber podido trabajar al lado de gente tan grande y que aporta tanto en lo profesional y lo personal. La vida es una mar lleno de temporales y zozobras, tenemos la fortuna y la certeza de contar con el mejor Puerto.