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Adoración o los desastres de la Batalla de Teruel (y2) Adoración o los desastres de la Batalla de Teruel (y2)
Evacuación. Camino de Valencia. Foto K.H

Adoración o los desastres de la Batalla de Teruel (y2)

Serafín Aldecoa

En la primera parte de esta entrega escribíamos sobre una joven que había sido evacuada de Teruel al finalizar la batalla cuando era una niña y cómo había regresado al hogar paterno con 22 años, esto es, había salido a principios de enero de 1938 cuando las tropas republicanas/gubernamentales habían ocupado la ciudad y regresaba en el mes de septiembre de 1956. Si hacemos las cuentas, Adoración, este era el nombre de la niña, tenía cuatro años cuando dejó Teruel sabiendo solamente su nombre y el de la ciudad de procedencia. Nada más.

De este hecho y de otros más relacionados con Adoración daba cuenta el periódico falangista “Lucha” que junto a las autoridades franquistas de Teruel pusieron todo su empeño en localizar a la familia originaria de Adoración y ponerla en contacto con su padre que se encontraba enfermo en el asilo de ancianos, pero no pudo ser con su madre pues había fallecido al poco de finalizar la guerra.

Si las circunstancias bélicas fueron duras y adversas para las personas adultas, los niños sufrieron mucho más si cabe las consecuencias del conflicto armado, de una guerra que unos cuantos militares iluminados y salvapatrias habían provocado y, como tal, ellos fueron los culpables de los desastres consecuentes. Esta fue la realidad por encima de todas polémicas. No solamente en los sufrimientos y calamidades que padecieron los niños, pensemos en la cantidad de huérfanos que se quedaron sin el apoyo afectivo y económico de los padres. Sin ir más lejos, en marzo de 1939, la Diputación  de Teruel concedía alrededor de 50 becas a otros tantos niños y niñas huérfanos de la guerra que supongo que emplearían para poder comer.

Lo de Adoración fue una odisea realmente trágica para ella y para sus cuatro hermanas que se inició con la muerte de su madre que debió de producirse en los meses de previos a la Batalla de Teruel. A partir de ese momento y como era habitual entonces, se produjo la primera separación de las hermanas ya que dos de ellas fueron a parar a la Beneficencia y las otras tres a un colegio cuyo nombre desconocemos. Cuando se produjo el ataque republicano sobre Teruel a partir el 15 de diciembre de 1937, tuvo lugar la reagrupación de las cinco hermanas  porque fueron llevadas a refugiarse al  el Seminario. Al igual que ellas, entró en el recinto gran cantidad de población civil y religiosa como el obispo Polanco. La fortaleza del inmueble garantizaba la defensa y la resistencia de las más de 2.000 personas que pudo haber dentro junto a las que ocuparon los conventos anexos de Santa Clara y Carmelitas. 

Hay que decir que el entonces coronel Vicente Rojo, justo el día del inicio de la ofensiva republicana, publicó una orden para que la población civil saliera de la ciudad y evitar así víctimas del enfrentamiento armado que se acercaba. Pocas personas debieron de hacer caso pues inmediatamente, el jefe de la plaza, el coronel franquista Rey d´Harcourt, hizo lo mismo ordenando que nadie abandonara la capital, posiblemente para evitar una desbandada y una deserción de militares que veían peligrar su integridad con el previsible asedio posterior.

Al parecer, Adoración en el fulgor de la batalla fue herida por un casco de metralla lo que junto a las privaciones que pasó allí, el frío, la falta de agua y de alimentos, motivaron que  cayera enferma y que al producirse la evacuación, junto a dos de las hermanas, fueran trasladadas a la ciudad de Valencia y depositadas en un refugio infantil de donde fueron sacadas por “personas caritativas”, según la información de la prensa.

Las dos hermanas mayores salieron antes que Adoración del refugio y también fueron a parar a “sendos hogares valencianos”, mientras que  ella permaneció más tiempo en dicho lugar hasta que “encontró” una “nueva familia”. Según la versión de la madre accidental, ella fue al refugio a adoptar a una niña y “le enseñaron a Adoración que se encontraba delgada, casi cadavérica, sucia, con un aspecto deplorable y junto a ella había una niña rubita, muy guapa que rebosaba salud” por la que se inclinaba la que iba a ser madre adoptiva, pero la encargada de la inclusa le insistió que se llevase a Adoración porque era huérfana ya que había fallecido la madre y ya no la reclamarían. Además la niña, en esos momentos, solo sabía que se llamaba Adoración y que era de Teruel.

Adoración fue a vivir a Villanueva de Castellón (municipio de Valencia) con sus padres adoptivos con unos cinco años, por lo que enseguida se dio cuenta de que aquellos no eran sus progenitores ni ella era su hija real, pero transcurrieron los años y ninguna de las partes trataron sobre el asunto de la adopción hasta que en el año 1956 decidió casarse con un novio que se había echado. 

Lógicamente el casamiento tenía que ser por la iglesia y con los papeles en regla pero, claro, Adoración no tenía ni partida de nacimiento, ni la documentación precisa para el evento, hecho este que llamó la atención del cura-párroco de la localidad que lo puso en conocimiento del alcalde de Villanueva quien a su vez entró en contacto con el de Teruel.

Se inició la búsqueda en el registro civil de Teruel de todas las niñas nacidas con el nombre de Adoración entre 1931 y 1938, pero faltaba el libro de 1934 y ahí estaba el nombre de la niña. A partir de aquí se anunció el intento de localización a través de la radio y de la prensa hasta que una de las hermanas mayores, Anita, se enteró de la existencia Adoración y viajó a Villanueva de Castellón para encontrarse con ella.

Con la venida de Adoración junto a sus padres adoptivos a Teruel y el encuentro con las hermanas y el padre enfermo, concluía la odisea de una niña a la que la maldita guerra le había truncado la vida empezando por su infancia.