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Qué hacer con las ruinas del Seminario (y II) Qué hacer con las ruinas del Seminario (y II)
Proyecto de reconstrucción de RRDD. AHPT

Qué hacer con las ruinas del Seminario (y II)

Serafín Aldecoa

Como decíamos en nuestra anterior entrega, las ruinas del Seminario se convirtieron para el régimen franquista en un nuevo Alcázar, un símbolo de la resistencia numantina frente a la “barbarie marxista” de tal manera que el concejal Julián Asensio, comerciante e industrial, henchido de ardor patriótico, hizo una propuesta a principios de febrero 1940 al pleno del Consistorio turolense para “que se solicite la declaración de Monumento Nacional toda vez que a su amparo se yergue la Cruz de los Caídos por representar un símbolo para la ciudad y su epopeya". Vamos, un hecho inaudito: una montaña de cascotes y escombros declarados conjunto histórico-artístico por las autoridades franquistas. Parece ser que la propuesta no prosperó y la declaración no tuvo lugar..  

Finalmente, el Consistorio nombró a Santiago Soriano como guarda de las ruinas del Seminario "encomendando a la Comisión de Fomento la regulación de esta guardería para hacerla eficaz y además amena con relación a los turistas que visiten las sacrosantas (ojo con el adjetivo) ruinas de cuya vigilancia se encargará". Lo de "turistear" y "poner en valor" las ruinas ya estaba en marcha en aquella época y en este sentido creemos que en algún momento se colocaron carteles informativos y orientadores para que un grupo de alemanes, cuyo viaje estaba previsto para finales de 1939 no se llegó a realizar, pudieran orientarse por todos los puntos interesantes del lugar. El Inicio de la II Guerra Mundial en septiembre debió dar al traste con aquella excursión "turística" a Teruel.

No construir, ni retirar los escombros, conservarlos, esta fue la máxima de algunas  jerarquías franquistas y falangistas que pretendían dejar las ruinas tal como estaban sin actuar sobre ellas, imitando lo sucedido en el pueblo viejo de Belchite, pero el citado concejal Julián ya vislumbraba un posible aprovechamiento inmobiliario al comentar que "la demolición de las mismas [ruinas] dejaría libre un magnífico solar susceptible de aprovechamiento para un fin cualquiera". No aclaraba ese "fin" el edil pero si se trataba de la concejalía de urbanismo,  podemos vislumbrar la idea que se perseguía para dar "utilidad" al solar.

Por otra parte se destacaba que los arquitectos de RR.DD. desecharon desde el principio la posibilidad de reconstruir el edificio anterior del Seminario porque su destrucción era considerable pues andaba en torno al 75% del inmueble. Pero no solo eso, Alejandro Allanegui, el arquitecto principal de todos los que trabajaron en RRDD por ser el autor del PPRIT (Proyecto Parcial de Reforma de Interior de Teruel), consideraba que el Seminario futuro presentaba una ubicación inadecuada para las necesidades del nuevo centro docente, que no olvidemos que tenía una función primordial educativa, porque no poseía suficiente espacio de recreo para los jóvenes seminaristas que serían los futuros residentes en unos momentos en los que abundaban los turolenses que pasaban por sus aulas, no como ahora. 

Aquí entraron en colisión los intereses políticos y religiosos ya que en el solar se pensaba construir la Casa de la Falange, propuesta muy acorde con el poder que había alcanzado esta organización fascista a lo largo de la guerra. Ante tal posibilidad ideada por el arquitecto jefe, intervino el obispo de Torrijo del Campo, fray León Villuendas que plantó cara y manifestó su deseo inequívoco e inamovible de que se volviera a levantar un nuevo centro para seminaristas. Villuendas, sucesor del obispo Polanco, se salió con la suya y finalmente los técnicos de RRDD tuvieron que ceder. 

No obstante, la acción de la piqueta tardaría en llegar pues aún tendrían que pasar alrededor de cinco años (1945) para que se iniciase el desescombro y derribo de lo que quedaba en pie del Seminario de cuyo proyecto se encargó al arquitecto José María Faquineto. Las dificultades económicas de la posguerra como pudo ser la escasez de gasolina o la falta de medios para el transporte (un camión en funcionamiento era un tesoro) hicieron que el desescombro del Seminario se prolongara en el tiempo y pareciera interminable. 

Hasta esta fecha, incluso se planteó la posibilidad de dejar en pie algunos de los muros de muestra para la posteridad pero al final no fue así. Lo que sí se hizo fue la consolidación de las ruinas para que pudieran ser visitadas por el público, para que aguantasen el deterioro del paso del tiempo al encontrase en la intemperie y por seguridad ante la posible caída de alguna pared o de elementos constructivos.

En enero 1947, habían pasado ya nueve años desde el final de la Batalla de Teruel, el Consejo de Ministros se inició la primera fase de construcción del futuro Seminario con obras de cimentación, estructura y albañilería del nuevo inmueble que continuaron durante  más de seis años hasta el 15 de junio de 1953, fecha en que Franco inauguró oficialmente una parte del nuevo inmueble y otras de las obras que habían reconstruido los arquitectos de RRDD.

Ya era hora de que el dictador visitase la ciudad "abnegada", "mártir" y "adoptada" por el Caudillo, pero lo que no sabía el general en ese momento es que las obras no habían concluido y que perdurarían hasta el 20 de enero de 1955. Las malas lenguas apuntaban que parte de las zonas no reconstruidas todavía se taparon con grandes lonas y telas oscuras para que no fueran contempladas por el ilustre visitante.

Ya se ha apuntado: las carencias de la posguerra, provocadas en gran parte por la autarquía económica practicada por el franquismo, fueron las causas principales de que el Seminario y la ciudad entera tardase años en reconstruirse y en recuperarse de los embates de la guerra.