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Raquel Fuertes

Me pilló la hora de comer con La ruleta, esperando las noticias. Creía estar al cabo de la calle de las definiciones de afinidades y orientaciones sexuales cuando entró en juego la definición de heteroflexible. Resultó ser “que admira la belleza de hombres y mujeres”. Como nunca me han dolido prendas en reconocer la belleza femenina, solté como guarnición del primer plato: “¡Vaya, pues resulta que soy heteroflexible!”. Mis hijos, ya más jóvenes que adolescentes, me miraron horrorizados y su “¿Pero qué dices, mamá?” me hizo acudir al diccionario una vez trasegado el postre. Así descubrí que había confesado una forma de bisexualidad (totalmente respetable, faltaría más) bastante alejada de la ortodoxa heterosexualidad que, al menos hasta la fecha, profeso.

He aquí un pequeño (pero ilustrativo, ¿eh?) ejemplo de cómo la necesidad o la intención de simplificar un mensaje puede llevarnos a cometer errores más o menos importantes o intencionados. Lo mío se saldó con el estupor y posterior rectificación familiar, pero a veces no es tan fácil.

En el caso de las manifestaciones (y encuentros de la derecha más radicalizada, además de otras muchas concentraciones humanas) del 8M y las posibles responsabilidades por las consecuencias en la propagación de la pandemia, según de qué lado del espectro ideológico estemos, simplificaremos para hacer más suave o más dañina la lectura del análisis de daños. Por no hablar de las residencias de ancianos. Señalaremos culpables entre el enemigo y, por supuesto, no llamaremos a las cosas por su nombre ni buscaremos una respuesta científica que se parezca a la realidad. Igual con las manifestaciones extemporáneas de los cayetanos. 

Es muy jocoso pensar que cuatro pijos pirados salen a la calle con palos de golf, o sea, a liarla en fase 0 o inferior, en vez de denunciar que hay una parte de la sociedad que, con poco atino y ningún respeto al prójimo, eso sí, está harta de la gestión gubernamental. Pero justificamos o señalamos las concentraciones (por una razón noble y justa, pero igualmente desautorizadas) por la muerte de Floyd. No simplifiquemos el discurso para que se acomode nuestra necesidad ideológica. Atengámonos a los hechos, a su definición y a su contexto, con todas sus facetas. Si no, cualquier día nos confesaremos heteroflexibles antes del café.