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La primera...y sucesivas

Raquel Fuertes

Uno de los descubrimientos de este casi siempre aciago 2020 han sido las páginas de compraventa de ropa usada. Vendes lo que ya no llevas y compras algo que alguien ya no quiere llevar. Sin caer en ese sinsentido, por ahora, me limito a intentar vender.
Sin embargo, un día vi un traje de novia con todos sus brillos y tules y no pude evitar entrar para leer la descripción: “Usado una sola vez”. Ya saben cómo es esto de internet: ahora abro la aplicación y casi todo son largos vestidos blancos de un solo uso (aún más siniestro es “Sin estrenar, con las etiquetas puestas”). Desde un punto de vista práctico, es cierto que es un vestido que solo vas a usar una vez porque, incluso en el caso de deshacer la operación e iniciar una nueva, no vas a ser tan cafre de volver a usar el vestido de esa primera vez.
Esa primera (incluso única) vez llena de ilusión, incertidumbre, ganas y no exenta de temor al viajar hacia lo desconocido te coge con inocencia y, a veces, imprudentemente dentro de la ingenuidad, escuchas consejos o te dejas llevar.
Si la primera vez es para algo ilusionante, como una boda o un viaje, los inconvenientes quedan rezagados detrás de esa ilusión. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a algo malo por vez primera, nuestra obediencia viene dirigida por el miedo. Temor a lo desconocido o a lo que fehaciente o intuitivamente sabemos que es malo. Aunque no sepamos cuánto. 
En esa primera vez hay poco espacio para revolverse, negarse o dudar. Atenazados por el miedo, solo reaccionamos en contra cuando ha pasado suficiente tiempo como para darnos cuenta de que no funciona y que mueren personas. Sí, estoy hablando de la primera ola.
Excepto los negacionistas y luego las rebeliones tipo “cayetanos”, la cosa no fue mal socialmente. Alguna concentración imprudente, innecesaria o en coche. Poco más.
Sin embargo, en esta segunda ya empiezan a sumarse los estragos de la pandemia y de la incipiente crisis. Y lo que vemos y veremos en las sucesivas, aparte de los muertos (si nos los enseñan), no serán aplausos serán (son ya) barricadas, antidisturbios y algaradas. Hemos perdido la inocencia y al miedo se le suman hambre y desconcierto frente a un traje que parece que tendremos que llevar más de una vez.