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Raquel Fuertes

Madrugo siempre. Hoy esperaba un día complicado y a las 7,30 ya tenían mi columna en el periódico. A las 14,00 solo servía el titular. Cuando se publique, veremos. Así que he caído en la situación que quería evitar: escribiendo por la tarde y haciendo esperar. Y con una columna en la basura. Gajes del oficio. Lo peor es que no entiendo nada. ¿Alguien puede explicarme qué está pasando en este país? Los marinos dirían que “hoy no es día de mojar la pólvora”, o sea, que no es hora de meterse en batallas cuando todo indica que llevamos las de perder. Todos.

Así que sí, he salvado de la quema el titular, pero con el desánimo de saber que entramos en batalla perdida. Gane quien gane en todo este proceso de demolición hay algo que pierde desde ya: la estabilidad en un momento de emergencia y equilibrios precarios.

No es que me parezcan fantásticos los pactos PP-Cs y sufra por su posible disolución. Ni lo contrario. Simplemente creo que no es hora de invertir recursos y esfuerzos en luchas de poder. A veces creo que se olvidan de que la gente se muere y de que el paisaje que nos va a quedar cuando esto, de verdad, pase va a ser desolador. Voy en tren. Ahogándome con la FFP2 y temblando porque el pasajero de detrás no deja de toser. Sí, viajo por primera vez en un año y tengo miedo. Y, como yo, todos los que compartimos vagón con mirada desconfiada. Así es nuestra vida ahora.

¿En qué mundo paralelo viven los políticos que se ponen ahora a dirimir sus problemas de convivencia en lugar de ponerse al servicio del ciudadano en el peor momento de varias generaciones?

Regreso de Madrid después de ver una ciudad con tanta actividad que casi asusta a los que hemos vivido restricciones severas y no puedo dejar de pensar si de verdad es este el mejor momento para malgastar energía en disoluciones de matrimonios de conveniencia en los que supimos que nunca iba a surgir el amor. Como en cualquier ruptura, todas las partes tienen algo de culpa. Ahora solo hay que esperar a ver si los terremotos de Madrid y Murcia tienen réplicas en otras autonomías. Vayan por delante la falta de empatía y del don de la oportunidad. Se nota que disparan con pólvora del rey.