Síguenos
Francisco Herrero

La lluvia de escaños y concejales de mañana por la noche servirá, una vez más, para emitir discursos triunfalistas sobre el magnífico resultado obtenido por la formación que sea. Sin embargo, creo que es obvio que no todo el mundo va a ganar. Habrá recuentos positivos y fracasos sin paliativos. Aunque no lo asuma nadie.

Habrá representantes con la vara de mando que tendrán que irse al banquillo. Así que habrá quienes decidan abandonar la vida política por despecho y habrá quienes sigan en el candelero dinamitando la acción del nuevo equipo de gobierno. La actitud de cada cual es lo que determinará el futuro, pero me temo que poca gente va a saber perder con dignidad.

También hay candidaturas que no es que no sepan perder, es que desean perder. Son paracaidistas. Cuneros. Y cuneras, si queremos usar lenguaje inclusivo. Los partidos con listas fantasma tanto en micromunicipios como en los más poblados solo ganan. Montar una papeleta es gratis y cualquier voto que cae de rebote tiene repercusiones positivas para la formación. Aun así, en este caso tampoco se sabe perder. Nadie reconoce el hecho de no haber conseguido establecer una candidatura viable para un territorio.

Luego existe el caso de quien obtiene el mayor número de votos pero no consigue formar gobierno. Hasta hace no mucho era impensable esa posibilidad en las altas esferas, aunque no así en el poder municipal, donde se producían pactos casi contra natura con total normalidad. En estos casos es muy difícil saber perder. Quien logra acariciar la gloria y se da contra la pared a cien por hora pocas veces remonta.

Saber perder. La vanidad humana no lo permite. El ser humano está siempre más pendiente de la imagen que transmite que de los actos que comete o las circunstancias que lo rodean. El ser humano necesita trofeos. Reivindico el saber perder como la manera de pasar página y avanzar, como un análisis de los errores cometidos, como un modo de vivir en armonía. No obstante, sé que mi defensa tiene pocas opciones de calar.