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Grupo Psicara

Por Noelia Ferrer Ber

Bienvenidos y bienvenidas al Rincón de la Psicología, un espacio donde las psicólogas y psicólogos de PSICARA abordamos temas y curiosidades relacionadas con la Psicología. Hoy quiero que traslades tu imaginación a ese momento en el que los niños y las niñas juegan en el patio, y uno/a de ellos/as pide “tiempo”, entonces la partida se pausa. ¿Puedes permitirte “pausar” la partida de tu vida? Solo necesitas cinco minutos para leer y reflexionar sobre las cuestiones que te voy a plantear a continuación.
¡Empecemos! Si te pido que describas un día “normal”, ¿qué me dirías? Una respuesta común puede ser: “no paro en todo el día” o “no tengo tiempo para nada, siempre voy corriendo”. Entonces, me surge la duda, entre tanto ajetreo, ¿disfrutas o solo corres? ¿cuánto tiempo libre de calidad tienes? ¿sientes que te estás cuidando? ¿eres una prioridad en tu vida o cuando ves “que no llegas” recortas tiempo en ti? ¿te has parado hoy tres segundos en pensar cómo estás?
A veces, la palabra rutina puede tener una connotación negativa. Que nuestros días sean previsibles parece “malo”, pero, en el fondo, las rutinas son necesarias para mantener nuestro bienestar físico y psicológico. Además, a las personas generalmente nos gusta que nuestro día a día sea predecible, ya que nos permite anticipar y controlar qué es lo que va a pasar y eso reduce emociones desagradables como la incertidumbre.
Aunque está claro que no todo son obligaciones, en nuestra vida hay pequeños detalles que marcan la diferencia y que si aprendemos a identificarlos nos será mucho más fácil disfrutarlos. ¿Te has parado a pensar cuáles son tus pequeños placeres?
Oler un libro nuevo, leer el periódico por la mañana, meter los pies fríos debajo de alguien, ponerte el calcetín que ha estado en el radiador, abrazar a alguien y sentir su calor, quitarte el sujetador, andar descalzo, cortar el pan con la mano, que un olor te despierte un recuerdo, comer hasta “reventar”, beber vino blanco fresquito en una copa, que pase el bus nada más llegar a la parada, encontrar aparcamiento a la primera, que alguien te deje pasar en la cola del super, tomarte un café después de comer, poder estar de sobremesa, estar en el sol, no tener que salir de casa un día de lluvia, que te den las gracias, etc. 
¿Son cosas triviales o cosas que nos hacen sentir bien? Los momentos en los que estamos satisfechos pueden pasar desapercibidos o los podemos etiquetar como “cosas del día a día”. Esto hace que los disfrutemos mucho menos, porque no los concebimos como un privilegio. Por ello, te propongo que en lugar de verbalizar un “esto es algo cotidiano”, en el caso de que lo hagas, digamos que son pequeños caprichos que hacen que mis días sean mejores. Es la hora de identificarlos y sentirlos. 
Para cuidarte, saber qué aspectos de tu vida te sientan bien y poner el foco de atención en ellos es una buena forma de empezar. Si siempre vamos corriendo podemos no darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Puedes estar muy ocupado/a y tener mil cosas que hacer, o sentir que no estás haciendo nada impresionante, pero estos detalles siguen estando. “Vivir la vida” es más que tirarse en paracaídas o viajar a otro país, es aprender a disfrutar de lo que nos hace sentir bien. 
En ocasiones, “saborear” los pequeños placeres es un arte. Y más aún cuando la vida no nos lo pone fácil. Y para terminar, me gustaría darte las gracias por este “tiempo”, ahora sabes que puedes permitirte pausar la partida de tu vida de vez en cuando.

POEMA
No seré la primera en decir
que el mundo es un lugar extraño,
o quizá la vida
es extraña en sí.
Sólo dejar de pensarla
hace que nuestros huesos cedan
y dejen espacio al vuelo.
Cuesta encontrar la medida exacta
del deseo, de la felicidad, de la ambición.
La ambición puede tener
el tamaño de la boca que queremos besar,
de ver a tu gato dormir en tu regazo,
de estar al sol con tu mejor amiga
riéndote del mundo y de la vida.
Puede tener el tamaño del perfume
que nos regala la tierra mojada mientras
paseas bajo tu paraguas,
o el abrazo imprevisto de tu pareja
en la cocina
mientras preparas la cena.
La ambición puede medir
lo que sientes cuando después
de salir de la ducha
te quedas un rato tumbada en la cama.
El tamaño de una cerveza al sol,
de recibir un libro por Sant Jordi,
del atardecer, diferente cada día,
al volver en bici del trabajo.
Los sueños, las ganas,
tienen la medida exacta del sonido
de la risa de tu madre, de tu hijo,
de todas las personas a las que amas.
Ambición mide lo que mide la ilusión 
de que el verano vuelva a traer el olor 
a dama de noche,
lo que mide volver a escuchar tu canción favorita,
o que tu artista favorito saque dos temas el mismo día.
Lo que mide mirar el mar de la mano de tu abuelo,
mirar tu estantería de libros antes de ir a dormir,
el beso de buenos días, el de buenas noches,
el pájaro que te visita cada mañana
mientras te tomas el primer café.
Las sábanas puestas recién lavadas,
rayos de sol posados en las hojas de los árboles,
la lluvia de verano,
el carmín en los labios,
abrazar a tu perro.
Respirar el olor a pan recién hecho,
las caricias en el pelo,
un mensaje inesperado,
el sabor del queso y el vino.
La ambición tiene el tamaño de un:
¿qué tal tu día?
de unas velas encendidas,
de las hojas caídas en otoño
y las florecidas en primavera.
Mide lo que mide la música en directo,
o las nuevas hojas de tu maceta.

La ambición,
la vida,
el mundo,
tienen la medida de nuestro corazón.”

Sara Bueno (@SaraBúho)