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Alicia Banderas, psicóloga y escritora: “Con adolescentes imponer puede ser un fiasco, hay que negociar en muchos aspectos” Alicia Banderas, psicóloga y escritora: “Con adolescentes imponer puede ser un fiasco, hay que negociar en muchos aspectos”
Alicia Banderas, psicóloga y escritora

Alicia Banderas, psicóloga y escritora: “Con adolescentes imponer puede ser un fiasco, hay que negociar en muchos aspectos”

Lunwerg Editores edita el manual para adultos ‘Habla con ellos de pantallas y redes sociales’

Alicia Banderas es psicóloga, escritora y divulgadora de profesión y una persona vitalista, entusiasta y reflexiva de corazón. “Disfruto trabajando en mis tres grandes pasiones: mi trabajo en la consulta de psicoterapia, la divulgación de la psicología y la formación. Mi lema es no solo centrarme en las dificultades y en las patologías, sino en los aspectos más positivos del ser humano, en potenciar las cualidades positivas, sus fortalezas y virtudes, para construir así una vida llena de satisfacciones”. Ahora Banderas presenta un estupendo y más que útil y claro volumen, Habla con ellos de pantallas y redes sociales (Lunwerg Editores), publicado junto a unas preciosas ilustraciones de Claudia Ranucci.

-¿Cómo es la infancia y la adolescencia de 2021? ¿Cómo las adjetivaría?

-Una infancia y adolescencia que se ve presionada a madurar a marchas forzadas, sin estar psicológica ni emocionalmente preparada para ello. El ímpetu de muchos padres y madres para que sus hijos sean los más inteligentes, adquieran las mejores habilidades, desarrollen todas sus capacidades como si se tratase de una carrera hacia ninguna parte no respeta el ritmo de la infancia. Los niños y adolescentes actuales son tremendamente expresivos con una gran necesidad de comunicarse, exageradamente sociales, curiosos y creativos. Son emprendedores, innovan, aceptan la diversidad, colaboran en equipo, son leales, muestran menos temor a equivocarse, Valoran el derecho a expresarse y la libertad, y desde muy pequeños te la exigen, y que les des tú palabra, también. Tienen conciencia social, son solidarios y son empáticos pese a que en muchas ocasiones les cueste también conectar con el dolor ajeno. La red o redes sociales, su hábitat, es tan inmediata, que requiere de ellos más entrenamiento aún en empatía y contención para no herir o dañar a otros. También viven en un entorno menos estable, y con una potente ventana abierta al mundo (las pantallas) donde cualquier contenido o persona puede colarse. Esto les dificulta gestionar esta sobreexposición, y aún les pedimos que lo hagan con responsabilidad sin haberles educado para ello. Para los apocalípticos, no considero que nos lleven a una involución. Las sociedades avanzamos gracias a los adolescentes y jóvenes, por eso los padres a veces vamos un paso por detrás en muchas cosas. Los adjetivaría como niños y adolescentes sobreestimulados.

-Cierto. Sin duda, estamos ante generaciones sobreestimuladas frente a un déficit de concentración incluso de creatividad.

-En cuanto a las dos primeras afirmaciones, si es posible, ante la merma de la creatividad ya no lo creo tanto. Ellos/as desarrollan la capacidad cognitiva más importante del siglo XXI, la multitarea. Pueden estar estudiando con el libro de mates, a la vez que mantener el ordenador abierto publicando algo en su muro, enviando un mensaje por WhatsApp para expresar cómo se sienten, escuchar música y con la tele puesta mientras se hacen un selfi. Entrenan una visión superficial en vez de una compresión de la información con mayor profundidad. Les cuesta extraer la idea principal de un texto, entenderlo en su conjunto y se cansan al leer largos párrafos. Observo que les cuesta secuenciar y planificar por la inmediatez a la hora de obtener recompensas y por desarrollar tanto la capacidad de la multitarea. Les puede ser difícil focalizar la atención, desarrollar cierto pensamiento abstracto ya que se necesita profundización y fijación en la memoria y, la lectura en diagonal a través de internet no lo facilita. Parece no disponer de tiempo para la observación, exploración e introspección. Pero, nunca debemos generalizar.

-¿Qué ha aprendido usted de sus padres?

-A amar incondicionalmente y a saber cuidar, al menos eso creo que lo hago bien. Me he sentido tan querida que me ha permitido construir una seguridad en mí misma y ser valiente. Recojo de ellos ver la vida del lado del entusiasmo, a pensar que todo es posible, a alegrarme por lo bueno que les ocurre a los demás pensando que las personas son buenas. Lo que me permite caminar por la vida con mucha tranquilidad. Ha primado en mi familia el dicho “manos que no dais, ¿qué esperáis?”. También a asumir responsabilidades desde pequeña y a ser exigente, pero esto último con un doble filo y algún que otro coste personal.

-¿Y de sus hijas?

-He aprendido a apasionarme más aún por la vida, si cabe. Ver la vida a través de sus ojos es más fascinante, enfocando las cosas desde otros prismas distintos y mundos paralelos. En definitiva…con las gafas del “todo es posible” y la sorpresa. A abrir bien los ojos para aprender de ellas, desarrollar una buena dosis de paciencia, a priorizar y a decidir no ser una madre estresada por su bien y, claro, no siempre lo consigo (risas).

-Desmitifique algunas cuestiones de redes sociales, móviles y menores.

-“Las redes sociales son terribles y muy peligrosas, tan temibles como la adolescencia”. Y no siempre es así, aunque sí que esté presente el riesgo. Pero, el riesgo forma parte de la vida, por lo que prohibirles las pantallas para sobreprotegerles o despreocuparnos mientras nuestros hijos/as las utilizan no son opciones muy adecuadas, pero sí puede ser apropiado transformar el riesgo (que no el peligro) en una nueva herramienta pedagógica, que les ayude a identificar las situaciones críticas, aprender a manejarlas y a medir dónde están sus propios límites. De esta manera, desarrollan su pensamiento crítico, su audacia y autoeficacia. Por tanto, estarán llamados a buscar soluciones a sus problemas o a saber pedir ayuda. Si saben evaluar sus propios límites y percibir una potencial amenaza serán más resilientes. Si no se exponen nunca o se les abandona en el camino, no sabrán cómo enfrentarse a ellas. ¡Qué mejor manera de hacerlo que en la compañía de sus padres! Mi invitación a los padres es la siguiente: “Atrévete a ver la adolescencia desde tu perspectiva personal” ¡Que no te lo cuenten otros! Si la entiendes como algo terrorífico e incontrolable, todo será más peligroso y patológico de lo que es. Pero puedes decidir cambiar tu enfoque y mirar lo que te gusta de tu hijo/a, o lo que le hace único/a.

-Como youtubers, influencers o tiktokeros, nuestros centennials se reinventan y construyen un mundo alternativo al permitido por los mayores.

-Se presentan con una fuerza rompedora, con una mayor capacidad de aprendizaje autónomo, se reinventan, innovan y van más allá, aceleran tendencias en el consumo de gran impacto enfrentándose a un mercado laboral distinto y al cual quebrantan. Los adolescentes no sienten los medios de comunicación y la publicidad tradicional como suya, dicen no tener espacio donde expresarse. Creen que no les representan y no se habla de lo que les interesa o encuentran afinidad. La imagen que se divulga de ellos en los informativos o programas de TV, por ejemplo “todos se saltan las medidas de seguridad en la pandemia estando todo el día en fiestas ilegales” es demonizarles. Lo bueno que poseen y que transforman nunca es noticia, sino la ultima locura o tontería que han hecho en redes sociales. Pocas o casi ninguna vez difunden la cantidad de mensajes solidarios, y creativos con los que también contribuyen a la sociedad.

-Los de ahora juegan mucho, pero con las nuevas tecnologías se sumergen demasiado sin mirar la hora. De la afición al abuso, apunta usted.

-Si tu hijo tiene una necesidad constante de jugar, hasta el punto de sentirse mal si no puede hacerlo, si observas que tiene escaso control a la hora de dejarlo, le cuesta un mundo interrumpirlo por sí solo y casi siempre lo antepone a cualquier otra actividad con la que antes disfrutaba, posiblemente os encontréis ante un uso abusivo de los videojuegos. A nivel emocional, puedes observar irascibilidad, agresividad, ansiedad, depresión. Si se pone agresivo si eres tú quien le avisa para que detenga o reduzca el tiempo de juego, además su tema de conversación habitual suele ser un videojuego, o si se pone irascible si lleva un rato sin jugar, puede estar suponiendo un problema. Cuando deja de ser diversión y entretenimiento para convertirse en tensión, estrés y deterioro en el rendimiento académico y familiar ha podido ya cruzar la línea.

-¿Cómo gestionar la felicidad en su relación con las nuevas tecnologías?

-Aprendiendo que la felicidad no está solo en la conectividad sino en los abrazos de carne y hueso, distinguiendo entre quién es un amigo y un contacto. Que tu valía no depende de un dato o un puñado de ‘likes’. Si valoras a tu hijo, tu hijo se valorará. Tiene que saber que su autoestima no es tan frágil para que decaiga a golpe de ‘clic’ por una crítica o no tener demasiados seguidores. Tiene que ser él mismo y no adaptar su identidad bajo el paraguas del anonimato para ser otro y tener múltiples personalidades a ver cuál gusta más. Entrenemos la paciencia frente a la inmediatez para encajar la demora en las recompensas y evitar el ¡lo quiero y ya! 

-Pregunta clásica: ¿Cuándo debe comenzar el smartphone en la vida de un menor? ¿Cómo gestionar acompañamiento y autonomía?

-Con frecuencia coincide con el paso de la educación primaria a la secundaria, del cole al instituto. Pero, recomiendo en un principio regalarle un móvil tuyo antiguo y ya usado hasta que aprendan a desarrollar su autonomía. Se les puede enseñar a hacer un primer chat con la familia para que se sepan manejarse de verdad, no técnicamente, sino a aprender a esperar un mensaje sin impacientarse, conocer que cuando tú escribes no exige al otro que te conteste inmediatamente. A expresarse con respeto. No tiene que tener datos todavía. No pongas un Ferrari en sus manos, no está emocionalmente preparado para manejarlo. A los doce años o antes no necesita redes sociales todavía. No te presiones como padre, aunque tu hijo te diga que “todos sus amigos tienen un móvil, no es cierto” no todo el mundo lo tiene, y si en algunos casos es así, no te dejes llevar para que no eduquen otros padres ni muchos menos otros niños. Tú decides según su madurez, responsabilidad y cómo sea tu hijo.

-Usted habla de pacto, de un acuerdo familiar para un buen uso.

-Con los adolescentes imponer puede ser un fiasco, hay que negociar en muchos aspectos. En el libro propongo un acuerdo sobre el número de horas que pueden pasar frente a las pantallas sin dañarse, los contenidos que pueden ver, las redes sociales que puedan ser afines y adecuadas a ellos y sobre todo, enseñarles y acompañarles en este mundo. De la misma forma que te interesa con quién va es igual de importante saber qué hace en la red y con qué videojuegos disfruta, es decir, si promueven los valores que tú quieres transmitir alejados de la violencia.

-¿Principales diferencias entre chicos y chicas como usuarios?

-No me suele gustar hacer diferenciación de género, pero se puede observar lo siguiente: Las chicas utilizan las redes sociales para expresarse y reciben más críticas sexistas a su imagen, cebándose más con ellas que con los varones, lo que afecta a su autoestima. Existe una tendencia a exhibir su imagen más sexualizada de lo que les corresponde por edad. Los chicos también las utilizan pero pasan mucho tiempo frente a los videojuegos. También consumen porno lo cual aprenden una imagen distorsionada de la sexualidad que cosifica a la mujer y suele desligarse del afecto. Ni tienen los mismos cuerpos, ni el sexo es en manada. Ha aumentado la violencia de género en los adolescentes y la red favorece el control y los celos. Normalizan en la pareja que tu novio tenga tu contraseña. Que te controle el móvil. Que lo coja sin tu permiso y lo inspeccione. Que te reproche que no le hayas escrito y que estabas en línea con otro/a. Que te exija que le enseñes mensajes de WhatsApp que has intercambiado con otras personas. Que te pregunte con frecuencia y desconfianza: “¿Con quién estás hablando?” y te exija que cortes la conversación. Que te prohíba hablar por WhatsApp o a través de una red social con determinada persona. Que te escriba queriéndote impedir ver a tus amigos/as, salir sin él o ella, hablar con chicos/as y tener contactos con chicos/as. Que quiera conocer tu localización. Todo ello son forma de violencia, control y dominio.

-¿Cómo adelantarse y prevenir el consumo de contenidos inadecuados?

-Como padres, desde pequeños podemos enseñarles a que discriminen qué contenidos pueden ser interesantes y fiables, que consideremos que respetan los valores que les queremos inculcar. Es importante que les ayudemos a que desarrollen un pensamiento crítico. Qué no les valga cualquier cosa que se puedan tragar cuando se sientan delante de la pantalla. 

-Más allá de influencers, ¿qué es lo que más socializa a nuestros menores? ¿Qué es lo que más les atrae? 

-Les atrae exhibirse. Disfrutan con cierta dosis de narcisismo. La red favorece su hiperpresencia. Les permite ser visibles para el mundo y tener el don de la ubicuidad, estar en todas partes a la vez. Los jóvenes exhiben sus imágenes sin cautela, para obtener reconocimiento -cuanto más, mejor- y para sentirse admirados y aprobados por el grupo. ¿Para qué van a desaprovechar esta oportunidad? “Si no estás, ¡no existes!”. Así consiguen la tan ansiada popularidad. De lo que no son muy conscientes es de que dependen emocionalmente de ello, lo cual hace que si su presencia disminuye, aumente su vulnerabilidad. Estar conectados a internet les permite conectarse con el mundo, tener un sinfín de amigos y contactos, comunicarse continuamente con ellos, así intentan combatir su soledad y el aburrimiento. Conocida es la importancia que para los adolescentes tiene el grupo como ‘tribu’: sus amistades cobran gran relevancia en esta etapa, fundamental para su desarrollo emocional y social. Entonces, ¿verdad que podríamos entender su afán por conectarse a las redes sociales? Facilita que se puedan expresar como quieran.

-Qué duro, no obstante, estar en una sociedad donde el escenario virtual acentúa el postureo, la apariencia, el “narcisismo y popularidad” que escribe usted. 

-Para ello, es importante destacar el término “intimidad”. La intimidad de tu hijo es lo que no comparte con nadie o solo con personas de muchísima confianza. ¿Sabías que existe el concepto opuesto, llamado “extimidad”? Se trata del deseo de compartir aspectos íntimos tuyos que siempre habías mantenido en secreto, pero que ahora quieres compartir para saber lo que piensan los demás. Un deseo de compartir parte de su intimidad, que hasta ahora había permanecido en secreto. Al ver cómo lo hacen otros, quieren hacer lo mismo para saber lo que piensan los demás sobre ellos y el impacto que producen cuando cuentan sus cosas más íntimas. “A ver qué pasa”, se dicen. Por valorar su popularidad, buscar la aprobación, reafirmarse, etc. Préstales ayuda para que valoren por sí mismos el impacto de esta necesidad, que no está exenta de riesgos.

-¿Y cómo recomendar buena práctica en materia de ciberconvivencia? 

-Los adolescentes están acostumbrados a que cuando alguien no les gusta o les desagrada pueden desconectarle a golpe de ‘clic’, pero con tu compañero de clase no puedes hacerlo, tienes que convivir y manejar las relaciones sociales con cierta habilidad, así como saber manejar conflictos, lo que a estas edades les supone un reto. El mensaje que les podemos decir para expresarse a través de la red es el siguiente: “Tienes derecho a opinar y expresarte, pero acostúmbrate a hacerlo sin insultar, burlarte, humillar ni crear rumores falsos sobre otros, ya que podrías promover un linchamiento virtual. Recoloca tu mente, para, respira profundamente y no te dejes llevar por el acaloramiento”. Diles que ¡la duda es buena! Si dudas antes de enviar una foto de alguien o escribir un comentario, hazte dos preguntas: ¿Cómo te sentirías tú si te lo hicieran a ti? ¿Cómo crees que se sentirá esa persona? Recuérdales que ser testigo o espectador, mirar para otro lado o dar un ‘Me gusta’ a los mensajes, alimenta el ciberacoso, que se mantenga al margen. Transmíteles que no participen en foros o blogs que les impacten o les resulten desagradables ni aportes comentarios. Por ejemplo, comunidades y blogs que fomentan la anorexia o la bulimia o retos peligrosos y absurdos; aunque despierten su curiosidad, solo le harán daño. 

-Proponga también tiempos de vigilia y desconexión. Son también necesarios, ¿no?

-Mientras estudien o estén en su rato de descanso, que no permanezcan conectados, e incluso que no tengan el móvil a mano. Pueden guardarlo en el armario o en un cajón para evitar tentaciones. En reuniones familiares o mientras nos sentemos a la mesa a comer, pactar no tener el móvil presente. Pero, nosotros tampoco. Somos el espejo donde se miran. Haz tú también el esfuerzo. Disfrutar de lo que estemos haciendo, del aquí y el ahora, mientras participamos en otras actividades interesantes. Cuando compartimos un juego de mesa, abstente de hacerte un selfi para publicar lo bien que lo pasáis, así le trasmitirás que es más importante vivir el momento que publicar lo que experimentas. Solo así te quedarán los recuerdos en la memoria como huella emocional. Evitar la exposición a una pantalla al menos una hora antes de acostarse, para conciliar mejor el sueño. 

-¿Y un último consejo, de cierre, para padres madres, que sugiera usted como experta psicóloga?

-Qué estén en ‘modo on’, siempre en constante aprendizaje, para que cada madre o padre elija como quiere ser como padre o madre.