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Pilar C. Ibáñez, como Reina de las Fiestas, acompañada de Andrés Sancho e Ignacio Navarrete, el domingo de Vaquilla

2020. LA VAQUILLA QUE NO FUE. Pilar C. Ibáñez: "He vivido en primera persona las cosas más bonitas de Teruel"

La que fuera última Reina de las Fiestas en 2000 también ha sido Isabel de Segura

Pilar C. Ibáñez (Pamplona, 1980) fue en el año 2000 la última Reina de las Fiestas del Ángel de Teruel, una figura que no se suprimió por decisión del Ayuntamiento, sino porque no había más jóvenes interesadas en serlo.
Pilar llegó con 12 años a Teruel procedente de Pamplona con una beca para estudiar en el Conservatorio Profesional de Música y se involucró tanto en la vida de la ciudad que, además de Reina de las fiestas, también encarnó a Isabel de Segura en Las Bodas de 2004. 
Un año después, se marchó y ahora trabaja como profesora en el IES San Isidro de Madrid, pero se dejó en la ciudad mudéjar un pedacito de su corazón y algunos de sus mejores amigos.
-¿Por qué vino a estudiar al Conservatorio de Teruel?
-Estudiaba piano y violín en el Conservatorio de Tafalla y, al acabé el grado elemental, el Gobierno de Navarra me dio una beca por mi expediente y me ofreció la posibilidad de continuar con mi formación fuera. El que era director del Conservatorio de Teruel, el padre Muneta, es como un hermano para mi madre. Yo tenía 12 años, así que mi familia pensó que era una buena opción. Estudié en La Salle y estaba interna en la residencia de las Terciarias y después, en el Sagrado Corazón. Mi primer trabajo lo tuve en la Banda de Música de Teruel.
-¿Continúa vinculada a la música?
-Dejé Teruel porque gané un concurso cuyo premio me permitió cursar los estudios superiores de piano, violín, música de cámara y lectura musical en el Conservatorio de San Sebastián. Después, perfeccioné en Rotterdam, Barcelona y acabé en Madrid. Pero la base para decidir mi futuro profesional se forjó en Teruel. No olvidó a mis primeros profesores y ahora intento inculcar lo que ellos me enseñaron a mis alumnos del IES San Isidro, donde trabajo como profesora de Música, de Historia de la Música y de Historia del Arte. Además, sigo tocando en la orquesta Filarmónica de España y participando en grabaciones de estudio. 
-¿Cómo acabó siendo la Reina de las Fiestas del Ángel?
-Porque llamaron a mi puerta. Vinieron a buscarme del Ayuntamiento para proponérmelo. Yo vivía en el Tozal, junto a la plaza del Torico, y me propusieron como representante del Centro y el resto de barrios presentaban a sus propias reinas. Acudí a una reunión y entre nosotras hicimos una votación y salí elegida y el Ayuntamiento lo aprobó. 
-El hecho de que procediera de Pamplona, ¿supuso algún problema?
-Generó opiniones encontradas porque algunos no encajaron bien que una persona de Navarra representara a la ciudad. Con el tiempo, lo veo con mucha perspectiva y calma, pero en su día y con 20 años menos estaba algo confundida. Tenía sentimientos encontrados aunque una parte de mi estaba segura de lo que estaba haciendo. Me sentía de Teruel de verdad porque es parte muy importante de mi vida y en aquel momento ya lo sentía así, aunque no lo sabía expresar. 
-¿Sufrió por eso?
-Me sentí muy orgullosa y me gustó. Aunque para colmo, en el acto de proclamación en el Teatro Marín, el alcalde, Manuel Blasco, le colocó por equivocación la insignia de Reina a una de las dos damas, la representante de San Julián. En voz baja, le avisé y le dije que no hiciera nada hasta que acabara el acto y entonces nos las intercambiamos.
-¿Qué fue de aquella insignia?
-Tanto la insignia como la banda las tiene guardadas mi madre como oro en paño. Ella lo vivió conmigo todo en primera persona porque Angelines también le dio un lugar importante.
-¿Qué recuerdos guarda de aquel reinado?
-No fue la mejor Vaquilla de mi vida, pero fue la que más viví, desde la traca de inicio hasta el final: la misa de Santa Emerenciana vestida de baturra con el traje que me hizo la madre de mi amiga Ana de Andorra, las corridas de toros, la subasta de palcos, el toque del campanico, la puesta del pañuelo... Estábamos en todo. 
-¿Y qué acto fue el que más le gustó?
-El paseo desde el Ayuntamiento hasta la plaza de toros para la merienda del domingo. El ambiente era relajado, íbamos vestidas de vaquilleras y estaba acompañada por mis compañeros de la banda, que eran como mi familia. Lo viví muy intensamente todo y fue muy emocionante. 
-¿Ha seguido disfrutando de la Vaquilla después?
-Sigo yendo a Teruel muchas veces al año, también a la Vaquilla y a Las Bodas. No he perdido el contacto ni lo perderé nunca en la vida porque mis mejores amigos están allí, como Esther de Villarquemado. La puesta del pañuelo al Torico y la escena del balcón de Las Bodas siempre me ponen los pelos de punta.
-Y es que 4 años más tarde se convirtió en Isabel de Segura...
-A través de la música, me atraía todo lo que tiene que ver con el arte y me alucinaba la historia de Los Amantes. Participé varios años en el casting de Las Bodas sin ninguna aspiración. Un año hice de bruja y me encantó. Al año siguiente repetí el cástig. Estaba trabajando en la banda y me llamaron para que fuera a la rueda de prensa de presentación de los actores. Antonio Civera me dijo: “¡Vas a ser Isabel!
-¡Y acertó!
-Lo veía como algo lejano, como una gran responsabilidad; no me veía capaz. Fue una sorpresa inesperada cuando anunciaron que yo sería Isabel y Héctor Martín sería Diego. Junto con el reinado de la Vaquilla, son dos experiencias de vida. He tenido mucha suerte porque he vivido las cosas más bonitas que tiene la ciudad en primera persona.