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Carles Francino, periodista: “Esto no va de la España vacía contra la llena, esto va de justicia y de desigualdades” Carles Francino, periodista: “Esto no va de la España vacía contra la llena, esto va de justicia y de desigualdades”
Carles Francino

Carles Francino, periodista: “Esto no va de la España vacía contra la llena, esto va de justicia y de desigualdades”

El magazine radiofónico La Ventana de la SER se emite el viernes desde Albarracín

Carles Francino es una de las voces más prestigiosas y respetadas de la radio española. Hace algo mas de una semana se quebró por la emoción en los micrófonos de La Ventana de la SER, programa que dirige, mientras narraba su experiencia como enfermo de covid-19, a su regreso tras 47 días apartado de ellos. Su mensaje y su crítica sincera y sin concesiones contra la irresponsabilidad de los festejos del final del estado de alarma han dado mucho que hablar y que pensar. El viernes (16 a 20 horas) La Ventana se emitirá desde Albarracín, donde se hablará de pandemia, seguro, pero también de otros muchos asuntos.

-La Ventana de la SER se abrirá este viernes desde Albarracín, en su primera salida de los estudios de Madrid, si no ando equivocado, desde que regresó de su convalecencia por la covid-19...
-Así es, y no sabes las ganas que tengo. Además tengo que admitir que nunca he estado en Albarracín y ardo en deseos de conocerlo. Javier Coronas dice que el pueblo más bonito de España, así, directamente y sin concesiones. 
-¿Cómo se encuentra? ¿Todavía en proceso de recuperación?
-Muy animado y fuerte. Estoy todavía con pruebas y revisiones, pero está todo saliendo muy bien. Todavía me canso un poco de vez en cuando, pero soy deportista y me estoy recuperando muy bien, y de fuerzas y ánimo estoy fenomenal.
-En su regreso a los micrófonos hace algo más de una semana, decidió compartir con todos sus oyentes la dura experiencia, en una intervención de la que se está hablando muchísimo. Era de ley hacerlo, ¿verdad?
-Claro. No hacerlo hubiera sido sobre todo una falta de educación con mis oyentes, después de tanto tiempo apartado de los micrófonos, aunque las razones fueran conocidas. La radio establece una relación de complicidad muy intensa e íntima con el público, y compartir la experiencia que ha supuesto y también alguna reflexión era lo menos que podía hacer. Lo que no imaginaba es que me iba a quedar como una pepa, y que no iba a poder evitar que la emoción me dejara sin palabras... Pero me vinieron tantas imágenes a la cabeza que fue imposible. 
-En sus reflexiones habló sobre la responsabilidad, y sobre las imágenes de botellones y las celebraciones en la calle del 9M, tras el fin del estado de alarma. Me vino a la cabeza esa frase de Benjamin Franklin, esa que dice que una sociedad que renuncia a un poco de libertad por obtener seguridad termina siempre perdiendo ambas. En estos momentos, cuando todos ansiamos recuperar nuestra libertad de movimientos y al mismo tiempo demostramos irresponsabilidad al ejercerla, ¿qué debe primar, la libertad o la seguridad?
-Tiene que primar el sentido común. Así de sencillo. Ese debate que algunos quieren establecer entre la libertad y la seguridad me parece absurdo y perverso. Tergiversa tanto el auténtico concepto de la libertad que me enerva, es una bobada. Vamos a ver, es evidente que todos estamos hartos de este año y pico, que queremos quitarnos las mascarillas y poder visitar a nuestros familiares, pero antes deberemos ser un poco cuidadosos, ¿no? Antes de volver a vivir a lo loco, el que viviera a lo loco, es de sentido común mantener cierta calma, y regresar poco a poco y por fases. La libertad y la seguridad son conceptos perfectamente compatibles, e instigar al debate como si fueran contradictorios es absurdo y perverso. Pero todos sabemos que en todos los ámbitos de la vida, en la política y en todos los demás, gilipollas los ha habido y los habrá siempre, por desgracia. 
-¿Hasta qué punto debemos hacer autocrítica los periodistas? Se ha criticado que durante los peores meses de la pandemia normalizamos los centenares de muertos que había diariamente con un soniquete que se hizo rutinario, o que provocamos desconfianza hacia determinadas vacunas poniendo el acento en el asunto de los trombos. ¿Qué deberíamos haber hecho de otra manera los que nos dedicamos a contar las cosas?
-Autocrítica tenemos que hacer seguro, porque si se la exigimos a los políticos y a los ciudadanos, nosotros no estamos exentos. Pero del mismo modo que cuando criticamos a las administraciones o a los partidos,  yo siempre pongo por delante que la complejidad de la pandemia es enorme y que ha puesto todo patas arriba. Tanto que no quisiera yo estar en el pellejo de ninguna de las personas a quienes les ha correspondido tomar las decisiones. Y lo mismo se puede decir del papel que nos ha tocado jugar a los periodistas. Encontrar  el equilibrio entre abrumar y ametrallar con datos o silenciar las cosas, algo que jamás debe hacerse, no es tan sencillo. Ni lo ha sido, ni lo es, ni lo será. Creo que es cierto que durante la primera etapa de la pandemia, sobre todo, convertimos en una rutina el parte diario de los muertos, igual que ahora sucede con el de las vacunas. Sonaba a carrusel, es verdad, pero la pregunta es, ¿cómo logramos que no lo sea, sin dejar de informar? Yo no tengo una respuesta clara. Creo que lo oportuno es apelar a que somos transmisores de noticias y datos, es verdad, y por tanto de cronistas de la realidad, aunque suene cursi, pero también tenemos alma y una sensibilidad. Y unas capacidades que se nos presuponen para contar todo esto sin caer en un sensacionalismo que haga punta en lo doloroso para obtener más audiencias, pero al mismo tiempo sin mostrarnos tan fríos e insensibles que acabemos incorporando la desgracia al paisaje cotidiano. Conseguir eso no es fácil, es muy difícil, pero tenemos que hacer autocrítica y examinarnos cada día para, al menos, poder aspirar a lograrlo. Porque no tengo dudas de que nuestro papel es importante, muy importante, especialmente en situaciones tan graves y extraordinarias como la que estamos viviendo. 
-Albarracín, desde donde se escuchará La Ventana, esperaba como agua de mayo de apertura de las Comunidades Autónomas vecinas porque depende en buena medida del turismo, y de hecho este fin de semana pasado se rozó la plena ocupación. ¿Estamos yendo demasiado rápido otra vez? ¿Vamos a tropezar en la misma piedra que durante el puente del Pilar, o que en Navidad?
-Creo que ahora mismo el paisaje ya es distinto, porque las vacunas empiezan a ralentizar, que no anular, la propagación del coronavirus. Dicho esto también creo que hemos ido muy rápido, y no lo digo yo por ciencia infusa, sino porque escucho a los expertos, muchos de los cuales están convencidos de que deberíamos usar la mascarilla todavía bastante tiempo, porque ha demostrado su eficacia. Desde luego que hemos ido muy rápido y esas imágenes de los botellones y las fiestas son para cabrearse, pero todo el mundo está harto y cansado. Habrá que alcanzar un punto de equilibrio, habrá que ayudar al sector hostelero y al turismo pero quizá tengamos que calmarnos un poquito, porque ahora sí que es verdad que se ve más cerca el final. No metamos la pata, ¿no? La disyuntiva entre economía y salud es un debate muy complejo y, de nuevo, perverso y falso, porque no podemos entender lo uno sin lo otro. Pero quizá en lugar de abrir de par en par los establecimientos hosteleros deberíamos esperar y optar por las ayudas directas, aunque siempre que se apelan a los presupuestos públicos se abren las carnes. No sé, hay que encontrar modelos, y este puede que fuera uno. 
-¿Qué tienen previsto para La Ventana el Albarracín?
-Pues vamos a tener los clásicos del programa, nuestro filósofo de cabecera José Carlos Ruiz, Isaias Lafuente con su Unidad de Vigilancia, y estoy muy contento porque durante nuestra última hora de música de los viernes vamos a tener en directo a Amaral. Pero sobre todo yo quiero que mañana quede claro un mensaje; la provincia de Teruel no solo existe sino que es un buen lugar para vivir.  Vamos a estar con Antonio Jiménez, gerente de la Fundación Santa María de Albarracín, que es un modelo en la recuperación de pueblos, con el presidente provincial Manuel Rando, Carlos de Hita, que es uno de los grandes sonidistas de esta país nos transmitirá los sonidos del territorio... Y tenemos un reportaje muy chulo con historias de extranjeros que por diferentes motivos llegaron hasta Teruel, terminaron quedándose y algunos llevan ya muchos años. Tenemos que cambiar ese chip cuando hablamos de la España Vaciada, expresión que no me gusta nada, o de esas zonas del país castigadas por la baja demografía. Hay que cambiarlo, porque hace tiempo que esos lugares se han puesto las pilas para la llegada de gente, para que se pueda vivir bien y vivir en igualdad de condiciones. Tenemos que huir de la queja, que no de la reivindicación, y reafirmar que esos lugares son buenos para vivir.
-El asunto de la despoblación ha entrado en la agenda política nacional, eso es indiscutible. ¿Será una moda pasajera?
-Cuando un tema entra en el debato político es casi imposible echarlo para atrás. Y hay algo muy obvio; los que estáis ahí y sufrís una determinada realidad en el día a día sois personas que se agrupan, que tienen mucho empujo y que no se van a echar atrás. Es una ola que se mantendrá y que crecerá en fuerza, y en lugar de recibir el desdén o el maltrato como hasta ahora, no solo desde la política sino también desde la dictadura mediática, que a veces parece que no haya vida inteligente fuera de las capitales, lo que tenemos que hacer es conocer sus historias, comprenderlas y contarlas. 
-¿Cree que en esa incorporación del problema de la despoblación en la agenda política nacional ha jugado un papel destacado la irrupción de Teruel Existe en el Congreso? ¿O era un debate que antes o después iba a darse?
-Las dos cosas. Era un debate que tenía que darse, pero qué duda cabe que la llegada al Congreso de Teruel Existe ha sido la culminación de un proceso muy largo que tiene una significación simbólica enorme para otros territorios. La sensación que yo tengo es que, con el Plan Nacional contra la Despoblación y los Fondos Europeos estamos ante una oportunidad que no podemos desperdiciar. Es ahora o nunca.
-Sin embargo hay que admitir que, por evidentes razones matemáticas, la población de estos territorios con escasa densidad somos minoría con respecto a quienes viven en grandes urbes. La despoblación como problema les sonará marciano a los millones de personas que cogen el metro todos los días en Madrid o Barcelona...
-Qué quieres que te diga, yo te envidio, y te lo digo con absoluta sinceridad. Yo vivo en Madrid y he vivido en Barcelona pero desearía vivir en un lugar menos poblado. Durante 20 años viví en una casa que tengo en Altafulla, en la provincia de Tarragona, y allí era muy feliz, lo que pasa es que luego la vida te lleva por donde quiere y no se pueden hacer planes con ella. Yo le regalo la gran ciudad a quien la quiera. Conozco a muchísimas personas que han acabado viviendo en una colmena cuando en realidad desearían otra cosa. ¿Y el problema de la gente que vive en zonas con pocas densidad de población está fuera de la cabeza de los habitantes de Barcelona o Madrid? Quizá, pero ¿dónde está la gracia, el valor y la decencia de un país que presume de ser democrático y de una sociedad higiénica? En defender y proteger a las minorías. Esto no va de unos contra otros, esto no va de la España llena contra la España vacía. Esto va de justicia y de una distribución equitativa, de desigualdades y de desequilibrios. El discurso de la España Vaciada tiene su base en la justicia, y ningún país y ninguna sociedad que se precie de serlo puede renunciar a querer impartir justicia.