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El restaurante 4 Vientos de Cantavieja está cerrado. Cristina Mallén

El 80% de la hostelería se plantea echar el cerrojo y critica unas medidas que demonizan al sector

Lamentan que, una vez más en esta crisis sanitaria, la ley no tenga en cuenta la particularidad de los pueblos
Cruz Aguilar

El 80% de los establecimientos de hostelería –incluyendo hoteles, bares y restaurantes– han cerrado o cerrarán temporalmente en los próximos días a consecuencia de la nueva normativa aprobada para los servicios hosteleros con el fin de frenar el Covid-19. Así lo manifestaron ayer desde la Asociación Teruel Empresarios Turísticos, entre cuyos asociados hay tantas casuísticas y dudas como tipos de negocio. Aunque las opiniones, todas contrarias a la medida, son variadas, la mayoría de los propietarios coinciden en señalar que se ha demonizado al sector con unas medidas que provocarán graves pérdidas y la imposibilidad, en la mayoría de los casos, de afrontar ni siquiera los gastos fijos. 

Por otro lado, lamentan que el decreto sea similar para todos los lugares de Aragón, sin tener en cuenta que tanto los aforos como los tipos de establecimientos que hay en el medio rural difieren sustancialmente de los de las ciudades. Critican que ellos tengan que bajar la persiana pese a su reducida clientela mientras en los medios de comunicación aparecen a diario imágenes de masificación en el transporte público y en los centros comerciales de las ciudades.

En la mayor parte de las comarcas turolenses el puente de Todos los Santos iba a ser bueno, como ya lo fue el del Pilar, porque el otoño es temporada alta para el turismo rural. Por eso, las medidas adoptadas al entrar Aragón en la Fase 3, con el cierre del interior de bares y restaurantes  o la reducción de los aforos en las terrazas, les llevó a pensar fórmulas para poder hacer frente a esas restricciones, pero para muchos esa búsqueda de soluciones concluyó el lunes por la mañana con el confinamiento perimetral de Aragón y la imposibilidad de recibir a clientes de otras provincias. La medida supuso en las horas siguientes la cancelación de la mayor parte de las reservas.

El hotel La Torre del Visco, en Fuentespalda, tenía el lunes todas sus plazas llenas para el próximo fin de semana y ayer colgó el cartel de cerrado. Su situación es similar a la del resto de hoteles del Matarraña, donde este otoño estaba siendo uno de los mejores de los últimos años debido, principalmente, al modelo de atención de calidad por el que han apostado.

El presidente de la Asociación Turismo Sierra de Albarracín y gerente del Hotel Suiza, de Bronchales, Javier Cavero, especifica que el 90% de los establecimientos de la provincia de Teruel se nutre de las comunidades vecinas, por lo que el cierre de Aragón les aboca a ellos a bajar la persiana. Él no obstante no lo hará de momento, porque tiene compromisos con trabajadores de la zona a los que no quiere dejar en la estacada. Ese es precisamente otro de los problemas que genera el cerrojazo temporal de los hostales, restaurantes y bares y es que los operarios que se encuentran en la provincia tienen dificultades para encontrar los servicios básicos necesarios. 

En este sentido la modulación del nivel de alerta 3 aprobada ayer por la mañana que permite la apertura del interior de los restaurantes y bares de las áreas de servicio es muy beneficiosa no tanto para los hosteleros, que solo podrán atender allí a profesionales, sino para los trabajadores que, por lo menos, encontrarán un plato caliente y un lugar para asearse.

Sara Ros, que gestiona una casa rural en Camañas y unos apartamentos en Aguatón explica que le han cancelado prácticamente todas las reservas para la vivienda de turismo rural, porque se alquila por habitaciones y, desde que se inició la pandemia, la normativa le obliga a tener cerrados los espacios comunes, incluida la cocina, por lo que sus alojados no pueden comer en casa ni, con las nuevas medidas, hacerlo en restaurantes cercanos porque están cerrados. Sin embargo, precisamente esa falta de oferta de restaurantes ha hecho que tenga peticiones por parte de trabajadores para los apartamentos de Aguatón, que sí disponen de un espacio para cocinar. 

Los hosteleros quieren seguir trabajando y hacerlo de forma segura, como han hecho durante estos meses. Recuerdan que el porcentaje de contagio en la hostelería ha sido en las últimas semanas del 0,9% y desde mayo del 3,5%. 

Pero no solo se quejan de que sean uno de los sectores más afectados, sino también de que no se hayan adoptado medidas para paliar los daños. En este sentido, Marta Ferrás, presidenta de la Asociación Turística del Matarraña, plantea que hay sistemas de ventilación que consumen poca energía y que podrían ser una solución, si la administración ayudara a su adquisición, para poder seguir trabajando en el interior cumpliendo unos aforos. 

Bajo el lema de Terrazea en la Sierra de Albarracín, la asociación turística ha elaborado un cartel en el que informa de horarios y plazas de las diferentes terrazas que hay en los bares y restaurantes de la zona con el fin de facilitar la llegada de clientes a los mismos. También hay algunos restauradores que ofrecen comida para llevar, según explica la gerente, Begoña Sierra.

Este servicio take-away lo han adoptado varios establecimientos de la comarca del Bajo Aragón. Y es que hay que buscar alternativas en toda la provincia porque, aunque muchos han apostado por seguir abiertos y atender en las terrazas, son conscientes de que la meteorología turolense no favorece el tomar cañas en la calle. Sonia Herrero, gerente de ACIC, la Asociación del Comercio y la Industria de Calamocha, que incluye también una decena de establecimientos hosteleros, explica que muchos de sus socios confían en que antes que lleguen los rigores del frío las medidas se aligeren un poco y poder evitar así el cierre. 

Esta opción de mantener el servicio de terraza también la han adoptado algunos hosteleros del Maestrazgo, principalmente los que se encuentran en localidades de menor altitud, “pero la mayoría de hoteles y restaurantes han cerrado, porque no ven viable dar el servicio en el exterior o atender a los alojados con la restricción del 25% de aforo en las zonas comunes”, explica la gerente de la asociación empresarial, Bea Borrás, quien añade que no les resulta rentable mantener a los trabajadores con unas medidas tan restrictivas.

Sin valencianos, a cerrar

En Gúdar-Javalambre hay hoteles que todavía no han abierto tras el confinamiento y la inmensa mayoría de los que lo han hecho ahora deberán colgar el cartel de cerrado ante el confinamiento perimetral de Aragón decretado el pasado lunes. El grueso de los clientes de esta comarca, al igual que prácticamente todas las turolenses, proceden de la Comunidad Valenciana.

La gerente de la asociación empresarial turística del Bajo Aragón, Nieves Ballestero, indica que los asociados afrontan esta nueva etapa “con mucha cautela e incertidumbre, tratando de minimizar los costes para poder mantenerse”. La preocupación no es solo por sus negocios, dice Ballestero, sino también por la situación en la que quedan sus trabajadores si deben volver a tramitar para ellos un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (Erte). 

Los gerentes de las diferentes asociaciones turísticas provinciales destacan la intensa labor que han llevado a cabo los hosteleros para adaptarse a la normativa y garantizar la seguridad de sus clientes y trabajadores. En estos meses ha cambiado la ley constantemente lo que, unido a la falta de concreción de la misma, ha generado numerosas dudas entre los propietarios y responsables de establecimientos. 

"Las cuentas no salen"

Yolanda Naves, que estaba al frente del Restaurante Los Ríos de Santa Eulalia del Campo,  sirvió sus últimas cañas el domingo 25 de octubre. Las cuentas no le salían ni aún teniendo abierto el interior del establecimiento porque asegura que la gente “tiene mucho miedo”. Aunque tiene una gran experiencia en hostelería, cogió Los Ríos, situado en la estación de Santa Eulalia, en el mes de marzo, antes de que estallara la pandemia, pero no llegó a abrirlo hasta mayo debido al confinamiento. Apunta que los inicios fueron buenos, pero luego ya solo tenían demanda de comida para llevar porque sus clientes tenían miedo, tanto que tuvo que instalar un timbre para facilitar la entrega de los platos preparados. A su juicio esta nueva normativa es una dura estocada y asegura que los hosteleros no tienen ninguna culpa de la situación porque se han tomado todas las medidas: “En mi restaurante estaban las mesas a dos metros y había desinfectante en todas”, apunta. Las cuentas ya no cuadraban porque la gente apenas consumía y los gastos eran los mismos. Pero ahora la cosa está peor: “Con cuatro mesas en la terraza no saco para pagar los 4.000 gastos fijos, porque solo de alquiler son  1.000 euros y hay días que de caja solo he sacado 27. Por eso he decidido cerrar antes de endeudarme”, dice con rotundidad.