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El Arquillo se postula una año más como la alternativa natural para hacer frente a la ola de calor El Arquillo se postula una año más como la alternativa natural para hacer frente a la ola de calor
Un bañista salta al agua desde una de las isletas cercanas a la orilla del pantano

El Arquillo se postula una año más como la alternativa natural para hacer frente a la ola de calor

El embalse se convierte cada verano en 'la playa de Teruel' y ofrece múltiples actividades
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El grupo The Refrescos saltó a la fama por su icónica canción en la que entonaban aquello de: “Vaya, vaya, aquí no hay playa”. Hoy en día no podrían referirse a Teruel, ya que con la llegada del calor, el Embalse del Arquillo se convierte en mucho más que una playa para la capital turolense. El pantano, construido en el cauce del Río Guadalaviar, recibe la visita de cientos de bañistas a medida que el termómetro va incrementando la temperatura. Con la llegada de la segunda quincena de julio, el embalse alcanza su pico máximo de visitantes y cada fin de semana el emplazamiento es el lugar elegido para realizar una gran diversidad de actividades.

Muchas familias con hijos deciden acudir hasta allí para pasar el día a remojo con alguno de los barcos a pedales que se alquilan en el chiringuito de la entrada (8 euros/2 horas). Algunos viajeros deciden hacer una última parada antes de dar por concluido su viaje, como es el caso de Dani y Paula que han decidido parar con sus perros a darse un baño antes de continuar su travesía desde Oropesa hasta Zaragoza. Para otros, como Francisco, el Embalse del Arquillo reúne las condiciones perfectas para preparar una oposición “con tranquilidad”, por lo que desde bien temprano decidió ubicarse en uno de los rincones de la balsa que solo los locales conocen para repasar sus apuntes. El objetivo es el mismo para todos: encontrar un plan refrescante para un domingo caluroso en la capital turolense.

Un gimnasio al aire libre

Para muchos, el Embalse del Arquillo es la mejor piscina natural que puede existir en Teruel. El emplazamiento, en el que se han celebrado pruebas de triatlón, es un lugar idóneo para entrenar este tipo de disciplinas. La alternativa de pasar el domingo haciendo deporte fue la tomada por Carlos Hueso. Este triatleta turolense llegó al pantano tras realizar una ruta circular en bici saliendo desde Teruel. Después de unos 30 kilómetros, su siguiente reto fue nadar en el embalse realizando uno de los circuitos que tiene el Club de Natación Teruel en el lugar. El deportista optó por un circuito que rodeaba el embalse por su perímetro. Sin embargo, la piscina natural también puede ser recorrida de forma perpendicular, llegando hasta el Puente del Molinazo, con una longitud de 3.500 metros.
 

Las paredes del Camino Natural del Río Guadalaviar son el escenario perfecto para los amantes de la escalada deportiva


No obstante, el Embalse del Arquillo no es el único emplazamiento disponible para la práctica del deporte en la zona. Las impetuosas paredes de piedra que rodean el camino fluvial del Río Guadalaviar son todo un paraíso para los escaladores y amantes del deporte de montaña. Christian y Desi son una pareja que llegó a Teruel por casualidad. Ellos salieron desde Jaca el viernes y su destino final era Olba, un lugar de referencia para escaladores. Sin embargo, el Embalse del Arquillo los embelesó y decidieron pasar un par de días por la zona: “Lo que nos motivó a quedarnos fue el pantano. Es una zona con muchas posibilidades más allá del baño y nosotros la estamos descubriendo estos días”.

Su plan dominguero comenzó a primera hora de la mañana con una ruta desde San Blas hasta el embalse. Con el sol haciéndose notar en el ambiente, la pareja de deportistas decidió “aprovechar las últimas sombras de la mañana” para investigar algunas de las vías ferratas que se habían dejado sin probar la tarde anterior, cuando disfrutaron de una jornada de escalada en un entorno maravilloso. “Las vías son de una dificultad intermedia y hay que tener cuidado, pero merecen la pena solo por contemplar el paisaje de alrededor”, confesó Christian tras bajar rapelando una pared vertical.

Un paraíso como alternativa

Más allá de todas las posibilidades que ofrece el Embalse del Arquillo, a tan solo unos metros de la presa se encuentra uno de los rincones con más encanto de toda la zona. Un empinado sendero de escaleras conduce al Camino Natural del Río Guadalaviar, donde la temperatura se suaviza notablemente y el paisaje cambia de manera repentina, de tal manera que parece que la escalinata tenga conexión directa con la selva amazónica.

Con el paso de los años y la llegada de la pandemia, las rutas de este tipo han ido aumentando notablemente su fama entre locales y visitantes que encuentran una forma distinta de pasar el día sin tener que sufrir, todavía, las masificaciones de otros lugares similares. Entre las dos paredes, que ofrecen un respiro ante el sofocante calor, el Río Guadalaviar avanza a paso firme dejando pintorescos recovecos en los que refrescarse. Además, el recorrido, que llega hasta la ciudad de Teruel pasando por San Blas, cuenta con un sinfín de puentes y pasarelas que permiten avanzar sin ningún tipo de impedimento entre la densa vegetación selvática que recorre los más de tres kilómetros hasta llegar a San Blas.

La recompensa final de refrescarse en el pantano anima a muchos visitantes a emprender la ruta desde Teruel y culminarla en las cristalinas aguas del Arquillo. Tres amigos alicantinos decidieron hacerlo durante la jornada de ayer. Después de tres horas y media de recorrido, las últimas curvas del serpenteante recorrido se sentían como “el último arreón”, tal y como explicó uno de ellos. Su pasión por la naturaleza les llevó a descubrir una ruta que otros colegas les habían recomendado: “Cuando la vieron, nos dijeron, ahí tenéis que ir vosotros”.

Un lugar cada vez más común

El Embalse del Arquillo y su entorno natural genera un atractivo que no pasa desapercibido entre la gente forastera. Si antes el emplazamiento era lugar de reunión de turolenses, ahora cada vez más visitantes acuden expresamente a conocer el tesoro natural de la capital turolense. Durante la jornada de ayer bañistas de Zaragoza, Cuenca o Valencia prefirieron acercarse a Teruel para darse un chapuzón. Pero no solo se trata de una moda nacional, el boca a boca está generando que cada vez más visitantes internacionales se desplacen hasta San Blas para conocer uno de los tesoros más refrescantes del verano aragonés.
 

Los grupos de amigos pasan el día en el Embalse del Arquillo haciendo frente al sol con refrescos y chapuzones


Giusseppe y Petko son dos trabajadores de la empresa Tarmac, en el aeropuerto de Teruel, que proceden de Reino Unido y Bulgaria respectivamente. En su día libre, decidieron seguir las recomendaciones de sus compañeros de trabajo, que les habían hablado de “un lago precioso con unas vistas espectaculares”. Ambos llegaron al embalse a primera hora de la mañana y se subieron a bordo de uno de los barcos a pedales que se pueden alquilar en el pantano. Tras bordear las diferentes isletas del embalse, tomaron un baño y recogieron sus bártulos para regresar a su hogar sobre las 12:30 horas, cumpliendo con el horario de comida que rige en los países del noroeste europeo. “Hemos quedado maravillados. Hoy no podemos volver, pero seguro que algún día después de trabajar regresamos a este lugar”, aseguró Giusseppe.

Poco después que Giusseppe y Petko, también llegaron hasta el embalse un grupo de diecisiete amigos procedente de Zaragoza. Para ellos, ya se ha convertido en una tradición escaparse un fin de semana hasta la playa turolense para disfrutar de un día de amistad y buen ambiente. La de ayer fue la tercera ocasión en la que lo hacían, después de que uno de ellos descubriera el idílico emplazamiento tras un viaje a Valencia, que acabó con remojón en el Arquillo antes de poner rumbo a casa.

La cuadrilla, sabedora de las altas temperaturas que se iban a registrar durante la jornada de ayer, llegó preparada para hacer frente al calor a base de refrigerios de todo tipo. Su experiencia de años anteriores se hizo notar: “Traemos la comida preparada en fiambreras y la bebida en las neveras. Estaremos aquí hasta las ocho o nueve de la tarde, cuando ya haya caído el sol”. Después de unos primeros saltos al agua desde una de las isletas cercanas a la orilla, cogieron un barco de pedales para darse el último remojón antes de zambullirse en el extenso menú que habían preparado para la ocasión. “Hemos traído un poco de todo: tenemos tortillas, carne empanada, ensaladilla...”, explicó una de las amigas de la expedición.

En manos de los visitantes

A pesar de que por sí solo, el Embalse del Arquillo ya goza de una belleza considerable, su supervivencia está en manos de los visitantes. Jesús, propietario de la caseta que da servicio de bar en la zona de picnic, confesó que lo que más le preocupa del negocio es que el emplazamiento quede “igual que se lo encuentran a su llegada”. Los grupos suelen acudir a la zona con sus víveres para todo el día, pero la limpieza es fundamental si se quiere seguir manteniendo de forma óptima uno de los recursos naturales más necesarios en el periodo estival turolense.

Disfrutar de un chapuzón en aguas cristalinas cuando el termómetro roza los 40 grados ya no es una posibilidad exclusiva de Ibiza u otras islas paradisíacas del mismo estilo. A escasos kilómetros de la capital turolense se puede hacer eso, y mucho más.