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El Observatorio contra la Soledad apuesta por impulsar el apoyo ciudadano El Observatorio contra la Soledad apuesta por impulsar el apoyo ciudadano
Reunión constitutiva del Observatorio Aragonés de la Sociedad

El Observatorio contra la Soledad apuesta por impulsar el apoyo ciudadano

Las experiencias vecinales como ‘Aislados pero no solos’ de Teruel muestran su potencialidad

El Observatorio Aragonés contra la Soledad (OAS), cuyo principal objetivo es crear un grupo permanente de análisis dirigido a velar por las personas mayores que viven en soledad no elegida, favoreciendo la atención, prevención y protección social, fomentando su bienestar emocional y seguridad para prevenir el riesgo de aislamiento y exclusión social se constituyó el pasado miércoles. El convenio de colaboración entre el Justicia y el Departamento de Ciudadanía para la creación de este órgano se firmó el pasado mes de junio. Entre las recomendaciones planteadas está el potenciar el apoyo ciudadano y la Confederación de Asociaciones Vecinales de Aragón (Cava), que participa en el mismo, destacó el buen ejemplo que suponen iniciativas desarrolladas durante la pandemia como el programa Aislados pero no solos, en la capital turolense.

Este nuevo órgano nace adscrito al Justicia de Aragón, donde tendrá su sede, y dependerá directamente de esta institución; si bien el Departamento de Ciudadanía y Derechos Sociales del Gobierno de Aragón será un agente fundamental de este nuevo organismo y le aportará asesoramiento y soporte logístico. De hecho, son ambas instituciones las que asumen la gestión del Observatorio con sus medios personales y materiales, puesto que el no cuenta con dotación económica específica.

Además, forman parte del Observatorio representantes del Departamento de Sanidad, de la Federación Aragonesa de Municipios, Comarcas y Provincias (FAMCP), del Ayuntamiento de Zaragoza, del Consejo Aragonés de las Personas Mayores, del Colegio Profesional de Trabajadores Sociales (así como de otros colegios profesionales que trabajen con mayores), de entidades sociales y sanitarias, de la Universidad de Zaragoza y de asociaciones vecinales.

En representación de la Cava estuvo Miguel Morte de la asociación de vecinos de la localidad turolense de Armillas y quien destacó que las asociaciones que integran la Confederación llevan mucho tiempo con proyectos y programas de apoyo a los mayores.

“Durante la pandemia los nodos sociales y el voluntariado han venido a suplir en muchos casos en algunos barrios de Zaragoza y en Teruel las deficiencias del sistema que no estaba pensado para la situación de Covid”, comentó Morte. 

El representante vecinal destacó que es “muy positivo” que se haya contado con ellos y aseguró que es un “reconocimiento” de que el asociacionismo ha cumplido en plena pandemia  “una función importante” ya que “con pocas personas e infraestructuras se ha hecho un gran papel y a unos costes irrisorios”-

“Ayudando al asociacionismo vecinal se multiplican los recursos. Esperemos que con el paso del tiempo se reconozca y se potencie”, añadió Miguel Morte.

El representante de la Cava puso como ejemplo el programa Aislados pero no solos sobre el que señaló que los resultados han sido muy buenos porque ha sido gente del entorno, del barrio quien ha actuado. “Cuando conoces a los vecinos es difícil no ayudar al de tu mismo bloque, no te cuesta nada, no es un esfuerzo”, argumentó.

Las recomendaciones del Observatorio Aragonés contra la Soledad sobre la potenciación de apoyo ciudadano, que se irán desarrollando en grupos de trabajo, plantean impulsar redes de cercanía al ciudadano, públicas (centros de salud, servicios municipales o comarcales, centros de ocio municipales...) y privadas (comunidades de vecinos, comercio de proximidad, entidades asociativas del entorno, entre otras), para promover líneas de contacto con las personas en soledad no deseada. 

También se plantea la creación de mesas o comisiones en localidades o barrios que presenten esta problemática para el control de necesidades y potenciar un modelo asociativo donde las personas mayores sean los gestores de sus propios proyectos e intereses. 

Asimismo, se apuesta por promover desde el ámbito público y privado servicios adecuados a los nuevos perfiles de personas mayores y a las nuevas realidades sociales y diseñar actividades para reforzar las redes sociales y vecinales. 

También hay recomendaciones legislativas, divulgativas, sobre voluntariado, sobre formación o sobre concienciación social.

Miguel Morte comentó que la creación del OAS es “una oportunidad” porque surge en un “momento oportuno” por la concienciación social que ha tenido la grave repercusión de la pandemia en los ancianos. 

“Si sabemos aprovechar la situación de sensibilidad social y atención que nos están prestando y se dedican los recursos. Todo el mundo está dispuesto a poner esfuerzos y buena voluntad y ahora hace falta que aguantemos el tirón para llevar esas ganas de hacer cosas hasta el final. Es un momento de cambios normativos. Habrá que hacer esfuerzos”, concluyó.

En Aragón, según datos del año 2018, hay 285.564 personas mayores de 65 años, es decir, el 21,62% del total de la población. Casi dos tercios tienen una edad entre 65 y 80 años (184.711, el 64,68%), mientras que 100.853 supera los 80 años (el 35,32%). El sexo predominante en la vejez es el femenino. Hay un 56,50% de mujeres (161.346), que supone un 13,00% más que de hombres (124.218).

Aunque cada vez es mayor el número de personas que pueden vivir solas con plena autonomía e independencia, vivir en soledad, con edades avanzadas, sin redes familiares o sociales, con deterioro del organismo y enfermedades y bajos ingresos tiene consecuencias negativas para la salud y el bienestar y puede conducir a situaciones de aislamiento social. El 23,07% de las personas mayores de 65 y más años viven en hogares unipersonales (65.900 hogares) de las que un 68,28% son mujeres. Y del total de personas que viven solas, el 44,55% tienen más de 80 años (unas 32.000 personas). Esta realidad demográfica plantea importantes retos para las políticas sociales debido a la pérdida de autonomía, la aparición de la soledad no deseada, el aumento de las situaciones de dependencia, así como la necesidad de promover los buenos tratos a las personas mayores.