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Cobos (en cuclillas), Royo-Torres y Alcalá (d) ante los fósiles del turiasaurio de Madagascar expuesto en París. FCPTD

El ‘tatarabuelo’ de ‘Turiasaurus’ esperaba a ser descubierto en colecciones parisinas

El nuevo saurópodo ‘Narandisaurus’ es fruto del rastreo de fósiles que hace la Fundación Dinópolis

El tatarabuelo de Turiasaurus, el Gigante de Riodeva, aguardaba en colecciones francesas de fósiles en el mítico Museo Nacional de Historia Natural de París, hasta donde lo rastrearon los paleontólogos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel Dinópolis. Ese rastreo, unido a los hallazgos de otros científicos pertenecientes a equipos paleontológicos de todo el mundo, está haciendo aflorar la estirpe de dinosaurios más gigantescos que han existido, los turiasaurios, un clado (familia) descrito por primera vez en Teruel por la Fundación Dinópolis cuando se publicó en Science el descubrimiento de Turiasaurus riodevensis, el saurópodo gigante de Riodeva, en el año 2006.

Desde esa fecha, de la que el próximo año se cumplirá el quince aniversario, han ido surgiendo por todo el mundo restos de otros saurópodos (dinosaurios cuadrúpedos de gran tamaño y de cola y cuello largos con cabezas pequeñas proporcionalmente) emparentados con el Gigante de Riodeva, denominados turiasaurios y que la comunidad científica internacional ha asumido desde hace tiempo en sus cladogramas, los árboles genealógicos que permiten emparentar entre sí a las distintas familias de dinosaurios y determinar la evolución de los mismos.

En el caso de los turiasaurios, la estirpe arranca en el Jurásico y se extiende hasta el Cretácico, dos de los periodos geológicos del Mesozoico en el que vivieron los dinosaurios. El último hallazgo, Narindasaurus thevenini, retrotrae la familia de los turiasaurios hasta el Jurásico Medio y sitúa sus orígenes en el sur del gran supercontinente denominado Pangea, en lo que hoy día es África. De allí procede también Tendaguria tanzaniensis, otro ancestro del Gigante de Riodeva. 

Los fósiles de Narindasaurus se hallaron en la actual Madagascar, mientras que los de Tendaguria, de hace aproximadamente unos 152 millones de años, se encontraron en lo que hoy es Tanzania. A ellos habría que sumar restos de turiasaurios, en proceso de estudio y que también han rastreado paleontólogos de la Fundación Dinópolis, en el Jurásico Medio de Argentina, a los que podrían sumarse otros en otros continentes siempre en el sur.

Quince años después de la descripción de Turiasaurus y del clado Turiasauria, cada vez se sabe más de estos dinosaurios gigantes y de su evolución. Su estirpe arrancó en el sur del gran supercontinente Pangea, y antes de que empezaran a formarse los actuales continentes por la deriva continental, la familia se fue desperdigando por prácticamente todo el planeta, llegando al menos también a Europa y Estados Unidos a tenor de los datos que se tienen actualmente.

Son ya ocho turiasaurios los que se han descrito a nivel mundial en países europeos y africanos, además de Estados Unidos, y una de las características más evidentes para poder ser identificados han sido sus característicos dientes en forma de corazón. Gracias al rastreo que está haciendo la Fundación Dinópolis por todo el mundo, investigando fósiles de dinosaurios ya excavados, la familia de los turiasaurios está experimentando un gran crecimiento y cada vez se conoce más de ellos.

El último artículo científico publicado por la Fundación Dinópolis en Zoological Journal of the Linnean Society (Oxford University Press), donde se da cuenta del otro gigante hallado en Riodeva, además de la descripción del nuevo turisaurio de Madagascar, está llamado a convertirse en la piedra rosetta de la paleontología para identificar a los dinosaurios de esta estirpe, en referencia a la piedra Rosetta que se exhibe en el Museo Británico de Londres y que permitió descifrar los jeroglíficos egipcios de la antigüedad.

Yacimiento de San Lorenzo

De igual forma, los fósiles del dinosaurio del yacimiento de San Lorenzo en Riodeva van a permitir identificar ahora mucho mejor a los turiasaurios por todo el mundo. En el artículo científico donde se publicó la descripción de estos restos, aparecido a principios de este mes, se identificaba un segundo dinosaurio gigante en Riodeva, al asociar esos fósiles como pertenecientes a Losillasaurus giganteus, un género descrito con anterioridad en la Comunidad Valenciana y que pertenece también al clado Turiasauria.

El hallazgo de un segundo gigante en Riodeva eclipsó tal vez otro descubrimiento importantísimo recogido en ese mismo artículo científico, la descripción de un nuevo género de turiasaurio cuyos fósiles fueron encontrados hace un siglo en Madagascar cuando era colonia francesa.

El equipo que firma el artículo, formado por los paleontólogos de la Fundación Dinópolis Rafael Royo-Torres, Alberto Cobos y Luis Alcalá, y por el investigador Pedro Mocho, del Instituto Dom Luiz de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa (Portugal), lo que hace en ese artículo es describir un nuevo género de turisaurio a partir de fósiles que se conservan en el Museo Nacional de Historia Natural de París.

El nuevo turiasaurio ha sido bautizado con el nombre de Narindasaurus thevenini. El género, que es el primer nombre que aparece en su denominación científica, hace referencia a la bahía de Narinda en el noroeste de Madagascar donde se encontró, mientras que la especie, que es el segundo nombre en latín que aparece con minúscula, es un homenaje al paleontólogo francés que estudió sus restos en 1907, Armand Thevenin.

Narindasaurus es en estos momentos el turisaurio más antiguo que se conoce, puesto que vivió en el Jurásico Medio, hace unos 168-166 millones de años. La historia de estos fósiles es larga y hay que remontarse a hace algo más de un siglo cuando Madagascar era una colonia francesa.

Fue entonces, entre 1901 y 1906, cuando las autoridades francesas extrajeron numerosos fósiles de dinosaurios que se hallaron en una colina de unos 12 metros de altura en el municipio de Ankinganivalaka (hoy Ankingavola) cerca de un meandro del río Loza. El encargado de las operaciones fue Jean-Marie Colcanap, capitán de la infantería colonial de Mahafaty.

Los huesos fueron enviados a París, donde se encuentran desde entonces en el Museo Nacional de Historia Natural de Francia, un centro museístico mítico para los aficionados a la paleontología y lugar de peregrinaje para muchos de ellos por sus célebres galerías decimonónicas.

Un vez en París, fue el paleontólogo francés Armand Thevenin quien se encargó de su estudio y publicó en 1907 una monografía en la revista Annales de Paléontologie sobre los dinosaurios del Jurásico Medio de Madagascar. Los huesos que ahora han dado lugar a la descripción del nuevo turisaurio fueron asignados por Thevenin al género Bothriospondylus.

Este género de nombre verdaderamente impronunciable había sido designado en Europa el siglo anterior por uno de los padres de la paleontología de dinosaurios, Richard Owen, y a él se asignaron durante décadas muchos fósiles de saurópodos. “Era como un saco donde entraban un montón de cosas”, explica el paleontólogo de la Fundación Dinópolis y profesor del Campus de Teruel de la Universidad de Zaragoza, Rafael Royo-Torres.

Género antiguo invalidado

Como tal, el género Bothriospondylus fue desprestigiándose con el paso de los años y hace una década el paleontólogo francés Philip Mannion lo invalidó en un trabajo científico. Unos años antes, en 2008, ya lo había cuestionado también la investigadora Emilie Läng en su tesis doctoral. Ambos avanzaron la posibilidad de que se pudiera tratar de un nuevo taxón, aunque no llegaron a concretarlo y desde entonces, al quedar invalidado el género, sus fósiles quedaron en el registro internacional como pertenecientes a un saurópodo indeterminado.

Royo-Torres explica que Mannion llegó a sugerir que pudiera pertenecer a la familia de los turiasaurios, pero no ha sido hasta ahora cuando se ha asignado a ese clado y se ha descrito como un nuevo género a raíz de la investigación llevada a cabo por los paleontólogos de la Fundación Dinópolis.

El diente de este saurópodo de Madagascar ya había llamado la atención a los científicos de Dinópolis, cuenta Royo-Torres, puesto que junto con otro de los autores del actual trabajo, Pedro Mocho, ya le “habían echado el ojo” en otro artículo conjunto publicado en Portugal sobre dientes de este tipo de dinosaurios.

Fue hace año y medio cuando los paleontólogos de Dinópolis se pusieron en contacto con el Museo Nacional de Historia Natural de París para poder estudiar in situ esos fósiles. Royo-Torres recuerda que escribieron al conservador y este les dijo que se apresuraran porque toda la colección de Madagascar se iba a guardar  por la realización de obras de remodelación en el museo, y que iban a permanecer almacenadas e inaccesibles durante mucho tiempo.

No lo dudaron un instante y en mayo del año pasado acudieron al museo para estudiarlo tanto él como Alberto Cobos y el director de la Fundación, Luis Alcalá, que fueron los tres científicos que en 2006 describieron el género Turiasaurus y el clado Turiasauria.

El estudio in situ de los fósiles no dejó lugar a dudas de que se trataba de un turiasaurio, no solo por los dientes sino por otras características que el estudio de los fósiles del Losillasaurus de Riodeva ha permitido identificar en esta familia de gigantes.

Royo-Torres explica que los dientes son una característica diagnóstica de los turiasaurios, “no solo por la corona sino también por rasgos comunes que hemos encontrado en la raíz”. En el caso de los fósiles de Madagascar se refrendó la adscripción a la familia Turiasauria no solo por el diente sino por el chevron que encontraron pegado a la fíbula en el extremo distal. “Nadie había reconocido antes ese hueso de la cola pegado a la fíbula y pudimos atribuirla sin ningún lugar a dudas a un turiasaurio”, explica el científico, quien se refiere también a otros huesos por comparación con los fósiles de Losillasaurus del yacimiento de San Lorenzo en Riodeva.

Con todo el estudio realizado en París y para confirmar los indicios, Royo-Torres cuenta que metieron toda la información “en el cladograma, un análisis estadístico de los caracteres para ver si se sustentaba”, como así sucedió. “Salió que sí, que era un turia, uno de los ancestros de Turiasaurus”, sostiene a la vez que aclara que otros huesos conservados en París arrojaron la información suficiente para adscribirlo a esta gran familia de dinosaurios gigantes.

Al ser el más antiguo hallado hasta ahora, se trataría del tatarabuelo del Gigante de Riodeva, y situaría el origen de esta familia en el sur. “El origen de los turiasaurios estaría en el sur del planeta o en lo que en tiempos de los dinosaurios era Pangea”, relata. A ellos se sumaría Tendaguria y otro posible turiasaurio que un equipo argentino está estudiando en la Patagonia, y que los científicos de Dinópolis también pudieron conocer in situ hace un año en otro viaje de trabajo a la América austral.

Narindasaurus, el tatarabuelo de Turiasaurus, tenía la mitad de tamaño que su descendiente, unos 15 o 16 metros, puesto que el Gigante de Riodeva alcanzó los 25 metros. Eso indicaría, según los científicos, que una de las características de la evolución de estos dinosaurios fue el aumento de tamaño. Ese gigantismo estaría asociado a un mecanismo de defensa.

Los turiasaurios se cuelan en el mítico museo parisino

Los dinosaurios están llevando el nombre de Teruel por todo el mundo gracias a la palentología y géneros como Turiasaurus y su familia, el clado Turiasauria, están presentes ya en el mítico Museo Nacional de Historia Natural de París, donde estaban expuestos los fósiles del saurópodo de Madagascar que ahora ha resultado ser un ancestro del Gigante de Riodeva.

Además, en el exterior del Museo se exhiben réplicas en bronce de huesos gigantes de otro turiasaurio hallado en Angeac (Francia), en cuyas excavaciones colabora también la Fundación Dinópolis; que hasta el momento sería el miembro de esta familia más grande entre todos los que se han encontrado, aunque está pendiente de publicación científica.

El Museo Nacional de Historia Natural de París es un referente mundial de la paleontología y un lugar muy visitado.