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Gloria Martí y Pedro Peris acogen niños pequeños en Calaceite: “Al final, valoras más lo que te da ese niño que lo que tú le aportas a él” Gloria Martí y Pedro Peris acogen niños pequeños en Calaceite: “Al final, valoras más lo que te da ese niño que lo que tú le aportas a él”

Gloria Martí y Pedro Peris acogen niños pequeños en Calaceite: “Al final, valoras más lo que te da ese niño que lo que tú le aportas a él”

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José Luis Rubio

Gloria Martí, Pedro Peris y sus dos hijas de 10 y 13 años viven en Calaceite y desde hace más tres lustros acogen menores en su casa. Por su casa han pasado “muchos, muchos” niños, aunque aseguran que nunca se han parado a contarlos. Ha habido temporadas en las que han coincidido “cinco o seis niños en todo el año y otras que menos”, afirman.

Como ocurre en la mayoría de las ocasiones, su desembarco en el mundo del acogimiento familiar fue de carambola. “Conocíamos a una familia de Torrevelilla que hacía la labor de acogimiento de menor. Entonces les hicimos algún descanso de alguno de los niños que ellos tenían de acogida y entonces ya vimos que era una idea que cuadraba con nosotros facilitar a estos menores un entorno familiar lo más normal posible en esas edades tempranas y de ahí nos pusimos en contacto con Adafa para hacer los trámites y darnos de alta y acceder a la bolsa de familias disponibles”, explicó Gloria.

Su experiencia en el acogimiento familiar empezó antes incluso de tener sus hijas biológicas. “Cuando tuvimos los primeros pequeños nuestras hijas no estaban y fue muy bien. Luego, nos dimos una temporada para dedicarla al cuidado de nuestros pequeños. Paramos unos tres años hasta que ellas fueran un poco más mayores y luego ya empezamos con esos acogimientos más cortos de tiempo para ver cómo reaccionaban ellas”, explicó Martí.

Las hijas biológicas de esta pareja se han convertido en verdaderas aliadas en la labor de acogida de menores. “A día de hoy son las que nos preguntan, ¿pero viene el peque ya? ¿Ya nos han llamado?”, recordó la madre.

Su vivienda en una planta de una casa, en la que sus vecinos son los padres de ella. Cuentan con tres habitaciones en las que viven la pareja, sus hijas y los pequeños que pasan temporadas con ellos. Como suelen ser bebés, los menores de acogida suelen dormir en la habitación con Pedro y Gloria, que han llegado a tener hasta dos cunas en su dormitorio. “No hemos tenido problemas de espacio. También han coincidido el salir unos y entrar otros, y estar cinco niños, contando las nuestras, en casa, o sea... una locura”, recordó Gloria.

Su relación con los niños que pasan por su casa es muy estrecha. “De repente aparece en la puerta de casa. Suele ser bebé, la verdad es que es más fácil, porque realmente lo que necesita es mucho, mucho cariño. Si son más mayores, primero es la mirada, esa mirada de “dónde me está metiendo esta gente”. Hay un período en el que el niño está desubicado y tú vas con pies de plomo para hacer lo posible para que el niño se vaya adaptando y que se encuentre cómodo. Y luego, una vez el niño ya siente una seguridad, pasan los días y entonces ya se suelta y ya es una relación normal como un hijo más”, apuntó la madre de acogida.

Las despedidas son el trance más doloroso, también para esta pareja, que asegura que “ claro que lo pasas mal, claro que lloras, pero es que por encima de esos malos días está el poder facilitar a estos niños lo que necesitan a esas edades, que es un entorno familiar adecuado y que él pueda crecer. Sabemos que vamos a pasar ese mal momento pero no queda otra. Porque valoras más lo que te da él que lo que tú aportas a ese niño”.

También la familia Peris Martí apuesta por la conveniencia del entorno rural como lugar de la acogida. “Hay casos de niños que interesan que el acogimiento sea fuera del entorno habitual de ese niño, porque es una retirada conflictiva, para que no haya posibilidades de que encuentre la familia al niño durante ese tiempo. Entonces es mejor trasladarlo a un entorno rural. A veces es mejor que esté más alejado de su zona de residencia”, explicó Pedro.

Sin embargo, los desplazamientos a la ciudad para atender las visitas con la familia biológica sigue siendo el principal inconveniente para ese alejamiento.