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La ayuda a domicilio, una atención más primordial que nunca en el confinamiento La ayuda a domicilio, una atención más primordial que nunca en el confinamiento
En Alfambra, Lourdes Gascón muestra una de las batas de plástico que utilizan para protegerse ante el coronavirus. Bykofoto / Antonio García

La ayuda a domicilio, una atención más primordial que nunca en el confinamiento

El personal de estos servicios ha sido fundamental en las vidas de los más mayores

La ayuda a domicilio a los mayores no ha dejado de prestarse, a pesar de que este año marcado por la pandemia de coronavirus la distancia social haya marcado nuestras vidas. Los auxiliares han seguido entrando a los hogares de los usuarios a los que atienden no solo para los trabajos domésticos sino, sobre todo, para esas atenciones personales que no se pueden dejar de prestar: levantarlos, asearlos, hacer las comidas o acostarlos para que la vida continuara. En la mayoría  de las ocasiones fueron las únicas personas a las que vieron durante meses y ellas -la mayoría son mujeres- se convertían en sus confidentes. Detrás, hay un equipo que les arropa y todos juntos han tratado de salir de las situaciones que en cada momento se han ido planteando.
Las comarcas en Aragón tienen transferidas las competencias de Servicios Sociales. El personal que trabaja en este área no olvida cómo vivieron los primeros meses de confinamiento en lo que la incertidumbre se cernía sobre todo. Pilar Guillén, directora de Servicios Sociales de la Comarca de la Comunidad de Teruel, recuerda que en aquellos primeros momentos le preocupaba sobre todo equipar a las auxiliares de domicilio, que todos los días tenían que salir a las casas para cubrir servicios que no se podían dejar de hacer, como levantar y acostar a los usuarios que requerían de esta ayuda. 
Guillén agradece las mascarillas que se hicieron desde las asociaciones de amas de casa que, aunque no estuvieran homologadas, eran necesarias por la dificultad que había para acceder al material de protección por la falta de suministro. “Había que tirar de lo que había”, dice. Como las batas hechas con plástico que proporcionaron también desde otra asociación. Se incrementó el presupuesto para material de 6.000 a 10.500 euros, pero esto no garantizaba poder hacer las compras por los problemas que había en todos los sitios para adquirir equipamientos.
No solo a las trabajadoras, también les entregaban mascarillas a los usuarios. En aquellos primeros momentos de confusión muchos se pensaban que al estar dentro de sus casas estaban ya protegidos, aunque entrara alguien de fuera.
Al principio, hubo algunas bajas tanto entre los usuarios, que prefirieron que no se les prestara el servicio doméstico, como entre las trabajadoras, aunque las atenciones personales no  dejaron de hacerse ni un día.
El servicio de ayuda a domicilio se fue adaptando así a la nueva situación. Quedaban huecos por los servicios que se dejaban de prestar pero enseguida se cubrían con otras ocupaciones para cubrir las nuevas necesidades. “Atendíamos a personas con covid y que no tenían a nadie que les atendiera”, comenta Guillén. Las demandas llegaban a las trabajadoras sociales y se iban distribuyendo. La directora destaca también el contacto que se estableció con los alcaldes de los municipios, que les iban canalizando las peticiones, por ejemplo, si hacía falta llevar comidas a domicilio o si había que desinfectar zonas determinadas, que se comunicaba a Presidencia o al centro de coordinación.
“Había usuarios que estaban muy malicos”, recuerda Guillén y otros los llevaban al hospital y había que atenderlos cuando volvían a casa. “Había casos en los que antes de la covid solo se iba un día a la semana para prestar el servicio de ayuda a domicilio y en el confinamiento hubo que ir todos los días, llevarles caldos, hacerles compras y lo que necesitaran”, dice. Y otras 85 personas que no tenían ayuda a domicilio fueron igualmente atendidas en esta situación recogiendo las peticiones a través de las trabajadoras sociales de cada zona que son “la entrada al sistema público de Servicios Sociales”.
Con 45 municipios, en esta comarca se han encontrado con que durante el año ha habido brotes en diferentes zonas en distintos periodos de la pandemia, pero las auxiliares no han dejado de ir a los domicilios para cumplir con su trabajo y eso significaba también compartir inquietudes. “La gente mayor se enfrenta a esta situación de otra manera, con todo el bagaje de lo vivido y con la preocupación más por sus hijos que por ellos”, apunta Guillén. “Nosotros nos preocupábamos por ellos pero ellos por los más jóvenes”. 
Aquí, reconoce la labor educativa que han tenido que hacer las auxiliares para tranquilizar a los usuarios ante esta situación sobrevenida, pero también para que siguieran una serie de pautas para evitar que se contagiaran, por ejemplo, las ventilaciones de las casas o el uso correcto de las mascarillas y el lavado continuo de las manos. También a la hora de explicarles por qué no podían salir de casa, sobre todo en los primeros meses cuando no podían ir a pasear.
Durante aquellos primeros meses de pandemia, hubo que animar a todas las auxiliares y compartir los problemas entre el equipo para darles tranquilidad. “Arroparnos entre nosotras es fundamental”, cuenta. Se trató además de simplificar los procedimientos administrativos para gestionar  las ayudas y peticiones y se trabajó en coordinación con el Gobierno de Aragón para que tuvieran una foto fija de todo lo que pasaba en el territorio a partir de los datos que se iban pasando desde la comarcas.  
El cierre de los bares y restaurantes supuso otro problema. Hay usuarios de los Servicios Sociales que van a diario a los comedores concertados para ello y en el confinamiento no pudieron acudir. Es un servicio que se convenia con los ayuntamientos y hubo restaurantes a los que les tuvieron que pedir que no cerraran la cocina para poder seguir dando el servicio. Las auxiliares colaboraban llevando las comidas a los domicilios, hasta que se pudo salir de casa y los usuarios o familiares que podían acudían a recogerla para llevarla a sus casas porque no se podía entrar en estos establecimientos.