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Alumnas de la quinta promoción de ATS de la Escuela de Enfermería de Teruel

La Escuela de Enfermería de Teruel ha formado a más de 1.200 profesionales en sus 50 años de vida

A punto de cerrar en dos ocasiones, se ha adaptado a las necesidades para seguir adelante

Más de 1.200 profesionales sanitarias se han formado en la Escuela Universitaria de Enfermería de Teruel que cumple este año su 50 aniversario convertida en un referente en enseñanza de calidad y que comenzó con apenas diez chicas internas que compaginaban las clases con las prácticas en la entonces Residencia Sanitaria de la Seguridad Social (actual hospital Obispo Polanco). A lo largo de su historia, el centro ha sabido hacer frente a las dificultades y mantener una oferta académica de primer nivel con una enorme implicación de su profesorado y del personal de los centros sanitarios.

Mari Carmen Górriz es quien mejor conoce la historia de la escuela, se formó en la segunda promoción y finalizó sus estudios en 1974. En 1976, pasó a ser secretaria y jefa de estudios, luego fue directora técnica y en el año 1996, fue nombrada directora de Escuela Universitaria, cargo que ejerció hasta su jubilación hace un par de años. Recuerda que el centro se fue adaptando a los requisitos y cambios que se marcaban desde la Administración y que tuvieron que luchar para que no se cerrara en dos ocasiones.

“Desde 1950 y hasta 1977 se crearon en España más de 130 hospitales de la Seguridad Social que dependía del Instituto Nacional de Previsión (INP) que se dio cuenta de que no tenía personal de enfermería para atenderlos y su solución fue crear una escuela en cada residencia. En Teruel se creó en 1970”, recuerda Gorriz.

Estos centros de formación de A.T.S. (Ayudante Técnico Sanitario) tenían unas características muy concretas eran solo para mujeres, tenían que tener 17 años y el bachiller elemental. La formación se hacía en régimen de internado y estaban en la tercera planta de la residencia sanitaria. El centro estaba adscrito a la Universidad de Zaragoza, dependiendo de la Facultad de Medicina. La primera promoción comenzó en octubre de 1970 con diez alumnas, el siguiente curso accedieron quince y ya en 1972 se ampliaron las plazas a 25.

“Desde el día uno en el minuto uno trabajábamos en el hospital. Teníamos clases por las tardes y por la mañana hacíamos prácticas, incluidos los sábados. Hacíamos guardias de noche, festivos y las vacaciones nos las partíamos. Así nos formamos nosotras”, recuerda Mari Carmen Górriz.

Entonces se daba una formación muy medicalizada, los profesores eran médicos.

Pero hubo varios cambios normativos y de las propias necesidades de la Administración sanitaria que hicieron peligrar la continuidad de la escuela turolense.

En agosto de 1977, el Boletín Oficial del Estado publicó una orden sobre la integración de las escuelas de A.T.S. en la universidad como Escuelas Universitarias de Enfermería, pero las necesidades de profesionales sanitarias que habían llevado a la creación de estos centros ya no eran las mismas y el INP planteó el cierre de algunas de ellas, entre otras, la de Teruel. Este organismo comunicó en 1978 su decisión de que este centro no se transformaba en escuela universitaria y se indicaba que no se convocaran plazas para ese curso. 

Pero desde Teruel no estaban dispuestos a abandonar, aunque les llevó tres años conseguir que no se cerrara y preparar la documentación necesaria para su transformación. Así el curso 1980-1981 estuvo cerrada pero en el siguiente, el 1981-1982, se retomó la actividad en una nueva etapa, con la primer promoción de Diplomados Universitarios en Enfermería (D.U.E.).

Sin embargo, de nuevo se intentó suprimir la escuela, con un nuevo escrito en octubre de 1986 ahora ya del nuevo organismo sanitario, el Insalud, con instrucciones para que ya no hubiera matrícula para el curso 1987-1988 pero la decisión tuvo una enorme repercusión. “Se implicó todo el mundo para que no desapareciera la escuela, las instituciones, el Consejo Universitario Local y la Universidad de Zaragoza con el entonces rector Vicente Camarena”, explica Górriz. Y, en febrero de 1987, las Cortes de Aragón aprobaron por unanimidad una proposición no de ley, presentada por Gregorio Garzarán, en la que se instaba al Gobierno de Aragón a realizar las gestiones necesarias para la continuidad del centro.

Se logró parar la decisión pero el camino no fue fácil porque fue necesario hacer un cambio profundo de adecuación de los contenidos de algunas asignaturas y sobre todo de la incorporación de profesionales de la enfermería en la docencia.

“Nos llamaron de Madrid y nos fuimos Alberto Larraz, que era director provincial del Insalud, y yo y nos atendió la Asesoría de Enfermería que tenía el Insalud y nos dijeron que, a pesar de que se había dicho que no se cerraba, si no hacíamos una serie de cambios para el siguiente curso se cerraría sí o sí. Alberto Larraz dijo: Pues de aquí no nos movemos hasta que nos digáis bien claro qué es lo que tenemos que hacer para no cerrarla. Así fue. Era una escuela muy medicalizada, una de las cosas que nos pidieron fue adecuar los programas y las plantillas, que en los contenidos de Enfermería se implicarán los profesionales de Enfermería”, relata la entonces directora.

“Aquí vinimos con toda la lista  a ver lo que hacíamos. Tuvimos que pedir ayuda a la dirección del hospital y a la del centro de salud. Tengo que decir que se implicó todo el mundo al máximo. Sabíamos que si no a la escuela le daban cerrojazo”, continúa. 

Así, empezaron con seis personas de colaboradores que eran profesionales de enfermería y cuatro impartiendo cuatro asignaturas completas. Pidieron ampliar la plantilla y se aumentó en el 1990-1991 con cinco enfermeras con dedicación plena, más a directora. 

“Empezamos a trabajar como se trabajaba en algunas de las escuelas del Insalud donde ya se había intervenido anteriormente. Nos asesoraron la escuela del Hospital  Puerta de Hierro y de La Paz en Madrid. Íbamos todos los años a cursos que eran de una calidad extrema”, señala Górriz.

El último gran cambio llegó en 2008 con la adaptación de los estudios del Plan Bolonia cuando se pasó de diplomatura a grado, de tres cursos a cuatro. Se tuvo que adaptar el programa académico pero Górriz asegura que no fue un gran cambio metodológico como so ocurrió para otras titulaciones o para centros muy grandes porque en la Escuela de Enfermería de Teruel, que tiene una treintena de estudiantes, la metodología del aprendizaje centrado en el alumnos y la formación práctica ya se hacía desde siempre.

Las sedes 

Junto a los cambios en el tipo de formación, la Escuela de Enfermería también se tuvo que ir adaptando a ubicarse en diferentes sedes, muchas veces con cambios motivados por las necesidades de espacio del Hospital Obispo Polanco.

La actividad comenzó en régimen de internado en 1970 en la tercera planta de la residencia sanitaria que entonces no se utilizaba para la actividad asistencial. Se trataba de una ubicación provisional a la espera de la construcción de la escuela que se inauguró en octubre de 1973, un edificio anejo al hospital con cinco plantas, cuatro de ellas destinadas al centro educativo y que actualmente es el edificio de consultas externas del Obispo Polanco. El centro estuvo en este espacio hasta el curso 1985-1986, cuando se necesitaban más espacios para el hospital.

El curso 1986-1987 comenzó en el instituto Santa Emerenciana de forma provisional, hasta encontrar otro edificio con más capacidad que finalmente fue el colegio público La Fuenfresca, donde estuvo durante cinco años.

En 1992, la escuela se trasladó a la quinta planta del hospital y en octubre de 2002 tuvieron que volver a moverse. Entonces las clases pasaron al colegio San Pablo y de allí, en 2004, a su actual ubicación en la avenida América.

Calidad

Todos estos avatares no han impedido formar con la mejor preparación a varias generaciones de enfermeras. Muchas de ellas continúan ahora trabajando en distintos centros sanitarios turolenses.

“La de Teruel es una muy buena escuela. Al principio éramos un poco humildes pero luego nos dábamos cuenta de que las cosas las hacíamos decentemente. Cuando había mucha demanda, la gente se iba a trabajar fuera y nos llamaban de las direcciones de enfermería y nos felicitaban por la preparación que tenían nuestros alumnos”, destaca Górriz. 

Para la antigua directora del centro, una de las claves de los buenos resultados está en la implicación de todo el mundo. “No hemos tenido muchos recursos materiales, esa es la verdad, pero hemos tenido un recurso muy bueno que ha sido el recurso humano. Los profesores se han implicado siempre al cien por cien y los compañeros de los centros y del hospital exactamente igual. Ese recurso nos ha valido de mucho y eso se ha traducido en que los alumnos se han formado muy bien”, asegura Mari Carmen Górriz que también resalta que los estudiantes llegan con muy buenos expedientes 

La actual directora de la Escuela Universitaria de Enfermería, María Ángeles Camacho, también destaca la atención personalizada y muy práctica entre los motivos del éxito. “El número de 33 alumnos por curso hay a gente que le sorprende pero tiene un motivo. Nos encantaría que fueran 100 pero un punto fuerte son las prácticas y los recursos que tenemos son los que son y por eso no se puede aumentar, para garantizar que eso se haga bien”, explica y recuerda que el curso pasado hubo más de 1.600 solicitudes de admisión. 

Camacho también subraya el alto grado de satisfacción de los egresados, algo que se destacó entre las fortalezas de la titulación por la Agencia de Calidad y Prospectiva Universitaria de Aragón (ACPUA) en las dos evaluaciones que han realizado, en 2014 y 2015. 

“Creemos que es una escuela fuerte en cuanto a contenidos y metodología y vamos incorporando lo que la sociedad nos va demandando. Ahora lo que la sociedad pide es formación Covid eso estamos haciendo. Luego las nuevas tecnologías, como todo el mundo nos hemos tenido que readaptar y ahí están cámaras de streeming”, comentó la directora del centro.

La integración en la Universidad, el gran asunto pendiente para el futuro

La Escuela Universitaria de Enfermería de Teruel pertenece al hospital y es centro adscrito de la Universidad de Zaragoza, sus estudiantes son alumnos de esta universidad pero su personal no y desde hace años se viene reclamando la plena integración en la institución académica.

La anterior directora del centro, Mari Carmen Górriz, asegura que siempre ha habido un tira y afloja entre los responsables sanitarios y los universitarios y que, aunque en muchas ocasiones se aseguró que estaba a punto de conseguirse, por ahora sigue pendiente. 

La directora actual, María Ángeles Camacho, reconoce que es “el tema estrella” y una aspiración desde hace mucho y explicó que el rector en funciones de la Universidad de Zaragoza, José Antonio Mayoral, les ha explicado que ya está hecho el estudio para la integración y ahora solo faltaría la aprobación por la Consejería de Universidad. 

“Para la Escuela supondría que los estudiantes estarían integrados con el resto de los alumnos en el Campus y que el profesorado sería de la Universidad que ahora no lo es y, sobre todo, formar parte de la comunidad universitaria”, argumenta Camacho que se muestra partidaria incluso de que las clases teóricas pudieran darse en el Campus.

“Hay que estar cerca del hospital pero para los alumnos lo más importante es estar con sus compañeros, formar parte del ámbito universitario”, afirma.

En este sentido, aunque en el nuevo hospital que se está construyendo en El Planizar está previsto espacio para la escuela, la directora plantea que en el antiguo edificio de Anejas donde está previsto el crecimiento universitario “no estaría mal” para la parte teórica de la formación. “Se pueden compartir recursos. Los chicos  echan de menos cosas básicas como un servicio de reprografía, el gimnasio o la cafetería... El ambiente universitario creo que es importante en el desarrollo como persona para compartir inquietudes”, detalla.