Síguenos

120_-1200x150-remamos-b.gif banner click 120 banner 120

La odisea de alquilar piso en Teruel: poca oferta en una ciudad con muchas viviendas cerradas

El precio medio está entre 400 y 500 euros, unos 100 por encima de lo normal

Alquilar un piso en Teruel sigue siendo una odisea a pesar del amplio parque de vivienda vacía que existe en la ciudad. Algunas inmobiliarias aseguran que es tal la demanda que en 24 horas puede estar alquilado un piso debido a la escasa oferta que existe, aunque los filtros y exigencias de los propietarios también han aumentado y no cualquiera tiene posibilidades de acceder a lo poco que sale al mercado. Hay inquilinos que se quejan de haber tardado hasta cuatro meses en conseguirlo, mientras que los propietarios buscan la seguridad y cada vez acuden más a las inmobiliarias para quitarse problemas de encima, tener más protección legal y que sean profesionales quienes les hagan el filtro.

La pandemia del coronavirus y el confinamiento han revalorizado los pisos más soleados y con espacios abiertos y está habiendo un éxodo de quienes prefieren alquilar hacia ese tipo de viviendas, siempre que se encuentren en el mercado. Algo parecido ha sucedido con la venta, aunque en esto no coinciden las inmobiliarias consultadas. Lo que sí se mantiene es el ritmo de venta de viviendas tras el parón obligado que supuso el distanciamiento social durante el estado de alarma.

De hecho, los precios en que se sitúan en estos momentos los pisos de alquiler, entre 400 y 600 euros, está animando a algunas personas a optar por la compra puesto que así consiguen mejores viviendas y por un poco más se meten en una hipoteca. Todo depende por supuesto del plan de vida de cada uno, puesto que si se está de paso por la ciudad para trabajar solo durante un tiempo, la única opción que queda es el alquiler.

El problema es que viviendas para alquilar hay pocas. Si uno echa un vistazo en las webs de las inmobiliarias turolenses se encontrará con decenas de alquileres de locales comerciales y oficinas por apenas 300 euros, pero con muy poquitos pisos para vivir, todos por supuesto por encima de los 400 euros.

En las inmobiliarias está habiendo incluso consultas de propietarios de locales que están viendo cómo reconvertirlos en viviendas de alquiler, algo prácticamente imposible por el tipo de licencias que se requiere.

Además, hay propietarios de apartamentos turísticos que al haber disminuido el turismo han optado por alquilar los pisos a cuadrillas de trabajadores, al menos hasta que pase la pandemia y todo vuelva a la normalidad, puesto que el otoño tampoco presenta buena cara para este sector.

Pisos sigue habiendo para comprar, de segunda mano por supuesto porque promociones hay pocas y se compra sobre plano, pero lo que no hay son viviendas de alquiler. Es un problema patente en el medio rural y que dificulta el asentamiento de nuevos pobladores, pero es que en la capital de la provincia pasa lo mismo y los motivos son similares.

Muchos pisos sin ocupar

Hay muchos pisos vacíos en la capital, una situación que no es de ahora sino que viene de antiguo. Lo constata así Sergio Puerto, de la inmobiliaria Fincater, quien afirma que “en Teruel siempre ha habido carencia de pisos de alquiler”, porque la gente de los pueblos compra vivienda en la capital pero la guarda para los hijos y le da miedo alquilar.

A las inmobiliarias apenas les entran pisos para rentar a inquilinos y cuando lo hacen “se alquilan con bastante facilidad, depende de las exigencias del propietario”, afirma Puerto, quien estima que en una semana o diez días puede estar alquilado si a sus propietarios les convence la persona que quiere alquilarlo.

Laura Bonillo, de Bonillo Inmobiliaria, ratifica esta percepción. “En Teruel siempre ha habido muy poca vivienda de alquiler, yo tengo lista de espera y conforme entran los pisos los alquilo, no tardan ni 24 horas”, afirma. 

Ante esta situación lo que se impone es la ley de la oferta y la demanda. Desde hace dos o tres años, los precios de alquiler se han situado entre los 400 y los 500 euros, explican en varias inmobiliarias. Los hay por debajo, nunca por menos de 300, y no suelen estar arreglados. Los grandes pueden llegar a los 600 euros, y por encima de ese precio es muy difícil alquilar. 

Además, al tener garantizado el alquiler, los propietarios no tienen prisa y esperan hasta que aparece el inquilino que más se ajusta al perfil de lo que quieren: funcionarios a ser posible, si no tienen hijos mucho mejor y las mascotas descartadas por completo. 

Los inmigrantes no lo tienen fácil, puesto que los propietarios suelen asociarlos a problemas tanto por los problemas de pagos que pueda haber como por el cuidado de los pisos. Las inmobiliarias consideran que no tiene por qué ser así, pero la idea generalizada entre los dueños de viviendas es esa y es difícil de erradicar.

Eso puede frustrar muchos planes de gente que quiere asentarse en Teruel porque ha encontrado un empleo. Es lo que le sucedió a Iván, que el año pasado se trasladó con su mujer y sus dos hijos a la capital procedente de un pueblo del Bajo Aragón al haber encontrado trabajo su mujer.

Iván y su familia tardaron cuatro meses en poder encontrar un piso en condiciones. Tanto es así que primero se trasladó la mujer y alquiló una habitación por 150 euros. Llegaron a dudar de que conseguirían piso, sobre todo después de ver uno por 350 euros en San León viejísimo, con la instalación eléctrica y las tuberías por fuera de las paredes, además de no tener calefacción. Al final consiguieron uno por 420 euros, cuatro meses después, a través de una inmobiliaria. Un amigo suyo que se ha instalado en Teruel ha tenido el mismo problema.

Una pareja con dos hijos, y que prefiere no dar nombres, relata el mismo problema para encontrar vivienda. Aseguran que los precios son altos y muchos propietarios prefieren alquilar a estudiantes. “Algunos da pena verlos y piden 450 euros, sin ascensor y ventanas de madera que no cierran bien”, afirman. Si se busca algo más grande, de tres habitaciones, sale más a cuenta meterse en una hipoteca.

Es por lo que optaron Pilar y Francisco al finalizar el confinamiento. Siempre habían vivido de alquiler y hace poco tuvieron un bebé. Durante el estado de alarma el piso en el que vivían, de 58 metros cuadrados, se les hizo más que pequeño y decidieron buscar otro de alquiler más grande. “Cuando vas a un piso de cuatro habitaciones se te va de 500 para arriba”, cuenta Francisco, por lo que al final decidieron comprar al haber esos precios ya que al ponerse en un pago entre 500 y 600 euros “ya te sale más o menos a tiro la hipoteca”.

En este último caso su perspectiva era seguir viviendo en Teruel, pero cuando se trata de gente que está de paso o no está todavía asentada, la única opción es pagar un alquiler por encima de lo que sería normal en una ciudad como Teruel, que estaría unos 100 euros por debajo de los precios actuales, según reconocen los propios profesionales del sector inmobiliario.

Hay casos como el de un funcionario que es turolense y que ha conseguido su destino en Teruel, que se muestran quejosos por los precios elevados que tienen los alquileres. No quiere dar su identidad ni hablar, pero asegura que está arrepintiéndose de haber elegido como destino Teruel por lo complicado que le estaba resultando encontrar un piso de alquiler por un precio razonable.

Entre los propietarios de viviendas prima la seguridad de saber que alquilan el piso a alguien que va a pagarles, no les va a causar problemas y tampoco va a provocar destrozos. Si pueden alquilan a conocidos, porque es una garantía, como afirman Ángel y Siobhan, que tienen un piso libre en proceso de alquilar.

Esta pareja cuenta que lo van a rentar a través de una inmobiliaria, porque la primera vez llamó mucha gente. No tienen prisa y quieren elegir bien al inquilino. Con el primero que tuvo alquilado el piso, después de haber vivido ellos en él, tuvieron problemas y no quieren complicaciones. Piden 500 euros por un piso de tres habitaciones, además de los gastos de comunidad, incluida una plaza de garaje y trastero. Saben que ahora hay mucha demanda y que están pidiendo por ahí 400 euros por pisos sin calefacción. “Lo único que buscamos son personas normales porque nos hemos llevado chascos”, afirma Ángel.

Carlos es propietario de otros dos pisos de alquiler en el Centro y la experiencia le ha llevado a desconfiar de cualquiera. “Intento hacer una selección, le enseñamos el piso y te fías de tu instinto”, explica. Hace años recuerda que costaba más tiempo alquilar, pero que la vez anterior que lo hizo cuando estaba metiendo la oferta en una plataforma en internet empezó a sonarle el teléfono para interesarse ya por él, “antes de que cargara las fotos”, precisa.

Hace cuatro o cinco años costaba más alquilar un piso, pero ahora salen rápido, tanto los que se ofertan en las plataformas en internet como los pocos de que disponen las inmobiliarias, que también son exigentes a la hora de ofrecer una vivienda digna.

Así lo cuenta Sergio Puerto, de Fincater, quien reconoce que hace veinte años a los propietarios les costaba recurrir a las inmobiliarias, pero ahora lo hacen más porque han visto que se les ofrece un servicio “extra de asesoramiento legal”, además de hacerles toda la gestión. “Nosotros lo que hacemos es solucionarles los problemas, darles un plus”, cuenta Puerto.

Ahora empiezan a buscar ya piso en alquiler estudiantes, y hay propietarios que buscan ese tipo de alquiler, ya que si lo hacen por habitación pueden llegar a cobrar un poco más por toda la vivienda y sacarse al mes entre 550 y 600 euros.

 Laura Bonillo cree que el poco mercado de alquiler que hay va a acabar por ser un problema cuando se activen las obras públicas y vengan cuadrillas a trabajar en proyectos como la ampliación del Aeropuerto, “porque como no se vayan a vivir a Valencia no sé dónde lo van a hacer, porque tenemos todo Teruel alquilado, incluidos los barrios pedáneos”.

Desde Bonillo Inmobiliaria aseguran que en los últimos meses se ha visto un movimiento de la gente que vivía de alquiler en pisos más oscuros y cerrados hacia otros que tuvieran algo de terraza, mientras que la venta se mantiene en los niveles propios de esta época del año.

Bonillo asegura por otra parte que hay propietarios de locales que ante las dificultades de alquilarlos, porque hay mucha oferta y nada de demanda, se están interesando por adaptarlos a viviendas, pero es difícil por no decir imposible. “No es fácil cambiar la licencia, tiene que cumplir con unos requisitos de habitabilidad y los locales suelen ser sin ventilación, la fachada solo”, explica.

Demanda de espacios abiertos

RM Inmobiliaria apenas tiene pisos en alquiler, pero lo que han notado tras el confinamiento es un interés creciente de la gente de Teruel por la compra de viviendas más amplias. Es algo que también han notado en Fincater. “Es como que la gente se hubiese dado cuenta que no estaba viviendo en un sitio a gusto y buscan sitios con terraza y casas unifamiliares”, explica Sergio Puerto.

Sara Soriano, de RM Inmobiliaria, afirma que la gente está buscando viviendas con espacios más amplios y que ha aumentado la búsqueda de chalets y parcelas. Sobre plano han vendido pisos con grandes terrazas y la gente quiere vivir en espacios al aire libre, y tras el confinamiento se dispararon las búsquedas de segundas residencias en Gúdar-Javalambre desde la Comunidad Valenciana.

Soriano afirma que tras el confinamiento está habiendo un interés por la adquisición de chalets, viviendas unifamiliares y terrenos. “Ahora de hecho lo que estamos haciendo es una campaña de captación de clientes que tengan terrenos, chalets o viñas viejas para que les gestionemos nosotros la venta, porque precisamente ahora es el momento que más clientela tenemos para ese tipo de productos”, explica Soriano, puesto que se ha demandado tantísimo que no hay oferta y ahora hay que buscar a quienes tienen esas parcelas para gestionar su venta porque la gente quiere comprar eso.

Poca oferta y mucha demanda marcan los precios altos de los pisos en Teruel

La poca oferta y la mucha demanda es lo que hace que los precios de alquiler de vivienda en Teruel estén por encima de lo que sería normal. Un piso cuesta alquilarlo, como media, entre 400 y 500 euros. El propio sector inmobiliario reconoce que esos precios están 100 euros por encima de lo que sería normal para Teruel si hubiese más pisos en alquiler, pero hay mucha vivienda cerrada en la ciudad que ni se alquila ni se vende.

El perfil del inquilino idóneo que más se busca es un funcionario sin hijos ni mascotas

Al haber tan pocos pisos de alquiler en la ciudad, los propietarios tienen la posibilidad de cribar más que nunca a quién quieren que sea su futuro inquilino. Las inmobiliarias hacen de filtro y alquilar una vivienda cuesta solo el tiempo que el propietario tarda en decidirse entre quienes quieren alquilarlo. El inquilino idóneo es una persona que sea funcionaria, sin hijos y sin mascotas. Muchos propietarios rechazan también a los inmigrantes.

El alquiler a trabajadores se convierte en alternativa para los pisos turísticos

Ante el descenso del turismo hay apartamentos turísticos que están encontrando en el alquiler temporal a trabajadores de contratas una alternativa para capear la crisis del sector. Se trata de pasar los meses duros de la pandemia hasta que todo vuelva a la normalidad y se reactive el mercado turístico.

Sergio, que posee un apartamento turístico en la capital, es lo que ha hecho, y asegura que le está yendo bien. Empezó con unos trabajadores de la planta fotovoltaica que se está construyendo en Cañada Vellida y ahora ha vuelto a alquilarlo a otra cuadrilla de obreros que están trabajando temporalmente en la provincia.

El propietario del apartamento turístico explica que no hubo Vaquilla y Dinópolis abrió en la segunda semana de julio, por lo que tampoco había demanda en el mercado y en cambio sí mucha oferta en las plataformas como Booking. Le surgió la posibilidad porque se lo comentaron en una inmobiliaria, ya que hay demanda de alquiler de pisos, y asegura que está contento. Aunque no es el mismo dinero, compensa dada la situación por el Covid. Además, no lo quiere tener alquilado por mucho tiempo, solo hasta que pase la pandemia.