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La tercera jornada del juicio a Feher: la viuda de Iranzo pide que “se haga justicia y que se sepa todo lo que ocurrió” La tercera jornada del juicio a Feher: la viuda de Iranzo pide que “se haga justicia y que se sepa todo lo que ocurrió”
La mujer de Iranzo mirando a Feher

La tercera jornada del juicio a Feher: la viuda de Iranzo pide que “se haga justicia y que se sepa todo lo que ocurrió”

Eva Febrero testifica con firmeza y reclama la “máxima pena” mirando cara a cara al criminal Norbert Feher

La viuda de José Luis Iranzo, Eva Febrero, pidió justicia en la vista que se celebra contra Norbert Feher reclamando la “máxima pena” y que “se sepa todo lo que ocurrió” aquel nefasto mes de diciembre de 2017, cuando este ganadero y líder sindical murió a manos del fugitivo serbio al igual que los guardias civiles Víctor Romero y Víctor Jesús Caballero, nueve días después de que dos personas fueran heridas en Albalate del Arzobispo y sin que los habitantes de la zona vieran que estuviese garantizada su seguridad durante ese tiempo. Febrero testificó con firmeza para relatar cómo vivió aquella jornada y recordar que su marido llevaba tiempo reclamando más seguridad en el medio rural y que anteponía el interés colectivo al suyo particular. Tras declarar miró a la cara al acusado, que le mantuvo la mirada, antes de abandonar la sala de vistas.

La declaración de la viuda de una de las víctimas, la única citada como testigo, fue uno de los momentos clave del juicio con jurado popular que comenzó el pasado lunes y cuya práctica de la prueba se prolongará finalmente hasta el próximo lunes, a pesar de que en principio estaba previsto que finalizara el viernes.

Lo hizo en la jornada del miércoles por la tarde, después de que declararan los agentes del Seprona que encontraron, semanas después de la detención, otra pistola de Feher que este había escondido en un corral. El día anterior ya había declarado el padre de Iranzo, que estaba aguardando a su hijo en el Mas del Saso, vio entrar furtivamente a una persona en el masico y al rato escuchó los dos disparos que acabaron con la vida de su hijo.

Febrero declaró a preguntas de su abogado, Enrique Trebolle, que estaba personada como acusación particular con su familia para “lograr la máxima pena” para Feher por los crímenes cometidos, y reclamó “que se haga justicia y se sepa todo lo que ocurrió”.

Trebolle le pidió que explicara cómo era José Luis Iranzo y la viuda dijo que aparte de ser “una persona maravillosa” era alguien que estaba “super comprometido con el mundo rural”, como demostró profesionalmente con su actividad agrícola y ganadera y su labor en los sindicatos UAGA y COAG.

“Era un gran defensor del medio rural, de la agricultura y la ganadería, de poder vivir en los pueblos y de luchar contra la despoblación”, relató la testigo, que recordó que “siete años antes había denunciado públicamente los problemas de seguridad en el medio rural”.

Destacó que era una persona “comprometida que anteponía los intereses de los demás antes que los nuestros mismos”, e incidió en que la seguridad en el medio rural era una de las cuestiones por las que había luchado para que sus habitantes pudieran tener arraigo y “no tuviera que marcharse de los pueblos y que pudiera vivir dignamente en el mundo rural”.

El abogado de la viuda de Iranzo ha presentado un informe pericial sobre la responsabilidad civil de Feher por el crimen cometido y que se verá mañana viernes. Febrero explicó que su obligación era intentar hacer todo “lo mejor posible” y que a través de su letrado se había encargado dicho informe pericial a una auditoría de solvencia e independiente.

A preguntas de Trebolle explicó también cómo vivió aquella trágica jornada. Dijo que sobre las once y media de la mañana le llamó José Luis Iranzo para contarle que habían entrado por la ventana al masico para robar y que después se tomaron un café en el pueblo.  

Avanzando desde Albalate

La testigo comentó que eso no le sorprendió “porque ya llevaban varios días, desde el día 5, que había robos en la zona, que estratégicamente se iban moviendo de Albalate hasta Andorra”. Al escuchar a su marido pensó que el delincuente había llegado ya hasta el Mas del Saso: “Ya está en esta zona porque lo esperábamos, en el fondo, en el sentido de que se veía que iba trazando los robos ordenadamente en el borde de la carretera subiendo desde Albalate hasta Andorra”.

Consideró que eso era evidente porque también el día de antes hubo una denuncia a 500 metros en otro masico, en donde Iranzo había estado con el propietario y un guardia civil y habían hablado del tema. “Ya sospechábamos que podía estar por la zona”, algo que insistió que no les sorprendía porque el agente le había dicho el día anterior “que tuviera cuidado y que si veía algo les avisara”.

Mientras tomaron ese cafe, la mujer de Iranzo le pidió que “tuviera cuidado” porque estaban “todos asustados”. “La comarca entera estaba asustada, la comarca entera sabía que era muy peligroso porque había habido unos disparos con arma corta y no con escopeta, que era lo normal, y que pudiera haber sido otra cosa; y además que había sido con una intención de matar y no se había restaurado la seguridad en la zona desde el día 5”, dijo Eva Febrero, que precisó que “no veíamos ningún dispositivo especial” desde el tiroteo de Albalate en el que resultaron heridas dos personas.

Contó que rogó a Iranzo que tuviera cuidado porque el fugitivo tenía un arma corta y desde la batida que había habido el día 8 con perros y un helicóptero en Albalate, que no en Andorra, no se había desplegado ningún dispositivo de seguridad en la zona. “Solo estaban los pobres guardias intentando hacer lo que podían con lo que podían”, algo que aseguró que “era evidente” porque es lo que veían.

Le pidió que denunciara en la Guardia Civil porque era el mismo modus operandi y porque de esa manera podía reclamar a las autoridades “información y seguridad”. Manifestó que no tenían información y que no sabían tampoco lo que estaba ocurriendo después de los disparos de Albalate. “No podíamos tomar la decisión de decir no voy al mas, o voy a pedir ayuda para que me acompañen”, dijo, por lo que le pidió también que contactara con el comandante de Alcañiz por si ellos tenían algún dato más.

La explotación agrícola y ganadera de la familia Iranzo es la única de la zona y tras la entrada en el masico la noche anterior se sabía que había llegado ya hasta allí e iba a seguir. “Ya estaba al lado del pueblo”, comentó, y que lo que querían era seguridad. Explicó que en el mas tenían a cuatro trabajadores “y sabíamos que iba a volver porque es que era lo normal porque estaba haciéndolo con todos los masicos que, ordenadamente, iba abriendo uno tras otro”.

Explicó que después llamaron a su marido varias veces para que acudiese al cuartel a la hora de la comida y que tras despedirse de su hijo de 4 años y de su madre se marchó. “Nos quedamos tranquilos porque iba con la Guardia Civil”, indicó la viuda en su declaración.

Aquella tarde ya no supo más de él hasta que al volver a casa le contaron que su marido había fallecido y que no se lo creyó entonces, por lo que acudió una y otra vez al cuartel y al centro de salud para conocer lo que había pasado sin que nadie le diera explicaciones. Precisó que lo hizo así al menos hasta veinte veces yendo sola, hasta que un amigo de su marido la recogió con el coche y la acompañó para seguir haciendo el mismo recorrido “intentando entender qué estaba pasando y que alguien me dijera algo porque no sabía nada”.

Aseguró que tardaron mucho en decirle oficialmente lo que había ocurrido, y que fue un conocido que es político quien le confirmó que su marido había fallecido. El resto de las partes no preguntaron a esta testigo y tanto la fiscal como las acusaciones le expresaron sus condolencias, que agradeció y aprovechó también para expresar su pésame a los familiares de los dos agentes igualmente asesinados.

Cruce de miradas

Durante la declaración Feher siguió impasible su testimonio desde la cabina de seguridad. Al principio el presidente de la sala pidió que se echara la persiana de la misma para evitar el contacto visual, pero la testigo dijo que no era necesario. Entró, testificó de pie y al terminar su declaración se giró a la izquierda y miró fijamente durante un instante al acusado, que le mantuvo la mirada, antes de abandonar la sala.

Fue la última testigo en declarar de una jornada que se desarrolló en tres partes, dos por la mañana y una por la tarde, y que en total apenas duró unas tres horas, a diferencia del día anterior cuando las pruebas testificales se prolongaron a lo largo de más de ocho horas.

La jornada comenzó con la declaración por videoconferencia del propietario del corral donde el 2 de febrero de 2015, semanas después del triple crimen, dos agentes del Seprona encontraron otra pistola que había escondido allí Feher bajo un montón de latas vacías de cerveza y otros desechos. El propietario, una persona ya mayor, comentó que aquello estaba abandonado y certificó que el arma no era suya. “¡Cómo va a ser mía!”, exclamó, si bien su testifical es pertinente en el proceso judicial porque a Feher se le acusa también de tenencia ilícita de armas. La de este corral era la tercera pistola que llevaba consigo Feher cuando llegó a la zona y que dejó escondida allí. En el momento de su detención cargaba dos pistolas traídas de Italia con las que cometió los asesinatos de Iranzo y de los dos guardias civiles, además de las dos armas reglamentarias que robó a los agentes que abatió la noche del 14 de diciembre.

También declararon los guardias civiles del Grupo de Información de Castellón que detuvieron a Iranzo en las inmediaciones de la carretera A-226 entre Cantavieja y Mirambel, después de que una patrulla del puesto de Alcalá de la Selva les hubiese marcado la posición al encontrar el vehículo con que se dio a la fuga en la cuneta de la vía.

Detención

Los guardias de Castellón explicaron cómo al llegar, hacia las 2:45, rebasaron la pick up accidentada, dieron la vuelta y tras volver a pasar junto a ella, a unos 500 metros dejaron el vehículo en un camino de tierra, donde vieron una mochila y otros bultos. Apagaron las luces y caminaron con sigilo por los laterales del camino hasta que a los pocos metros vieron el cuerpo tendido boca abajo con la cabeza ladeada, abalanzándose sobre él y sorprendiéndole para reducirlo y detenerle. Bajo la cara tenía una pistola preparada para abrir fuego, llevaba al cinto otra de las armas robadas a los agentes a los que mató, y un machete en el pecho.

Pronto empezaron a llegar allí otros efectivos y miembros del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil lo trasladaron a la Comandancia de Teruel. Antes, a las cinco de la madrugada, agentes de Tráfico le hicieron dos pruebas de alcoholemia. En la primera arrojó una tasa de 0,46 y en la segunda de 0,47 miligramos por litro de aire espirado. Reconoció que había bebido pero los guardias declararon que su aspecto era normal y relajado, si bien olía a alcohol. Uno de ellos incidió en que estaba “extremadamente tranquilo y relajado, como si no pasase nada”.

Entre los testigos planteados por la defensa que declararon estuvo el subdirector médico del centro penitenciario de Zuera, donde fue trasladado tras pasar los primeros días en la prisión de Teruel. Para sorpresa del letrado que lo propuso dijo que conocía al recluso pero que él no lo había tratado porque sus labores no son asistenciales. No obstante, al haber echado mano del expediente explicó que solo se le había tratado por una gastritis crónica y que no había nada más destacable. Añadió que había mostrado desconfianza hacia los profesionales, que había estado en régimen cerrado por su clasificación pero que podía salir unas horas al patio, aunque no quería hacerlo. A preguntas de las acusaciones el testigo explicó que no había presentado ansiedad ni ningún otro síntoma, y que tampoco había aceptado ser derivado hacia los servicios de psiquiatría.

En la jornada del miércoles declararon igualmente agentes de la Policía Judicial que llevaron a cabo las diligencias de los efectos intervenidos a Feher y que aseguraron que se había preservado la cadena de custodia. También testificaron guardias que apoyaron las gestiones tras ser entregado en la Comandancia, donde se acogió a su derecho a no declarar, y se comprobó que había órdenes de extradición emitidas desde Roma y Belgrado.

La práctica de la prueba testifical se alargará hasta el lunes

La práctica de la prueba testifical se alargará hasta el lunes, por lo que probablemente el inicio de las deliberaciones del jurado popular no comenzará por lo menos hasta el martes de la próxima semana. Hoy está previsto una testifical y después comenzarán las pruebas periciales, que se prolongarán hasta el viernes. Ese día se esperaba que pudieran presentarse los informes finales de las partes, pero al quedar pendientes todavía algunas testificales no podrán hacerse hasta el lunes.

Los testigos que quedan por declarar son un vecino que acompañó a los agentes en una de sus inspecciones por la zona, así como dos guardias civiles, a los que no se les pudo tomar testimonio el martes al prolongarse los interrogatorios. También un Policía Nacional, que no compareció y que ha sido citado para el lunes, ya que otro se encuentra fuera de España.

Estaba preparado para seguir matando de haber podido cuando fue detenido

De haber podido, Norbert Feher hubiese seguido hiriendo o matando seguramente durante su fuga tras haber cometido el triple crimen de Andorra nueve días después de la doble tentativa de homicidio de Albalate del Arzobispo. En el momento de su detención lo pillaron dormido en un camino forestal en la zona de Cantavieja tras haber bebido y sufrir un accidente con la pick up que había robado. Al iluminarle con las linternas los agentes que le detuvieron y levantar la cabeza el delincuente, entre su cara y el suelo tenía lista la pistola Smith&Wensson con un proyectil en la recámara listo para disparar. La rápida actuación de los agentes neutralizó a Feher y evitó que siguiera dejando un reguero de sangre en la huida que había iniciado en Italia tras matar también allí a otras dos personas.

Los dos agentes del Grupo de Información de Castellón que procedieron a su detención en torno a las tres de la madrugada del 15 de diciembre de 2017 declararon en la tercera jornada del juicio por estos hechos y explicaron cómo el fugitivo tenía preparada una de las armas para disparar, portaba al cinto una de las pistolas robadas a uno de los agentes a los que acababa de dar muerte en el Mas de Zumino, y en una funda en el pecho llevaba preparado también un machete de montaña de grandes dimensiones.

A la pregunta de los abogados sobre si intentó dispararles, uno de los agentes manifestó que “no le dimos opción”, por lo que tampoco pudo reaccionar al encontrarse dormido y acercarse a él sigilosamente por los laterales del camino donde estaba tras haber tenido el accidente de tráfico con el vehículo robado propiedad de Iranzo y haber consumido alcohol.

Los dos agentes relataron que cuando a apenas un metro y medio o dos metros encendieron las linternas dirigiendo el haz de luz hacia su cabeza, puesto que estaba boca abajo con la cabeza ladeada, levantó la cara y al hacerlo apareció bajo ella la pistola cromada Smith&Wensson. Tras reducirlo y ponerle los grilletes, uno de los agentes pudo comprobar que tenía un cartucho dispuesto para abrir fuego.

Llevaba puesto el cinturón que había robado a uno de los guardias civiles a los que mató, con la funda y la pistola reglamentaria Beretta, y llevaba puestos los guantes anticorte que emplean los agentes en su labor. A ello se sumaba un machete de montaña de grandes dimensiones en una funda de cuero y que llevaba en el pecho.

Tras inmovilizarlo, ponerle los grilletes y quitarle las armas, lo llevaron al vehículo y le leyeron sus derechos, tras lo cual pidieron apoyo. Los agentes comentaron que llevaba alguna magulladura en la cara, posiblemente a raíz de salirse de la carretera, y que al margen de ese detalle “estaba muy tranquilo”.