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Noche tranquila en Teruel con fuerte presencia policial en las calles y muchos turolenses visitando el Torico Noche tranquila en Teruel con fuerte presencia policial en las calles y muchos turolenses visitando el Torico
Control de alcoholemia, este domingo. Javier Escriche

Noche tranquila en Teruel con fuerte presencia policial en las calles y muchos turolenses visitando el Torico

Segundo año consecutivo sin poder celebrar la Vaquilla por la covid
Cruz Aguilar
Tranquilidad en Teruel en el segundo año sin poder celebrar la fiestas de la Vaquilla por la covid. Con una fuerte presencia policial en las calles, no se han registrado incidentes destacados, informa la Policia Local. Muchos turolenses aprovecharon el sábado por la noche para hacer una visita al Torico, que luce el pañuelo rojo colocado por dos representates de la peña El Agüelo.

"Torico espéranos, volveremos". La frase es del presidente de Interpeñas, Carlos Perales, pero la suscriben los miles de turolenses que cada año se visten de blanco y rojo para celebrar una catarsis comunitaria que, aunque hace más falta que nunca, tendrá que esperar a 2022. Carmen Navarro y Baldomero Castro, de la Peña El Agüelo, integrada únicamente por jubilados, fueron los encargados de ponerle el pañuelico al Torico, aunque no para dar inicio a las fiestas, como marca la tradición, sino como homenaje a los mayores, que son los que peor lo han pasado en esta pandemia generada por el coronavirus, y en el marco de un acto –el único que habrá en todos estos días– que se celebró por la mañana y fue un llamamiento a la responsabilidad para que , como dijo con la voz quebrada Emma Buj, alcaldesa de Teruel,“Al año que viene podamos decir ¡Viva la Vaquilla!”.

Emoción en tres tiempos es lo que vivieron los que estaban por la mañana en la plaza del Torico durante la puesta del pañuelico más atípica de la historia, como si la mente visualizara tres pantallas, con un año en cada una. El momento presente, un cálido recuerdo a los mayores que tanto han sufrido la pandemia, representados por Carmen Navarro y Baldomero Castro, convivió con los múltiples recuerdos del pasado que se agolpaban desafiantes en la mente de todos y que hicieron aflorar más de una lágrima. A ambos paréntesis, el onírico y el real, se sumó un tercero, aún más imaginario, el de cómo será la Vaquilla de 2022, esa que todos los turolenses esperan con ansia, en la que piensan en los momentos de bajón, la que les ayuda a sobrellevar las dificultades de un virus que ha provocado grandes pérdidas a todos los niveles.
Dos turolenses vestidos de vaquilleros se forografían con el Torico

Observar cómo los vaquilleros de la peña El Agüelo ascendían en una grúa fue muy distinto a ver trepar a los peñistas arropados por una marea humana a las 4:30 de la tarde del sábado de la Vaquilla. Pero en todas las retinas se alternaron ambas imágenes, la de un pasado de fiesta intensa y la de un present donde la responsabilidad tiene que ser el escudo del que este año hagan gala todos los peñistas. En el pañuelo que le colocaron no pone Vaquilla 2021, porque en este 2021, como ocurrió en 2020, no hay Vaquilla, la covid se la ha llevado, como a tantas otras personas a las que con el simbólico acto de la puesta del pañuelico rojo se recordó ayer por la mañana.

Lo que no cambió para nada fue la emoción de ver cómo Baldomero Castro y Carmen Navarro vestían a un Torico que espera, como buen turolense que es, que en el 2022 haya miles de personas gritando enfervorecidas a sus pies. Son los peñistas más veteranos que han vestido al Torico y, tras hacerlo, le estamparon un sonoro beso, aunque para ello tuvieron que encaramarse en la cesta de la grúa. “Ya le habíamos puesto el pañuelo pero nos faltaba algo, nos faltara besar al toro”, indicó Carmen Navarro tras bajar. Ambos eran conscientes de que ser protagonistas en un acto así es un privilegio al alcance de muy pocos, aunque, como destacó Navarro, “nos ha tocado por lo que nos ha tocado, ojalá no hubiera sido así”. La mujer indica que aunque tiene vértigo la emoción le impidió sentirlo y, de hecho,

El himno a la Vaquilla sonó en toda la plaza mientras se colocaba el pañuelo y los allí congregados, que acompañaron el ascenso con palmas, tuvieron oportunidad de escuchar la letra. Una banda sonora sin duda distinta al alborozo que suele acompañar este acto, donde la música de las diferentes charangas se solapa de forma que los que están cerca de ellas se mueven a un solo ritmo, pero los que están más lejos no son capaces de discernir si suena un pasodoble o es la canción del verano. A esos sones se suman los miles de gritos de la gente que ha esperado todo un año para estar ahí, sintiendo calor, oliendo a vino ya humanidad y buscando el frescor del agua que tiran desde los balcones.

En la plaza se congregaron ayer decenas de turolenses anónimos, entre ellos algunos de los que no se pierden nunca uno de los actos más emotivos de la fiesta, pero también otros que jamás lo han visto en directo. Sin duda ayer era el momento.

Desde el Ayuntamiento se había organizado el acto con un total de 60 invitados entre los que estaban representantes de todas las peñas de Teruel así como de la sociedad y las diferentes instituciones. Todos ellos estaban al pie del Torico, al que además este año Interpeñas ha nombrado Vaquillero de Honor 2021, sentados en sillas separadas separadas.

Entre los turolenses que querían presenciar, al menos este año, la puesta desde una posición privilegiada estaba Paz Campos, que a sus 53 años siempre se ha vestido de vaquillera el sábado de la fiesta y ayer también lo hizo. “La Vaquilla es más que una fiesta, es un sentimiento de todos los turolenses y me he vestido en honor a mi ciudad, a mi Torico ya todo lo que significa Teruel para mí”, descrito. No vivió la celebración como en los años previos a la pandemia, por supuesto, aunque sí quedó para comer con unos amigos en una terraza y acudió vestida de blanco, con la faja y el pañuelo rojos y, eso sí, la mascarilla protectora a juego .
 

Colocación del pañuelo al Torico

Muy cerca estaba su hija, Marta Fernández en quien ha imbuido su espíritu vaquillero y que se encuentran entre los invitados porque forma parte de la junta directiva de la peña Ultramarinos. Relató que había sentido “muchísima emoción y muchísima pena” y alabó el hecho de que haya sido la peña El Agüelo la encargada de poner el pañuelo porque “son el colectivo que más ha sufrido, ha fallecido mucha gente, se lo merecen”.

Ramón Vicente, turolense y vaquillero de toda la vida, vivió una puesta del pañuelico especial que no olvidará porque lo hizo junto a su nieto, Darío Vicente, de solo 7 meses y para el que es su primera Vaquilla. "Siempre suelo venir, pero lo veo desde segunda o tercera fila y este año he estado sentado", comentó, para añadir que estos dos años han sido duros y reconoció que confiaba que en este 2021 ya hubiera Vaquilla, "pero vamos a peor" , lamentó.

El acto de la puesta duró solo 20 minutos, entre los discursos de los representantes del Ayuntamiento, de Interpeñas y la colocación de la simbólica prenda roja. En su intervención la alcaldesa describió que ser vaquillero es “un sentimiento” que va “mucho más allá de pertenecer a una peña, seguir el ritmo de la charanga o disfrutar de los toros”. Es algo, continuó Emma Buj, que está “en lo más íntimo del corazón y por grande que sea la dificultad, se lleva dentro y volverá a salir, algo que espero que sea al año que viene”, dijo. La regidora municipal tuvo palabras de recuerdo “para los turolenses que nos han dejado y sus familias” y agradeció encarecidamente a Interpeñas ya los responsables de cada una de las agrupaciones la colaboración y responsabilidad en estos dos años de la denominada no Vaquilla.

También el presidente de Interpeñas apeló a ese sentimiento vaquillero que sigue vivo en este 2021 “aunque no haya música de charanga ni multitud de gente” y lanzó un mensaje de optimismo a todos los peñistas porque “queda menos para ganar esta batalla y poder vivir otra vez ese momento ”, dijo Carlos Perales.

Por la tarde, con una plaza del Torico sin apenas gente, los turistas se sorprendieron al ver que, a las 16:30 en punto, desde todas las terrazas había grupos de personas que aplaudían. La anécdota de la tarde la protagonizaron Alejandro Ríos y Belén Juste, que le colocaron un pañuelo rojo a una vaca de peluche y con mascarilla que llevaban para hacerse algunas fotos bajo la fuente.

Poco antes de la hora clave, una turista se acercó, plano en mano, a preguntar a varios policías locales qué ocurría en la plaza para que hubiera tantos agentes y medios de comunicación. Una mujer que estaba en el grupo le respondió amablemente que a esa hora y en ese lugar se celebra cada año el acto central de las fiestas de Teruel, que este julio se han cancelado por la covid. Lo que no supo la joven turista es que la que contestó a su pregunta era la mismísima alcaldesa de la ciudad.