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Pocos vecinos, economía local y algo de “suerte”: la España vaciada que no ha sufrido el coronavirus Pocos vecinos, economía local y algo de “suerte”: la España vaciada que no ha sufrido el coronavirus
Varias personas en una terraza de un pueblo de Teruel durante la pandemia

Pocos vecinos, economía local y algo de “suerte”: la España vaciada que no ha sufrido el coronavirus

Más de 400 municipios del país no han registrado aún poitivo

Por Alberto Santacruz (EFE)

Además de una España con más de 46.700 fallecimientos y 1.700.000 contagiados, hay otra que aún no sabe lo que es tener a un vecino contagiado; es la de los más de 400 municipios que, de momento, no registran positivos entre sus paisanos y entre ellos, 169 de Aragón, la comunidad con más localidades sin contagios.

No han elevado muros, ni se han parapetado detrás de las puertas; no han batallado con más o menos ahínco que otros en esta guerra contra la COVID-19, pero su perfil geográfico, económico, social y demográfico ha influido mucho... aunque también la suerte.

Además de mascarillas, geles y distanciamiento social -nunca tres sencillas defensas habían logrado tantas victorias- y mucha lógica, la despoblación, una economía tradicional, las pocas idas y venidas de vecinos y forasteros y una ubicación alejada del "mundanal ruido" han impedido que los "caballos de Troya" víricos hayan entrado a estas localidades.

Su poca población, como ocurre en la mayoría de los casos, una ubicación que dificulta el tránsito de personas y vehículos, y una economía tradicional que no exige mano de obra procedente de otros municipios constituyen, sin quererlo, una buena defensa ante un virus muy correveidiles.

Además, "la suerte" también ha ayudado, tal como han afirmado a Efe alcaldesas y alcaldes de muchos de estos ayuntamientos que, de momento, se están salvando "y no por la campana, precisamente". "La concienciación y el respeto por la vida -afirman- han sido y son las primeras vacunas".

Los responsables municipales consultados también resaltan que el buen comportamiento de los vecinos, con el uso de las mascarillas, el mantenimiento de la distancia de seguridad y la higiene de manos, ha sido clave para estar libres de coronavirus, así como la desinfección sistemática de zonas comunes.

Desde el inicio de la pandemia y hasta estos días, pues cada comunidad ha dado sus datos atendiendo a fechas de finales de noviembre o principios de diciembre, el número de localidades que no han tenido positivos por coronavirus es de 407.

Esta cifra no incluye posibles localidades sin covid en Castilla-La Mancha, en Castilla y León -comunidad cuyos registros se realizan por zonas básicas de salud y no por municipios-, ni en Galicia, cuya administración sólo aporta datos cuando la cifra de contagiados, si los hay, es menor de nueve.

Aragón es la comunidad que más municipios sin contagiados tiene, con un total de 169, seguida de la Comunidad Valenciana (61), La Rioja (45), Cataluña (44), Andalucía (30), Navarra (20), Extremadura (15), Canarias (9), Asturias (6), Cantabria (3) y el País Vasco (3), y Madrid, donde sólo hay dos.

Por contra, todas las localidades de Baleares y de la Región de Murcia han presentado casos y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, obviamente, no tienen municipios.

La horquilla poblacional de estas localidades oscila entre los 300 y los 500 vecinos, pero hay excepciones, muy especialmente a la baja, como Castell de Cabres (Castellón), con 10 vecinos; Salcedillo (Teruel) y Torre en Cameros (La Rioja), con 12 residentes; las navarras Castillonuevo (16) y Roncesvalles (22), Cumbres de Enmedio (Huelva), con 56, y El Carrascalejo (Extremadura) y Puebla de la Sierra (Madrid), ambas con 67.

En el otro extremo, es decir las más grandes sin noticias del covid, figuran numerosas localidades canarias, como Tazacorte, con 4.575 vecinos, y Fuencaliente (2.506), entre otras, así como la malagueña Canillas de Albaida (716), la zaragozana Cetina (593) y la alicantina Vall de Gallinera (589).

Suerte

La "suerte" para no tener contagiados la han apuntado numerosos alcaldes y regidores de estas localidades, como Juan Herrera, de Lucainena de las Torres (Almería); Antonio López, de El Madroño (Sevilla) y Lourdes Molina, del granadino pueblo de Juviles.

Aluden a la suerte por el hecho de que después de la primera ola, sus municipios fueron visitados por ciudadanos de otras localidades en las que sí había contagios, y porque a diario hay movimientos a pueblos cercanos para ir a colegios o a comprar a supermercados de localidades donde sí hay casos de covid.

Para el alcalde de Valdecañas de Tajo (Extremadura), Faustino Herreo, el hecho de que el pueblo siga libre de la pandemia puede tener "un componente de suerte", No obstante, "si no se ponen los medios adecuados -ha remarcado- no hay suerte que valga".

En el único pueblo de Sevilla sin coronavirus, El Madroño, su alcalde considera "un milagro" no tener ningún caso porque a diario hay vecinos que se desplazan a estudiar y a comprar a Nerva (Huelva), a 10 kilómetros, donde ha habido cuatro fallecidos y se han registrado 86 positivos entre sus 5.235 habitantes.

También el alcalde del municipio asturiano de San Martín, Pedro Álvarez, califica de "milagro" que el virus no haya irrumpido en un municipio que este verano ha recibido una elevada afluencia de turistas y cree que la edad avanzada de los vecinos les ha llevado a extremar la precaución.

En esta misma tesitura están las localidades cántabras de Tresviso y Tudanca, que figuran entre las más visitados por los turistas. La veintena de habitantes de Tresviso (58 empadronados) ha contemplado "multitud" de turistas, "inundando" todo el verano este reducido núcleo urbano, a 900 metros de altitud y en mitad de los Picos de Europa.

Javier Campo, su alcalde, recuerda que quizá "el bicho" no ha llegado a un municipio que está "aislado de siempre" y destaca la edad avanzada de sus habituales 20 habitantes, que hace que la gente "procure no mezclarse".

Despoblación

Cumbres de Enmedio (Huelva) es el municipio más pequeño de Andalucía. Después de nueve meses de pandemia, los 58 habitantes de esta localidad -de una media de 60 años-, no han conocido el coronavirus, algo que luce con orgullo su alcaldesa, María Reyes.

Aquí no hay tiendas ni bares, por lo que no hay lugar para la concentración de personas, y el avituallamiento de enseres se realiza "una o dos veces a la semana".

La Febró (Tarragona) tiene 40 habitantes empadronados, pero solo viven 15 en este pueblo de las Muntanyes de Prades, uno de los más pequeños de la provincia. Uno de sus vecinos, Víctor Guerra, cree que "no hay contagio por pura estadística, somos muy pocos y apenas nos movemos de aquí".

En Torre en Cameros (La Rioja) no han tenido problemas de contacto social, porque según su alcalde, Óscar Sáenz, en su pueblo apenas hay gente y en el monte solo pueden juntarse con las vacas, que "no contagian".

Vilariño de Conso (Orense), con una densidad de población de 2,79 habitantes por kilómetro cuadrado (dato similar al de algunas provincias del Ártico), sólo "tembló" una vez por un caso sospechoso de contagio nunca confirmado y previo al estado de alarma.

Reponbilidad

Al margen de cumplir las normas exigidas y los decretos fijados por las distintas administraciones, pueblos y vecindarios han adoptado medidas propias, desde las más lógicas, como anunciar con mucho tiempo de antelación la suspensión de mercadillos y fiestas patronales, hasta las más increíbles y ejemplares.

Albert Peracaula, alcalde de Madremanya, en la comarca catalana del Gironès, con 303 habitantes en sus más de 13 kilómetros cuadrados, ha dicho a Efe que "todos los vecinos han sido prudentes y han respetado estrictamente la normas impuestas". Es más, han evitado incluso coincidir a la hora de tirar la basura.

Otro ejemplo lo encontramos en Santurde de Rioja, de 288 vecinos, los cuales renunciaron, sí o sí, a sus tradicionales "partiditas de cartas", ha relatado su alcalde, Raúl Espinosa.

En Kripan, uno de los pueblos más altos de la Rioja Alavesa, ninguno de sus casi 180 vecinos se ha ido este año de vacaciones, según ha relatado su alcalde, Joseba Fernández.

Los vecinos de Puebla de la Sierra, uno de los dos municipios madrileños que siguen sin coronavirus, optaron por suspender sus fiestas de verano y dedicar el dinero a la compra de PCR, mascarillas, geles desinfectantes y mamparas separadoras.

Su alcalde, Aurelio Bravo, ha asegurado que durante la primera ola sus paisanos no salieron de casa "ni para hacer la compra", una tarea que quedó encomendada a una trabajadora municipal y que, a día de hoy, sigue realizando para los más mayores del pueblo.

Distancia de seguridad

Una de las medidas más reiteradas y efectivas es mantener la distancia de seguridad. En algunas localidades, como en Sant Ferriol, en la comarca catalana de La Garrotxa, el debate no existe en cuanto si deben ser dos metros o 1,50, pues sus 243 vecinos tienen más de 42 kilómetros cuadrados para pasear.

En Canillas de Albaida, el pueblo andaluz con más población que aún no ha registrado positivos, su alcalde, Jorge Martín, ha subrayado el buen comportamiento de los vecinos, pero también el hecho de que el 80 % de su término municipal son espacios naturales.

Cierres perimetrales y restricciones

Los cierres perimetrales decretados en numerosos municipios o de localidades vecinas también han resultado efectivos para muchos pueblos, pues, entre otros efectos, se ha impedido la llegada de personas que tienen segundas residencias.

El alcalde de Llimiana, en la comarca pirenaica del Pallars, Josep Terré, admite que el cierre municipal de los fines de semana les ha beneficiado, ya que todos los vecinos que tienen en el pueblo su segunda residencia, no han podido venir desde hace semanas.

Caso significativo por su importancia como localidad de acogida y lugar de paso de miles de peregrinos del Camino de Santiago es Roncesvalles, que con 22 habitantes censados, sigue libre de covid.

Esta "puerta de entrada" tradicional a la península ibérica desde Europa en la ruta jacobea, ha asistido con tristeza al nulo paso de peregrinos durante los meses de confinamiento y restricción de la movilidad, que ha provocado el cierre de todos los servicios de acogida de la Colegiata y de los establecimientos que viven del trasiego de esta tradición.