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Lucía Caballero y Samantha Gómez, junto a la sede de la Asociación de Vecinos de San Julián, donde se encuentra la oficina

“Puedes estar solo pero nadie quiere tener una vida en soledad”

Lucía Caballero y Samantha Gómez explican el desarrollo del proyecto de voluntariado Acompañando Teruel

Teruel no quiere que sus habitantes se sientan aislados dentro de la propia ciudad en la que viven y desde el Ayuntamiento y la Federación de Asociaciones Vecinales San Fernando se va a trabajar para que así sea. “Puedes estar solo peron nadie quiere tener una vida en soledad”, asegura Lucía Caballero, responsable del área de Acción Social de la Federación, entidad que ya el año pasado presentó una iniciativa para paliar estas situaciones, que con el confinamiento se agudizaron.

Con este antecedente y el éxito del programa Aislados pero no solos, ahora echa a andar Acompañando-Teruel, un programa para el que han logrado sumar adeptos a la causa. “Llamamos a distintas puertas y se han sumado con entusiamo a la propuesta”, comenta Samantha Gómez, psicóloga y la técnico que va a estar al frente del programa, gracias a la aportación económica del Ayuntamiento, que participa con 15.000 euros, y de la Obra Social de la Caixa.

Las asociaciones locales de comerciantes, la de Imagen personal y la de Administradores de Fincas así como el Colegio de Farmacéuticos colaboran con esta iniciativa que tendrá que ser apuntalada también por las diferentes asociaciones vecinales y entre todos contribuir a crear una red de buena vecindad buscando y detectando casos de personas que no necesariamente tienen que vivir solas, sino que pueden sentir esa soledad que les desconecta de la sociedad.

Ejemplos hay muchos como también habrá distintas soluciones que se plantearán desde el programa. “Hay personas que tienen a otra gran dependiente a su cargo en casa y no pueden ni salir a hacer la compra”, cuenta Lucía Caballero, que aclara que este programa no va a sustituir la labor que se hacen desde Servicios Sociales o que realizan las empresas de este ámbito.

Samantha Gómez aclara además que aunque el porcentaje más alto de personas a las que se les pueda acompañar con este programa sean mayores se quiere  llegar a todas las edades, desde niños hasta jóvenes y adultos. “Pensamos por ejemplo en gente que llega de fuera a vivir a Teruel y no conoce a nadie”, explica.

El objetivo es que unos y otros sientan que es una ciudad segura y amable, “que si te pasa algo sepas que hay alguien ahí que se va a preocupar por ti”.

Pero no hay que ponerse en lo peor. Las ideas en las que están trabajando son muchas y diversas. “Hay gente que lo que necesita es alguien para tomar un café, otra no quiere tener contacto humano pero sí que le llamen por teléfono de vez en cuando, los habrá que quieran encontrar gente que tenga aficiones comunes”, explican.

La labor del programa será poner orden en todo eso y conectar a los usuarios que demandan que le den respuesta a una necesidad concreta y los voluntarios que prestarán su tiempo, su compañía incluso sus conocimientos.

El programa tiene su sede de momento en la asociación de vecinos de San Julián pero también tienen otras sedes vecinales a su disposición y los espacios se irán usando en función de las actividades que se desarrollen.

Caballero considera que Teruel es “una ciudad ideal para hacer este proyecto”, por lo que se puede convertir en un referente para otros lugares y crear una “marca de ciudad”.

Sus responsables son optimistas porque saben lo bien que durante el estado de alarma funcionó Aislados pero no solos, en el que ellas mismas participaron. El programa de voluntariado, que se rotomaría en caso de volver a declararse un estado de alarma, activó a cerca de 300 personas de todas las edades que realizaron todo tipo de tareas desde hacer la compra a personas que no les estaba permitido salir de casa a explicarles cómo hacer una videollamada o seguimiento telefónico además de asesoramiento psicológico.

Muchos de esos voluntarios ya han mostrado su interés por participar en el nuevo programa. Ahora se está contactando con ellos para ver su interés y si quieren seguir se les hace una ficha y se les dará una formación en gestión de emociones y resolución de conflictos.

“De Aislados pero no solos salieron historias increibles, experiencias muy bonitas que crearon vínculos entre usuarios y voluntarios”, recuerdan.

El programa se acabó con el fin del estado de alarma pero muchos de los voluntarios se quedaron con ganas de más. Ahora tendrán de nuevo una oportunidad de regalar su tiempo a los demás.