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Un curso de la UVT destaca que la naturaleza Un curso de la UVT destaca que la naturaleza
Una sesión del curso de la Universidad de Verano realizado en los jardines del campus

Un curso de la UVT destaca que la naturaleza "es un activo" para dinamizar la vida en los pueblos

La gestión de los montes podría convertirse en un buen nicho de empleo para frenar la despoblación
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Un gestión adecuada es fundamental para la conservación de los ecosistemas, que son una buena fuente de recursos para los habitantes del medio rural. Desde la explotación selvícola propiamente dicha hasta su utilización a través de nuevos nichos de mercado, principalmente a través del turismo y la farmacología, en el curso que se ha celebrado en la Universidad de Verano de Teruel (UVT) se abordaron todas las variables que ofrece el medio natural al territorio y sus habitantes bajo el título Gestión ambiental en el medio rural en el actual contexto del despoblamiento y cambio climático: el papel de los servicios de los ecosistemas.

El director del curso y profesor de la Universidad de Zaragoza, José Manuel Nicolau,  destacó durante una de las charlas la importancia que tiene la biodiversidad como “gran despensa de la humanidad” y subrayó que existen especies que ofrecen productos que “potencialmente podríamos utilizar, pero muchos de ellos se están perdiendo”.

Recordó que el 26% de los fármacos que utilizados proceden de organismos naturales y que los antibióticos del siglo XXI se buscan entre los ecosistemas poco humanizados. El experto también habló de las nuevas epidemias y de la pandemia y precisó que hay estudios que demuestran que un par de años después de las grandes deforestaciones se producen brotes de évola. “La biodiversidad controla estos patógenos y con la deforestación se propagan estos virus”, sentenció.

Beneficios

En su intervención también habló de los beneficios intangibles vinculados al ocio y del poder terapéutico de la naturaleza. En la charla salieron a relucir algunos ejemplos del interés de determinadas ciudades europeas por crear espacios verdes en medio de la urbe y se habló de los tapices vegetales de Viena o de cómo una cubierta verde amortigua los ruidos del aeropuerto de Amsterdam.

El director se mostró satisfecho con la evolución del curso ya que aunque contó con menos alumnos que en su edición anterior, los participantes tenían un gran interés y su relación con el medio natural y rural favoreció que el “debate y las conversaciones” fueran “muy ricas y jugosas”.  Las ponencias cubrieron, según Nicolau, todos los temas que tienen que ver con el despoblamiento y la gestión ambiental.

El director del curso sacó a relucir durante su intervención la dicotomía entre la ciudad y el campo y planteó que aunque la ciudad ha sido “la vanguardia de la sociedad” y el lugar donde han surgido las grandes ideas y la tecnología “que nos marca la vida”, el medio rural es “el gran proveedor de los servicios ecosistémicos, que no se ven porque son los cimientos del edificio pero sin ellos no podríamos vivir”. Entre los servicios citó agua, aire, alimento e insectos polinizadores. Sin embargo, destacó el analfabetismo ecológico existente en la sociedad actual ya que muchos de estos valores ecosistémicos se desconocen.

Analfabetismo ecológico

Esta idea salió a relucir también en otras de las ponencias y se habló de la necesidad de ofrecer formación ambiental y forestal a los ciudadanos, puesto que el desconocimiento de algunas de las necesidades de gestión que tiene el medio natural provoca enfrentamientos sociales incluso entre personas del mismo municipio. En la mesa redonda del miércoles sobre el papel de la naturaleza frente al reto demográfico se habló de la polémica surgida en torno a una corta realizada en un pinar de la Sierra de Albarracín, sobre las que las redes sociales echaron leña al fuego de una actuación acorde a las necesidades selvícolas de esa zona. Sin embargo, la tala levantó críticas respaldadas por más de 100.000 personas de las que prácticamente ninguna conocía personalmente esta zona de la serranía.
 

Una de las charlas del curso en el salón de actos del campus turolense


En esa mesa redonda, la ingeniera de montes y jefa de la Unidad de Gestión Forestal en el Servicio Provincial de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Teruel, Ana Oliván, planteó que es un error pensar en el medio natural como si fuera un santuario. “Cuidar algo no es no hacer nada, un monte es un elemento vivo, no una fotografía y gestionarlo implica cambios, que pueden ser positivos o no”, aseguró.

En su opinión, la gestión forestal constituye una oportunidad para crear empleo en el medio rural y destacó que la provincia de Teruel es una de las que tiene más superficie forestal de España. “Reactivar ese sector forestal supondría crear un importante nicho de empleo”, recalcó, para añadir que la gestión forestal se puede hacer  “de forma ordenada y sostenible”. Abogó por “no tener miedo a mirar al monte como un lugar lleno de recursos” puesto que lo más importante a preservar en el medio rural actualmente “son las personas”, sentenció.

En el coloquio la gerente de Turismo Sierra de Albarracín, la asociación que incluye a numerosos hosteleros de esta zona, Begoña Sierra, explicó alguna de las acciones que ellos llevan a cabo a lo largo del año para generar movimiento económico a través de los recursos existentes en la serranía y siempre garantizando su preservación. Habló de los cursos de observación y fotografía de orquídeas, de las jornadas micológicas y de la berrea, que combinan con la observación de las estrellas. “Buscamos la sostenibilidad y son actividades para un reducido número de personas pero el objetivo es que se alojen en los establecimientos de la zona” además de fidelizar clientes, según relató.

El catastro

Sierra resumió el proyecto El Despertar del páramo, que se ha llevado a cabo en el último año y que ha servido para dar a conocer a los visitantes y sobre todo a los lugareños la riqueza que tiene la paramera de Pozondón y Ródenas, que es quizá el paisaje menos vistoso de toda la serranía pero alberga numerosos ejemplares de alondra ricotí, un ave en peligro de extinción.

La mesa redonda fue moderada por el fiscal de Medio Ambiente Jorge Moradell y en la misma participó también la periodista de DIARIO DE TERUEL Cruz Aguilar.

Una de las charlas más relevantes fue la que impartió la coordinadora de Área de Valoración de la Unidad de Catastro para el Territorio Rural, Raquel Rodríguez Castro, quien adelantó cómo se están incorporando los servicios que prestan los ecosistemas al catastro. Relató que cada parcela conocerá los servicios que aporta a la sociedad y para ello están desarrollando ahora la metodología, todavía en proceso.

La científica del Instituto Pirenaico de Ecología y economista, Begoña Álvarez, detalló la metodología utilizada para valorar los servicios que prestan los ecosistemas. Detalló que llevaron a cabo un estudio, localizado en tres zonas de Aragón –una de ellas la comarca de Andorra Sierra de Arcos– para conocer la importancia que se le da al medio rural y natural. Entre algunas de las conclusiones que se extraen del estudio que están realizando y aún no está terminado es que la gente en España estaría dispuesta a pagar 5,47 euros para evitar la despoblación, un dinero que se abonaría a través de un incremento en el precio de las cosas.

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