Síguenos

120_-1200x150-remamos-b.gif banner click 120 banner 120

Postes de un parque eólico del Campo de Belchite, en Fuendetodos

Un estudio de Unizar refleja que los primeros parques eólicos de Aragón no generaron empleo

Los efectos positivos fueron a corto plazo en alquileres y sector de la hostelería

El proyecto Infoenergía, financiado con fondos europeos y en el que han participado distintos Grupos de Acción Local (GAL) de las provincias de Teruel y Zaragoza, ha realizado distintos estudios relacionados con las energías renovables: sobre bombeos de energía solar, autoconsumo compartido y un tercero que evalúa los impactos sociales, económicos y demográficos de la energía solar y eólica en el medio rural aragonés. Este último, centrado en los proyectos de energías renovables surgidos en la comarca del Campo de Belchite en la década del año 2000, señala en sus conclusiones que, en general, el empleo generado en esa comarca ha sido poco significativo, que no se ha revertido el proceso de despoblación y que las empresas no han abordado la instalación de los parques eólicos o solares a base de participación ciudadana, sino que solamente han contado con los propietarios de los terrenos que tenían que ocupar y con los ayuntamientos.

El estudio ha estado dirigido por la profesora del departamento de Análisis Económico de la Universidad de Zaragoza, Rosa Duarte. En su realización también han participado los profesores Luis Antonio Sáez, del departamento de Economía Aplicada y los docentes Cristina Sarasa y Álvaro García, también miembro del departamento de Análisis Económico.

El caso de estudio del Campo de Belchite constata que la energía renovable, y particularmente la relacionada con la energía eólica, al igual que ocurre con las convencionales, es una actividad intensiva en capital, en la que la ratio de inversión por trabajo es muy alta, con innovaciones constantes que automatizan los procesos manuales y de gestión, además de plantear unos modelos de negocio recurrentes en externalizaciones y subcontratas que buscan una optimización de unos recursos humanos muy móviles y deslocalizables. “Nuestros resultados están en línea con lo que concluye el Informe de la OCDE (2012) en que se manifiesta que la generación de energía es una actividad altamente intensiva en capital, por lo que el empleo directo y el multiplicador asociado son muy bajos”, concluyen los expertos. 

La despoblación

El documento pone en evidencia que estos proyectos no son una solución para afrontar el problema de la despoblación.“La mayor fuente de creación directa de empleo se concentra en las etapas de instalación y construcción de los proyectos, período con un claro componente de corto plazo y que no implica necesariamente un cambio estructural cualitativo como el que precisan muchas de las zonas rurales periféricas y en declive”, señalan en las conclusiones los investigadores, que hablan de que el “imparable descenso demográfico no ha podido revertirse en aquellos municipios”  desde la implantación de estos primeros parques de energías renovables en los primeros años de la década del nuevo milenio.

Todo se fabrica fuera

Igualmente, no se detectan tampoco “cambios significativos en las actividades ligadas a las manufacturas asociadas a las renovables”, indican en sus conclusiones los autores del estudio. Es decir, las actividades de su cadena de producción -fabricación de piezas y componentes de paneles y aerogenerdores- , que sí podrían ser capaces de dinamizar y diversificar la economía local y tener un mayor impacto multiplicador de largo plazo, se encuentran emplazadas en otros lugares. Esto también ocurre con la mano de obra, como señaló Rubén Serrano, gerente de Aldecobel (Asociación para el Desarrollo Rural Integral de la Comarca del Campo de Belchite), quien hizo hincapié en que “ha habido poca contratación de personas para la instalación de los parques, y muchas menos para el mantenimiento”.  Calcula que en toda la comarca puede haber “como mucho 20 personas trabajando vinculadas al mantenimiento de esas instalaciones”, que siguen, además, implantándose en toda la comarca.

Trabajadores de fuera

Por otra parte, aunque la mano de obra necesaria para la construcción de los parques eólicos o solares es mucho mayor que la que se requiere para las tareas de mantenimiento posteriores, “muchas de las instalaciones se han levantado con mano de obra que ha venido de otras provincias. No se contrató en la zona, porque las empresas subcontratadas que han construido los parques han traído a su propio personal”. Según Serrano, “en Aldecobel tenemos bolsas de empleo y las ofrecimos en su momento para la contratación de personal de aquí, pero las ofertas llegaron a cuentagotas, porque cada empresa se hace cargo de una función determinada y viene con su propio personal”, añadió. En este sentido, la profesora Duarte reconoció que lo que se observan durante todos estos años “son puntas de contratación, pero no es un empleo que se mantenga a largo plazo”.

Incapacidad de absorción

En sus conclusiones, el estudio desarrollado por la Universidad de Zaragoza en el proyecto Infoenergía también pone de manifiesto que las zonas rurales necesitan más tiempo para absorber las inversiones. “Hay un desfase temporal entre el ritmo de las inversiones en renovables y la capacidad de las comunidades locales rurales para absorberlas de forma que se maximice los impactos en empleo y en otro tipo de beneficios. Este resultado se observa también para los territorios objeto de este análisis. El medio rural necesita un tiempo más largo para encajar los cambios adheridos a estas actividades del que requiere la construcción y desarrollo de estas infraestructuras”, manifiestan los redactores del estudio.

Percepción dispar entre la población sobre la influencia de los proyectos

La investigación llevada a cabo por la Universidad de Zaragoza estuvo acompañada de dos cuestionarios, dirigidos a conocer la percepción que había en la sociedad sobre los impactos de los proyectos eólicos. El primero de ellos se difundió entre personas que tienen o habían tenido un cargo público o institucional (principalmente alcaldes de las zonas), y el segundo entre la ciudadanía en general. 

En todos estos cuestionarios hubo 97 respuestas, el 51% de las cuales correspondían a residentes en el Campo de Belchite, un 12% de los entrevistados residían en el Bajo Martín, comarca contigua a la anterior y con estrechos vínculos entre sus vecinos, un 7% en el Bajo Aragón y un 6% en la comarca de Andorra-Sierra de Arcos. 

Más del 90% de las respuestas fueron de ciudadanos que residen en municipios donde se sitúa algún parque de energía renovable, se va a construir o existe algunos en las cercanías. El 51% de encuestados vivían en uno municipio que tenía un parque eólico.

Los resultados de los cuestionarios a la población señalan que el 55,3% de los encuestados considera que los parques sí han tenido influencia sobre el desarrollo, mientras que algo más del 30% opina que no. Por comarcas, en Campo de Belchite, cerca del 80% de los entrevistados pensaba que sí se había contribuido al desarrollo económico. Un porcentaje elevado de los entrevistados, el 65%, considera que los parques de energías renovables no les molestan, mientras que a un 35% sí. Un 5% declaró que les molestan. “Esto evidencia la heterogeneidad rural, y la distinta sensibilidad según contextos socioeconómicos y culturales”, indican los autores de la encuesta en sus conclusiones. 

Por otra parte, para casi el 65% no se percibe que la vida en los municipios haya mejorado ni que se hayan rejuvenecido. No obstante, un 61,3% observa que los trabajadores que vienen de fuera viven en el municipio o alquilan casas y consumen en la localidad, si bien dicho efecto es temporal. 

Según las conclusiones de estas encuestas, “se observa una clara polarización en la evaluación general de la contribución al desarrollo económico municipal/comarcal, con un 50% apuntando a una contribución positiva y permanente, un 10% que ve un efecto positivo transitorio, un 35% concluye que no ha habido impacto, mientras que solo un 5% cree que ha perjudicado”. Lo que no se perciben, señaló la profesora Duarte, son impactos negativos sobre el paisaje, algo que se explica, apuntó el gerente de Aldecobel, a que “en esta comarca no tenemos montañas o paisajes que sean un recurso turístico importante, más bien el terreno es mucho más llano y el sector turístico se basa más en el turismo cultural que en el medioambiental”.

Alquileres y hostelería

Las valoraciones de los efectos de los parques son “mixtas, según la profesora Duarte. “Hay quien ve las energías renovables como una apuesta energética distinta y una fuente de nuevas oportunidades para el futuro, mientras que otros ven más riesgos futuros”. No en vano, Rubén Serrano recordó que si bien el impacto en la generación de empleo no ha sido importante, “en la fase de construcción, con la llegada de trabajadores sí ha habido un impacto económico en los pueblos, donde se han llenado las casas de turismo rural, se han alquilado viviendas y esos trabajadores han salido a comprar comida y han generado un movimiento en la hostelería”. 

Igualmente, “es importante señalar que los propietarios de los terrenos, que en su mayor parte son de secano, han obtenido recursos económicos que antes no tenían, como también los ayuntamientos”.

En relación a los ingresos que han obtenido los ayuntamientos, el estudio detecta “divergencias” que están ligadas tanto al tamaño de los ayuntamientos, como a la propia gestión y contratación de estos parques. “Casi un 70% de los encuestados reconoce que desde el ayuntamiento no se llevaron a cabo inversiones pendientes aprovechando los mayores ingresos. Entre el 31,2% restante que cree que sí que se llevaron a cabo, el destino principal fue el arreglo de calles, patrimonio artístico, centro de día y residencia de mayores”. Además, al no contribuir significativamente las energías renovables al presupuesto municipal, no se han podido cambiar las cosas en relación a la manera de gobernar estos pueblos.

Uno de los déficit detectados es la falta de participación ciudadana en los procesos de implantación de los parques. “De forma mayoritaria, el 76,5% de los encuestados”, según el estudio, “consideró que la información recibida sobre los proyectos fue parcial y que solo se contactó con unos pocos vecinos”. 

En lo que todos los agentes consultados coinciden, no obstante, es “en la necesidad de que se apueste por este tipo de energías, pero integrándolas en los procesos de desarrollo de estos territorios”, añadió la profesora Duarte.