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El investigador en formación Sergio Álvarez observa la pieza de ámbar con los pelos en un microscopio electrónico

Un mundo colosal de gigantes y pequeños seres atrapado en una gota de resina

El ámbar de Ariño es el más rico de España por el número de bioinclusiones que tiene dentro

Hace 110 millones de años lo que hoy es la provincia de Teruel presentaba una imagen muy distinta de como es ahora. Las grandes masas forestales que había dieron lugar con el paso del tiempo a ese carbón que durante décadas supuso una riqueza para los turolenses, ahora en declive por la transición ecológica. Los humanos no habían hecho su aparición y unos animales colosales, los dinosaurios, dominaban los ambientes terrestres. Pero junto a esos gitantes, otros seres más pequeños como los insectos y artrópodos, además de pequeños mamíferos, tenían también su espacio en otros nichos. Ese mundo más diminuto de un ecosistema colosal quedó atrapado en minúsculas gotitas de resina fosilizada que hoy en día constituyen una ventana sin igual para viajar a la era de los dinosaurios. Ahora el ámbar de Ariño, el más rico en bioinclusiones de España, abre una nueva ventana a ese pasado remoto.

El ámbar de esa época hallado a principios de este siglo en el yacimiento de San Just en Utrillas ya sorprendió al mundo con piezas únicas dentro del registro mundial, como la telaraña más antigua que se conserva, y desde entonces no ha dejado de arrojar nuevos hallazgos de similar importancia. Era un afloramiento excepcional al que ahora se ha sumado otro, la mina Santa María de Samca en Ariño, donde la Fundación Dinópolis lleva excavando desde hace una década.

En todos estos años se han producido en Ariño hallazgos espectaculares que han dado lugar a la descripción de nuevos dinosaurios y reptiles, pero algo más diminuto se escondía en la mina atrapado en la resina que expulsan los árboles y que con el paso del tiempo se endurece y fosiliza para dar lugar al ámbar.

Los paleontólogos de la Fundación Dinópolis eran conscientes de la presencia de ámbar desde el inicio de las excavaciones, pero lo que extraían eran piezas grandes, las más visibles, que al abrirlas por la mitad no tenían insectos en su interior. 

En cambio, una prospección más sistemática y específica para este tipo de restos realizada por el equipo de investigación Amberia en el verano del año pasado, ha sacado a la luz hallazgos espectaculares, el primero de los cuales acaba de publicarse esta semana en la revista científica Scientific Reports, y consiste en los pelos de mamífero fosilizados en ámbar más antiguos que se conocen en el registro mundial.

Pero en el ámbar recuperado en esa excavación hay mucho más material que se irá publicando próximamente y de interés también a la espera de su estudio, según explica el paleontólogo Enrique Peñalver, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), que lleva colaborando desde hace tiempo con la Fundación Dinópolis.

Peñalver y Xavier Delclòs, de la Universitat de Barcelona, son dos de los mayores expertos españoles en ámbar, y científicos de referencia en todo el mundo en esta materia. Junto a ellos firman el artículo Mónica M. Solorzano, del Museo Senckenberg de Historia Natural de Frankfurt, y Luis Alcalá, director gerente de la Fundación Dinópolis. Pero el primer autor de la publicación es un joven investigador, Sergio Álvarez Parra, que es quien está estudiando todo el ámbar de Ariño para su tesis doctoral.

Quienes guían a Sergio Álvarez en ese trabajo son Peñalver y Delclòs, sus directores de tesis,  miembros los tres del grupo de investigación Amberia. Álvarez cuenta con una beca del programa de formación de investigadores de la Generalitat de Catalunya impulsada por la Secretaria d’Universitats y Recerca y el Fondo Social Europeo.

Su tesis doctoral se va a centrar en el ámbar de la cuenca del Maestrazgo, que incluye tanto el yacimiento de San Just en Utrillas, como los nuevos hallazgos de Ariño y “un par de yacimiento más en los que iremos profundizando, pero principalmente me centraré en el nuevo, que es Ariño y que tiene un gran potencial”, afirma.

En términos similares se expresa su director de tesis, Enrique Peñalver, quien reconoce que al principio el ámbar de Ariño no ofrecía muchas expectativas, pero al excavar in situ la perspectiva cambió.

Las primeras piezas de ámbar que les facilitó la Fundación Dinópolis eran grandes bolas de resina fosilizada que se forma en las raíces de los árboles. “Al estar enterradas en las raíces, nunca atrapan nada, porque las que tienen inclusiones (animales atrapados en su interior) son las que están expuestas al aire”, aclara el científico.

Las que pueden tener restos biológicos en su interior son las piezas pequeñas en forma de tubitos que se forman en las ramas. Alcalá les animó a que buscaran ellos mismos en los sedimentos y en una primera prospección Peñalver recuerda que no encontraban al principio nada hasta que dieron con una “pieza alargada y empezamos a encontrar alguna cosa interesante”.

En la excavación sistemática realizada el año pasado constataron que ámbar de ese tipo, el perteneciente a la resina que se forma en las ramas, había muy poco, pero en cambio “es el más rico de España por la cantidad de inclusiones que encuentras en su interior”, es decir, los insectos y otras restos biológicos que quedaron atrapados dentro.

180 bioinclusiones por kilo

Esa riqueza también se mide científicamente, puesto que resulta de un cálculo consistente en determinar el número de bioinclusiones que se encuentran por cada kilo de ámbar extraído. Y el de Ariño ha arrojado un porcentaje espectacular, unas 180 bioinclusiones por kilogramo de ámbar aéreo.

Sergio Álvarez explica que en el yacimiento no se extrajo mucho ámbar, solo 918 gramos, que es menos de un kilo, “pero se han detectado 166 bioinclusiones”. Aclara que es ámbar aéreo procedente de la resina producida en el tronco o las ramas de los árboles, no en las raíces.

El investigador en formación añade que del total de bioinclusiones que tienen atrapadas esas resinas fosilizadas, alrededor del 80% “son artrópodos, la mayoría insectos y algunos arácnidos”.

“Tenemos más ejemplares interesantes”, aclara Peñalver, aunque el primero que han dado a conocer han sido los pelos de mamífero porque “era algo muy espectacular” que, además, “nos estaba indicando un proceso de fosilización que ya habíamos vislumbrado en otras piezas de ámbar y fue un acicate poder detallar”.

Se refiere al proceso denominado “pull oof vestiture” (arrancamiento de vestidura), según el cual restos como los pelos del mamífero o las plumas de dinosaurio aviano en el caso de la pieza de ámbar de San Just, quedaron impregnados en la resina porque los animales permanecieron un rato en contacto con la masa pegajosa hasta que endureció, y después al moverse se produjo el desgarro quedando atrapadas esas partes en el ámbar.

El artículo científico describe las plumas de dinosaurio aviano de San Just, los pelos de mamífero de Ariño y este nuevo proceso de conservación de restos de vertebrados únicamente conocido en las resinas.

En el caso de los pelos se ve además con claridad que se trata de un mechón, ya que quedaron atrapados tres pelos en disposición paralela. Miden entre 6 y 7 milímetros y la pieza de ámbar donde se encuentran es de alrededor de un centímetro. Lo descubrieron al observarlo con un microscopio electrónico de barrido y apreciar las escamas de su superficie, que son características de los pelos de mamíferos.

Tras indagar en la bibliografía científica se encontraron con que eran los pelos de mamífero fosilizados en ámbar más antiguos que se conocen en el registro mundial. Álvarez aclara que en yacimientos de compresión (fósiles en roca laminada) hay hallazgos más antiguos como los de Jehol en China, “en los que está el mamífero y alrededor se ve como un halo de pelos carbonizado, pero no preservan tan bien el patrón de escamas, que sí se ha visto en Ariño”. 

Conservación en roca

Lo mismo sucede con el fósil del mamífero Spinolestes del célebre yacimiento de Las Hoyas en Cuenca, conservado en roca, pero lo maravilloso y fascinante de los tres pelos en ámbar de Ariño pertenecientes a un mismo mechón es que con el microscopio se pueden ver perfectamente las escamas que tienen los pelos.

Hasta ahora lo más antiguo que se había encontrado en resina fosilizada eran dos pelos de mamífero en ámbar de un yacimiento francés del Albiense Superior, de hace algo más de 100 millones de años, cuando los de Ariño son de alrededor de 110 millones de años. Además, la preservación del encontrado en el afloramiento turolense es muy buena porque “se ve perfectamente el patrón de las escamas superficial”.

Enrique Peñalver comenta que es una lástima que el yacimiento de la mina Santa María de Ariño sea tan poco accesible. “Creo que no vamos a poder volver a excavar, aunque si tuviésemos otra oportunidad sería genial”, afirma, aunque aclara que en el material que tienen de este lugar y que está pendiente de estudiar “tenemos más ejemplares interesantes”.

Considera, no obstante, que lo de los pelos era “espectacular”, y además ha sido un acicate para describir el proceso de conservación que han llamado de “arrancamiento de vestidura”, que explicaría fenómenos como las piezas excepcionales que aparecen en el ámbar de Birmania.

 A través de estas resinas fosilizadas los investigadores pueden ver un mundo que se extinguió hace más de cien millones de años, porque la conservación en ámbar preserva los ejemplares tal cual eran. 

“Las resinas fósiles guardan información de cómo eran los bosques de hace millones de años, en estos de Teruel de la época de los dinosaurios; es algo fascinante, y en ámbar lo vemos en tres dimensiones, con muchísimo más detalle que en roca”, afirma Álvarez. Son como mirillas a un mundo que desapareció pero no dejó de existir, que se congeló para perdurar en el tiempo y lugares como Ariño o San Just son la ventana para poder verlos.

Una especie de marta como candidata, aunque imposible de poder determinar 

Determinar a qué tipo de mamífero pudieron pertenecer los tres pelos atrapados en ámbar hallados en Ariño es prácticamente imposible. Sergio Álvarez comenta que incluso hoy día cogiendo tres pelos sueltos en el monte sería difícil establecer a qué animal pertenecen, porque un mismo mamífero cambia el patrón de escamas superficial a lo largo de su vida. Además, animales de diferentes especies también presentan un patrón similar entre ellos, “por lo que a partir de pelos es muy difícil identificarlo”.

Han comparado con patrones de pelos actuales y han podido determinar que los de Ariño son parecidos a los de las martas actuales, un mustélido común en toda Europa y zonas de Oriente Próximo. “Pero claro, simplemente podemos comentar que es similar, no podemos decir que sea ese animal”, precisa Álvarez, quien por otra parte destaca la importancia del hallazgo porque “añade más conocimiento al registro existente, y si en un futuro se puede observar este mismo patrón de escamas en yacimientos en roca o en otras piezas en ámbar, permitirá ya la comparación”. La de Ariño se convierte así en una pieza importante del gran puzle de la evolución de los mamíferos.