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Xavier Parladé, tomando muestras en una finca para Tubersystems. Irta

Un proyecto compara truferas de varios puntos de España para saber más sobre su biología

La investigación, denominada Tubersystems la lidera el Irta y tomará datos de varios puntos de Teruel
Cruz Aguilar

El proyecto Tubersystems, desarrollado por el Irta, el instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Cataluña, pretende analizar, a partir de la comparativa entre fincas productoras y truferas silvestres de las principales zonas productoras de España, qué parámetros inciden en la biología de la trufa. 

La producción es un parámetro muy difícil de controlar, pero lo que buscan es establecer métodos de manejo basados en el conocimiento de la biología real. El coordinador del proyecto desde el Irta, Xavier Parladé, incide en que la trufa no solo es un cultivo muy reciente, sino que además el desarrollo del hongo no se aprecia a simple vista como ocurre con los frutales porque su formación tiene lugar en el subsuelo. “Continuamente ocurre que un árbol produce y el de al lado no y también hay mucha variabilidad entre una finca y otra”, relata, para añadir que lo que buscan es recopilar toda la información necesaria para aplicarla al manejo con el fin de que se base más en la investigación y no tanto en la experimentación.

El ciclo biológico de la trufa es desconocido puesto que aunque se han analizado aspectos como la formación del micelio, los primeros resultados arrojados por esta investigación liderada por el Irta desvelan que todavía queda mucho camino por recorrer. Así, en los 125 árboles seleccionados se ha observado que la cantidad de micelio es similar entre las truferas silvestres y las procedentes de carrascas cultivadas. 

“La densidad es similar, no hay diferencias significativas y eso que se supone que en la cultivada tiene menos competidores”, argumenta Xavier Parladé, para añadir que todo ello “pone en cuestión si lo estamos haciendo bien, porque se supone que en el cultivo favorecemos ese micelio con diversas prácticas agrícolas”.

Se han seleccionado unos 125 árboles de zonas truferas que van desde Castilla La Mancha hasta Cataluña. La toma de muestras se inició en otoño del año 2019 y finalizará en primavera de 2021, de forma que se harán cuatro muestreos en dos momentos del año diferentes. Las parcelas experimentales se localizan en Castellón, Guadalajara, Lleida, Navarra, Segovia, Soria, Tarragona, Zaragoza y en las localidades turolenses de Mora de Rubielos, Rubielos de Mora y El Campillo. En prácticamente todos estos puntos se han tomado muestras tanto de truferas cultivadas como silvestres.  

El proyecto comprende la investigación en tres tipos de truferas, las cultivadas de forma exclusiva, las que compatibilizan el cultivo de la trufa con el de las plantas aromáticas y las truferas silvestres. 

El objetivo es no solo conocer las diferencias existentes entre las parcelas cultivadas y silvestres, sino también incidir en la relación entre el micelio de la trufa y los hongos existentes en las plantas aromáticas.

El proyecto está financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España y fondos Feder  (Fondo Europeo de Desarrollo Regional). 

Intercambio de experiencias investigadoras en el Cita

El Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (Cita) inicia un proyecto europeo de cuatro años de duración para intercambiar de forma temporal personal investigador con el fin de conocer distintas experiencias en el ámbito de la trufa.

En el proyecto H2020 Intact (Innovation in Truffle cultivation, preservAtion, procCessing and wild truffle resources managemenT) Marie Sklodowska Curie RISE Research and Innovation Staff Exchange (Redes de intercambio de personal) participan los investigadores de la Unidad de Recursos Forestales del Cita, Pedro Marco, Sergio Sánchez, Sergi García y Eva Tejedor.

Además de establecer una red multilateral de personal de investigación e innovación activo en el uso sostenible de trufas silvestres y cultivadas, incluido el cultivo, el proyecto también se centrará en el pretratamiento, la conservación y el procesamiento de las trufas, informa el Gobierno de Aragón en una nota de prensa.Se prestará especial atención a las cuestiones relacionadas con el marco jurídico y normativo para una legislación de trazabilidad para cada país involucrado y a las reglas sobre la recolección de trufas silvestres en Europa.

Las capacidades de investigación se fortalecerán mediante el intercambio de conocimientos y experiencia en un programa compartido de investigación y capacitación que proporcionará una cooperación transnacional más sólida y mejores conexiones entre los actores comprometidos con la investigación y la producción en la cadena de valor de la trufa.

Como socios en el proyecto figuran la empresa de Graus, Aragotruf, dedicada al viverismo, la truficultura y la venta de trufa y de productos trufados, y la Diputación Provincial de Huesca, de la que depende el Centro de Investigación y Experimentación en truficultura también ubicado en Graus.

El proyecto se completa con la participación de la Universidad de Málaga, del centro tecnológico Forestal de Cataluña y de las universidades italianas de Sassari y de Perugia y la de Belgrado, en el ámbito europeo, así como la autónoma de Chile y la Mohamed V de Rabat.

El programa previsto de comisiones de servicio es amplio e incluye una serie de actividades científicas, desde el intercambio y la formación de habilidades técnicas hasta el desarrollo metodológico y la planificación de nuevas investigaciones futuras.

Buscan determinar si influyen en la trufa los insectos de las plantas aromáticas

La primera parte del proyecto Tubersystems pretende incidir en la biología de la trufa y establecer métodos de manejo basados en el desconocimiento, mientras que otro de los objetivos se centrará en analizar la truficultura multifuncional, que consiste en compatibilizar el cultivo de las carrascas micorrizadas con, en este caso, las plantas aromáticas. 

Parladé comenta al respecto que las investigaciones realizadas hasta ala fecha se han centrado en el suelo y hay numerosos estudios sobre los hongos que compiten por la raíz de la encina o la planta trufera. Sin embargo, ahora el Irta quiere ir más allá y analizar el efecto que tienen en la trufa los hongos simbiontes o saprófitos de otras plantas. Este tipo de hongos también pueden interaccionar con Tuber melanosporum pero, como aclara el investigador del Irta, hasta que no se han desarrollado técnicas de análisis de ADN no se han podido establecer conexiones.

Aunque ya hay algunas fincas –varias de ellas en la provincia de Teruel– que simultanean el cultivo de la trufa con el de las plantas aromáticas, estas prácticas son relativamente recientes y Tubersystems pretende aislar los hongos que forman micorriza con las hierbas que crecen en el quemado. “Veremos si podemos inocularlos a las plantas aromáticas si resultan ventajosos para la trufa”, comentó.

Por otro lado, la mejora de la biodiversidad supone un aumento del número de enemigos potenciales de otros depredadores de la trufa o de insectos como el Quermes vermilio, conocido popularmente como cochinilla, que afecta a la carrascas. 

Otro aspecto que todavía queda por resolver es la repercusión organoléptica de las plantas aromáticas en la trufa. Se desconoce si la presencia de lavanda, tomillo y salvia afectan al hongo y por eso se está haciendo un primer ensayo para ver su evolución. Xavier Parladé señala que estas plantas utilizan los compuestos aromáticos para evitar que se la coman determinados insectos, por lo que hay que analizar si también ahuyentan a los que resultan agresivos para Tuber melanosporum. 

En cuanto a la posible afección al aroma de la trufa, Parladé adelanta que es muy improbable que le afecte porque la interacción a nivel de hongos es totalmente diferente. El investigador detalla que tomarán suficientes muestras como para establecer un patrón. Además, el proyecto contempla la colocación de trampas que permitirán conocer los insectos polinizadores que hay en la zona.

Además de las muestras de micelio y de ADN, también recogen otros parámetros como PH, fósforo, potasio materia orgánica o textura del suelo. Toda una serie de valores que hay que analizar con detalle para establecer patrones. “Seguramente encontraremos alguno que pueda ayudarnos a mejorar las condiciones en plantación”, vaticina el responsable de la investigación en el Irta. 

Poner valor a la truficultura

Otro de los objetivos que se contemplan en el proyecto es la cuantificación económica de lo que supone la truficultura. El objetivo es analizar no solo la importancia económica de un sector de gran relevancia en España de un producto que principalmente se destina a la exportación. El Irta quiere ir más allá y busca cuantificar el beneficio que un cultivo ejemplar como el de la trufa tiene para el planeta. 

El investigador Xavier Parladé comenta que estos servicios ecosistémicos van a tener cada ve mayor relevancia en Europa y que tendrán mucho peso en los próximos programas de la Unión Europea. Y en este sentido la truficultura tiene muchas cartas a su favor puesto que, entre otras características, ayuda a romper la monotonía que provoca en el paisaje una especie única y crea espacios más abiertos, lo que supone una protección ante la expansión de los incendios. “Estas cosas son intangibles, pero no solo se pueden valorizar sino que cada vez tendrán más valor”, concluye Xavier Parladé.