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Raquel Fuertes

“Ha sido la peor experiencia sexual de toda mi vida. ¡Asqueroso!”. Con este exabrupto en la escalera me ha sacado de mis pensamientos mi vecina (preuniversitaria) y me he sentido mayor, mucho, porque la he sentido a ella joven, demasiado como para poder hacer semejante afirmación categórica denotando, además, amplia experiencia. Y más cuando andaba yo rumiando las franjas de edad de cada vacuna, su actual posición frente a la EMA y, dando ya por perdida mi posibilidad de vacunarme en este lustro, aunque alegrándome porque a mi padre le vacunan hoy y con Pfizer (esta semana conocida como “la buena”).

Así que lo lamento: si el titular y las primeras líneas les han hecho creer que hoy íbamos a hablar de posturas, se equivocan. Al menos en parte. Porque a estas alturas de la película la única postura que importa es la que mantenemos con respecto a las vacunas. Y en esta, llámenme clásica, solo hay una responsable: a favor.

Ahora bien, entiendo que el desconcierto al que hemos contribuido entre unos y otros justifica los miedos, rechazos, paranoias y hasta el miguelboseísmo de algunos. Desde los gobernantes, hasta las agencias especializadas, pasando por la prensa y por ese cuñao que todos llevamos dentro, todos hemos contribuido, en medio de un panorama tocado por el miedo y la tragedia, a crear un clima anómalo de desconfianza que no sabemos a qué nos va a llevar.

No voy a entrar en el culebrón de la que iba a ser nuestra salvación, la monodosis Janssen que venía a poner en órbita las cifras de vacunación. Roto (o aplazado) ese sueño, los 70-79 parece que se van a ir solucionando con Pfizer (he perdido la pista de Moderna).

Y ahí está un grupito, el de los 60-69 que, usando la expresión valenciana, han quedado como el rebuig, ese grupo relegado al que le han colado por la escuadra la AstraZeneca (conocida, esta semana, como “la mala”). Por fin han entrado en la rueda, pero con miedito por el exceso de información. “¿Exceso? ¿Cómo?”. Pues sí, cuando se cuenta todo, sin contrastar, sin evidencias científicas, se transmiten rumores (no información) que precipitan decisiones, muchas veces, equivocadas. Información responsable y postura única: para salir de esta solo tenemos las vacunas. Como todo en la vida (lean cualquier prospecto), conlleva un riesgo. Pero el beneficio es, en un 99,99%, recuperar la vida. No hay “mala”.