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Raquel Fuertes

Mira que este país es históricamente de dos bandos. Rojos o azules. Frentismo y siempre a la contra. Luego vinieron más colorines y pensamos que aquello se iba a dividir más, que la cosa iba a estar repartida, que nos íbamos a olvidar del bipartidismo y entraríamos en la era de la pluralidad y el diálogo. Ja. Y, para muestra, lo de las últimas semanas. Sean afines al color que sean, coincidirán conmigo en que esto es un destarifo y no nos extraña pensar con añoranza en el denostado bipartidismo.

Sin embargo, la sociedad sigue haciendo marcha y ahora ya no se lleva el 50/50 sino que nos estamos haciendo más a lo de los dos tercios (o un tercio, si estamos en la minoría). ¿Que me lo invento? Pues no. 

¿Cuántos españoles han llorado en la pandemia? Uno de cada tres. Los otros dos tercios o no han sido interrogados o han mentido como bellacos (que llorar pa dentro también cuenta).

¿Más? Uno de cada tres españoles que el domingo vio la tele escuchó la versión desgarradora de Rocío Carrasco. Yo estuve en los dos tercios, pero creo que ya me podrían meter en el otro de todo lo que he leído y oído a posteriori sin sintonizar ni una vez la cadena amiga.

¿Tampoco les vale? Pues podemos contar los dos tercios del interior de bares que esperan al avance de la desescalada en algunas autonomías. Aunque viendo que Merkel emite comunicados de madrugada para decir que cierra Alemania (excepto los que vuelan a nuestras playas, que Mallorca no cuenta como land), lo más probable es que a corto solo tengamos aforos de tres tercios en nuestro propio hogar.

¿Más serios? La mayoría cualificada necesaria para modificar la Constitución (que a lo mejor sí, pero según lo previsto, oiga) es de dos tercios. Ahí es nada. O los dos tercios largos que hemos de estar vacunados para alcanzar la inmunidad de rebaño…

Bueno, mientras decido si me polarizo o no, si paso a engrosar alguna mayoría cualificada o me quedo como parte de una minoría descalificada, camarero, por favor, traiga un par de tercios. Y, aunque por aquí no se estile la costumbre de la tapa, estírese un poco y saque aunque sea unos cacahuetes. Que por lo menos nos quede el agradable momento de la tertulia entre amigos. Y el tercio que nos llevemos puesto.