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Raquel Fuertes

Hoy podría hablar de esas cosas que nos vacían por dentro y nos dejan el alma llena de algo parecido a serrín de nubes. Pero no. La vida suele dar más opciones a la prosa que al verso y la realidad de la despoblación progresiva se presta más a eslóganes reivindicativos que a rimas consonantes. Mi madre está ingresada en el Obispo Polanco desde hace una semana. A pesar de que el punto de partida no era muy prometedor e incluyó el paso por la UCI ha tenido suerte: había médicos de todas las especialidades que está requiriendo un proceso de cierta complejidad. Además, el trato y la atención están siendo excelentes. Desde el centro de salud del pueblo hasta llegar a esta hospitalización a la que se enfrenta en calidad de desplazada. Sin embargo, a la espera de que todo se resuelva favorablemente, no puedo parar de pensar en qué hubiera pasado si…

Porque en Teruel no siempre hay médicos de todas las especialidades. A veces quedan vacantes sin ocupar dejando toda la provincia sin especialistas de una materia. O con pocas enfermeras. O con turnos sin cubrir. Recuerdo las noticias de cuando no hubo otorrino. Seguro que alguien pensará, “bueno, no suelen tratar de nada con potencial resultado de muerte” porque la ignorancia es muy atrevida. Hace cinco años, el celo profesional de un otorrino provocó que a mi madre le hicieran pruebas que consideramos excesivas para una sordera y que acabaron con el diagnóstico de un aneurisma. Le salvó la vida. ¿Qué hubiera pasado si hubiese estado en Teruel cuando no había especialista?

En mi experiencia personal no tengo queja del servicio sanitario que he recibido cuando he tenido algún problema. Al contrario: los profesionales suelen ser más amables y cercanos. Pero ¿qué pasa cuando no hay un especialista o cuando el único que hay está en su casa o de vacaciones? ¿Y cuando no hay aparatología para realizar pruebas diagnósticas o aplicar tratamientos? El caso de los enfermos de cáncer que han de desplazarse periódicamente a Zaragoza es un ejemplo de la precariedad sanitaria a la que se puede llegar en Teruel. Además de comunicaciones, educación o servicios deficitarios, cuestiones como esta son las que contribuyen a seguir vaciando provincias. Esas que deberían estar pobladas todo el año y no solo cuando venimos a veranear, coger setas, esquiar o posturear en Instagram.