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Raquel Fuertes

La vida corre. A veces con tanta velocidad como si la persiguiera la mismísima muerte. Hace dos días estábamos haciendo cobertura integral de fiestas y verbenas durante tres meses sin descanso y hoy, por no haber, no hay ni discomóvil sobre la que exigir control horario a nuestros hijos (verano dos de pandemia).

De pronto ya no eres tú el que sale prometiendo en vano buen comportamiento y corrección sino que pasamos a ser los que pedimos juramento de buena conducta a chavales que emprenden su propio camino. Y en ese camino no todo es recto ni está escrito.

En la vida hay que experimentar para avanzar, para no morir de aburrimiento o inacción. Pero hay que saber parar y, en el caso de las adicciones, poder parar. Ojo, no quiero demonizar (está de moda) a los jóvenes. No, quien esté libre de haber traspasado las líneas de lo correcto, prudente o saludable que dé un paso al frente. Quien más quien menos, de una u otra forma, hemos jugado a cruzar límites. Todos hemos sido jóvenes e, incluso después de dejar de serlo, no hemos podido resistirnos a la tentación de la falsa valentía, de querer demostrar que no tenemos miedo a nada o que somos capaces de probarlo todo.

Y así, con la tontería, con eso que creemos una madurez sobrevenida al ser capaces de tomar decisiones sobre nuestra vida y nuestro cuerpo es como nos metemos en un infierno.

No, no me llamen exagerada. Hemos sido muy permisivos con el eufemístico “uso recreativo” de las drogas. Salir de fiesta y liarse un peta o hacerse una raya no va a ninguna parte. ¿O sí? Al margen del daño neuronal, la amenaza de la adicción y sus consecuencias no es algo ajeno y extraño.

Lo he visto muchas veces, muy de cerca, como para ignorar que la droga ata y mata. ¿Qué libertad puede haber en el consumo de algo que tira de ti con tanta fuerza que anula tu capacidad de decidir?

Años perdidos, cursos perdidos, paranoias, esquizofrenias, mentiras, delincuencia, secuelas de por vida… Algo hemos hecho mal cuando un chaval de 20 años dice que lo mejor que le ha pasado en su vida es la marihuana. Quizás no hemos sido contundentes a la hora de decir que las putas drogas matan. Del todo o una parte de ti. Sé más listo.