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Raquel Fuertes

¿… qué te han traído? Esa es la frase con la que se iniciarán las conversaciones durante los próximos días. Es curioso que mantengamos al menos trazas de ilusión en estos tiempos en los que creemos tenerlo todo, aunque muchas veces no seamos capaces de ver que nos falta lo principal. Y viceversa.

Después de la mañana de envoltorios rasgados en la que toneladas de papel hortera, brillante, infantil, navideño, floreado, reciclado o profusamente blanqueado con cloro acaban en el contenedor equivocado después de pasar su viacrucis de ruptura, arrugado y olvido en los salones de nuestras casas, el día de Reyes siempre me ha gustado por ver por las calles a los niños con sus patines, bicis, muñecas, pelotas… Casi como cuando la vida era normal.

Y no hablo ahora del covid sino de la digitalización de la existencia empezando desde los más tempranos juegos. Aún recuerdo las mañanas, sobre todo cuando nació mi hermano pequeño, que nos pasábamos con las construcciones o montando el universo de los clicks… En casa nunca hubo demasiados juguetes, pero no nos faltaron los que hicieron ejercitar nuestra imaginación ayudándonos a crecer y a fomentar nuestra creatividad y capacidad de relación.

Hoy, centrados en un mundo cada vez más virtual y menos real, condenamos a los niños a vivir en Matrix sin darles la opción de elegir la pastilla roja. Demasiado pronto les damos la pastilla azul y les metemos en un entorno irreal, con relaciones humanas viciadas por el canal digital y propiciando que en el futuro tenga peor capacidad para la relación personal o para la resolución de fracasos y conflictos.

Esos juguetes que empujan hacia inexistentes universos paralelos (en breve, “Metaverso”) donde todo es más sencillo, o te lo fabricas a medida o lo abandonas cuando la cosa se pone fea, ayudan bien poco a gestionar lo que viene siendo la vida.

Ese “bienvenido al mundo real”, sin embargo, acaba llegando casi siempre. Como problemas de salud, de estudios, de relaciones, de trabajo… Y con las poquitas herramientas que les facilitamos (sumando la sobreprotección) provocamos que sean poco resolutivos, incapaces de asumir la frustración o de enfrentarse a los problemas. Que la resiliencia no es solo una palabra de moda.

Ojalá este año los Reyes traigan, también a los mayores, salud, amor, ilusión y un cometido que nos haga sentirnos útiles y felices. En el mundo real.