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La futura carta arqueológica de la Sierra de los Caballos de Alcorisa protegerá los yacimientos La futura carta arqueológica de la Sierra de los Caballos de Alcorisa protegerá los yacimientos
Detalle de la ortofotografía de 150 hectáreas de Seno. Alvana Drones

La futura carta arqueológica de la Sierra de los Caballos de Alcorisa protegerá los yacimientos

El CELA se apoyará en ortofotografías de seis municipios
El Centro de Estudios Locales de Alcorisa (CELA) comenzará en 2023 a hacer prospecciones y catalogar todos los yacimientos de la Sierra de los Caballos con el objetivo final de elaborar una carta arqueológica para preservar este patrimonio y darlo a conocer. Como primer paso, ha plasmado en ortofotografías y modelos 3D las 150 hectáreas que quiere investigar en Seno, y hará lo mismo en Alcorisa, Berge, Foz Calanda, Mas de las Matas y Castellote.

Este trabajo preliminar ortofotográfico ha sido realizado por la empresa Alvana Drones y financiado gracias a un convenio entre el CELA y la Comarca del Bajo Aragón. En adelante, se iniciará el proceso de evaluación de imágenes y datos, y la programación de un calendario de actuaciones para 2023 tras pedir los permisos  para realizar las prospecciones.

“Es el primer proyecto supramunicipal que vamos a realizar en la historia del CELA”, centro de estudios que se remonta 30 años en el tiempo, explicó su presidente, Óscar Librado. El trabajo pretende dar con todos los vestigios arqueológicos de la Sierra de los Caballos, algo que una de las coordinadoras del proyecto, la doctora en Historia Montse Martínez, comenzó a hacer entre 1980 y 1982 para su tesis doctoral.

Una visión global

Los resultados de la investigación de Martínez, que se recogen en la Carta Arqueológica de Aragón, se complementaron con investigaciones realizadas por el Grupo de Estudios Masinos (GEMA), pero a juicio del proyecto del CELA es necesario seguir estudiando el territorio “para obtener una visión global sobre su ocupación demográfica, distribución y relación entre los asentamientos, el aprovechamiento de los recursos y el papel que han jugado a lo largo de las diferentes etapas históricas importantes”.

“Desde el punto de vista arqueológico, los asentamientos prehistóricos, antiguos y medievales han sido testigos de la importancia de estas tierras para el trasiego de los pueblos que las habitaron por unas vías naturales”, prosigue el proyecto. Algunas de ellas, utilizadas hasta tiempos recientes, “han puesto en contacto el valle del Guadalopillo y la vecina cuenca del río Martín con el valle del Guadalope, principalmente con las hoyas terciarias del Mas de las Matas (que supone la comunicación con el río Bergantes y su penetración hacia el Maestrazgo morellano) y de Santolea-Las Planas de Castellote”, detalla el CELA.

Tras conseguir mediante drones las ortofotografías -fotografías aéreas que presentan todos los elementos de una zona de superficie terrestre a la misma escala- y obtener modelos en 3D para obtener un “plano cartográfico impresionante”, en 2023 se formará a las personas que vayan a recorrer el terreno para localizar yacimientos, como “cazadores, corredores, ciclistas, forestales y todos los que van por el monte”, explicó Librado.

“Hay villas romanas numerosas y otros yacimientos. Nombres de parajes como Valdecastillo o Villaplano determinan que hubo algo y queremos descubrirlo”, apostilló. “En las primeras fotos que hemos analizado se ven estructuras cuadradas, con ángulos rectos que parecen esquinas y que tendrían que ver con antiguos asentamientos”, destacó.

Catalogar para divulgar


“Esto va a ser un proyecto a largo plazo, mínimo cinco años, y el objetivo final es realizar una carta arqueológica donde tener todos los yacimientos catalogados para que posibles estudiantes del futuro puedan aprovecharlo”, destacó el presidente del CELA, que tiene entre manos otro ambicioso proyecto como es el de Alcorisa Subterránea.

Explicó también que una de las motivaciones del CELA para catalogar el patrimonio arqueológico es poder tener una mejor información de cara a las alegaciones ante la “invasión de parques renovables y minas de explotación de arcillas”.

El proyecto, en el que también participan el doctor en Ciencias Geológicas Luis Moliner y el historiador Rafael Catalán, pretende primero “localizar y catalogar aquellos asentamientos de población que permitan estudiar, salvaguardar y establecer conclusiones sobre el reparto territorial de los mismos, su naturaleza y las actividades que pudieran haber desarrollado” a lo largo de la historia, indica la memoria.

En segundo lugar, se trata de “elaborar una carta arqueológica de la Sierra de los Caballos para formular cuestiones relacionadas con los patrones de asentamientos, así como las vías de comunicación utilizadas, el control del espacio, la explotación de los recursos y el significado del paisaje para las poblaciones ocupantes”.

Ello contribuirá a la “conservación del patrimonio arqueológico y etnográfico, determinando su naturaleza, estado de conservación y medios para la salvaguarda del mismo”, contribuyendo a la configuración de rutas.
Se usará en la prospección el “método intensivo aleatorio estratificado”, con participación de personas familiarizadas pero que tendrán que ser formadas en el manejo de los materiales y en el conocimiento de las etapas históricas del territorio.

 

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