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El machismo de las mujeres El machismo de las mujeres

El machismo de las mujeres

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Jamás pensé que escribiría una columna defendiendo a Irene Montero, y no lo haré. Nunca lloro en público, si consigo controlarme, pero esta vez no puedo. Miraba cómo la ministra contenía las lágrimas en el Congreso durante el cerrado aplauso que la arropaba frente a los ataques furibundos de una diputada de Vox, y se me escapaban las mías. No lloraba por ella, si no por la profunda tristeza que me produce ver cómo una mujer ataca a otra arrojándole el ácido del machismo a la cara. Montero ha sido la persona más insultada en España en las últimas semanas, y las palabras más ofensivas han salido de boca de dos mujeres. Que ha llegado a dónde está por “haber sido fecundada por el macho alfa”, o que “lo único que ha estudiado ella en profundidad es a Pablo Iglesias” son, para muchos, descalificaciones barriobajeras intolerables; yo creo que van  más allá. Se puede insultar a alguien de muchas formas; no se debe, pero se puede, y ellas han elegido hacerlo con el discurso miserable que lleva siglos atenazándonos a todas, y cuya consecuencia más grave es el asesinato de cinco mujeres cada hora en el mundo, el 56% en el ámbito familiar, según la ONU. Wittgenstein, uno de los filósofos más influyentes de la historia, escribió: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. ¿De verdad no son evidentes las fronteras que trazan que esas palabras? ¿Alguna vez han oído que los méritos profesionales de ellos sean ridiculizados públicamente por haberse acostado con ellas? ¿Las mujeres que hacen suyos esos argumentos no ven  que acabarán sufriéndolos, si no lo han hecho ya, en sus propias carnes o en las de sus hijas? Yo no le presupongo a nadie la torpeza y la ignorancia (otra forma de entender el mundo bien arraigada) así que imagino que se venden por las lentejas de un escaño, un ascenso, una foto, o un aplauso. La comida se acabará y tendrán que salir a buscar más a ese mundo en el que ellos son fiscal, defensa y juez y ellas despejan los juzgados para que no tropiecen al salir.

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