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Arranca el rodaje en Torrevelilla de un documental para preservar el chapurriáu Arranca el rodaje en Torrevelilla de un documental para preservar el chapurriáu
Gemma Blasco y Ferrán Rañé dialogan con tres mujeres participantes en los documentales en una de las salas del Museo Histórico de Torrevelilla

Arranca el rodaje en Torrevelilla de un documental para preservar el chapurriáu

Profesionales de la localidad dirigen este fin de semana conversaciones sobre ocho temas

Torrevelilla comenzó ayer la grabación de una serie de documentales durante el fin de semana con el fin de poner en valor y tratar de preservar lo chapurriáu, la lengua materna que se habla en siete municipios de la Comarca del Bajo Aragón y que comienza a estar en desuso por parte de las nuevas generaciones.

El proyecto, llamado Documentales de Torrevelilla-Lo Chapurriáu, está impulsado por la Asociación Cultural Club Baloncesto de la localidad del Mezquín y respaldado por el Museo Histórico del municipio, a donde irá a parar una copia de esta edición en DVD que aspira a dar el salto a la televisión y a los festivales de cine, y que podría tener una primera proyección pública el 30 de octubre en la localidad.

El proyecto lo lideran profesionales relacionados con el mundo del cine, la televisión, el teatro y la música de Torrevelilla que realizarán una serie de ocho documentales cortos de 15 minutos y un largometraje de 60 minutos con el fin de poner en valor esta forma de hablar.

Dirigido por Ferrán Rañé

El trabajo audiovisual está dirigido por Ferrán Rañé, rostro habitual del cine y el teatro español. Ha encarnado multitud de personajes tanto sobre las tablas como en series y películas  como Amanece que no es poco, El embrujo de Shanghai, Si te dicen que caí o Perdona Bonita pero Lucas me quería a mí, entre otras muchas.

Colaboran también músicos de la talla de Mariano Marín, que ha compuesto bandas sonoras para Alejandro Amenábar, Fernando Colomo, Jaume Balagueró o Daniel Calparsoro, entre otros directores cinematográficos.

La realización corre a cargo de la joven Gemma Blasco, que a sus 27 años tiene un amplio currículum, con premios como el Travelling 34 en el Tres Court International Film Festival, el Mejor Corto de la sección Noves Visions del Festival de Sitges, o a la Mejor Dirección en los premios Sgae-Nova Autoría del festival catalán. Además, tiene un largo, El Zoo, que ha rotado por el festival de Las Palmas de Gran Canaria, Cinemajove, el D’A de Barcelona, el Atlántida Film Fest y el PNR Festival de Cine de Madrid.

Tres mujeres conversan sobre servicios públicos, ayer en el Museo de Torrevelilla

Los protagonistas, los vecinos

Sin embargo, los verdaderos protagonistas de las cintas son los vecinos, casi todos de avanzada edad que, de tres en tres, forman pequeños grupos en los que durante una hora hablan de sus recuerdos y tradiciones “sin dirigirse a cámara y sin presentadores”, de forma que el tono de la conversación sea “súper natural, como lo podrían tener en cualquier sitio”, explicó Rañé.

Los diálogos tienen lugar en tres salas del Museo Histórico en las que los elementos técnicos son mínimos. El rodaje se hace con tres cámaras para poder valorar y montar tanto los planos hablados como los de reacción. Todo ello con abundantes primeros planos para dar el máximo protagonismo audiovisual a los invitados. Hay micrófonos, pero pocos focos para respetar la iluminación natural. “La fotografía está muy cuidada”, dijo Rañé.

Cada capítulo de los documentales se estructurará en torno a un tema de conversación: trabajos en el campo, oficios y profesiones, la escuela y la educación, trabajos en el hogar, trabajos fuera del hogar, servicios públicos y vida social. El octavo tema, lengua amenazada, servirá para la reflexión, pues se centrará en jóvenes que conocen y hablan el chapurriáu pero no lo usan como debieran. 

Con la ayuda de dos conductores de la conversación que no aparecerán en plano, se espera que afloren subtemáticas como la recogida de la oliva, los lavaderos, las minas, la educación, la matanza del cerdo, el agua en la fuente, la falta de luz, el primer cine, bares, la primera televisión, bailes, noviazgos, bodas, oficios, denominación de diferentes útiles, aperos y herramientas, el trabajo doméstico, construcción de casas, bancales, cabañas, poemas, dichos, canciones…

Todo ello desde “la simpleza técnica” para que la verdadera protagonista sea únicamente “esa lengua tan bonita y feroz”, señaló la realizadora de los documentales, Gemma Blasco, que a sus 27 años se siente responsable de que las nuevas generaciones estén perdiendo este habla. “Hay poca gente joven en todo el pueblo que lo utilice”, lamentó.

“Vamos a poner en valor este territorio gracias a la idea de Ferrán con un proyecto ambicioso que va a dar a nuestra manera de hablar una protección y un impulso súper fuerte”, subrayó la consejera delegada de Patrimonio y Lenguas, María José Gascón, que vaticinó que la serie “va a ser muy potente y va a tener mucha repercusión” a nivel de Aragón. La administración comarcal sufraga la iniciativa con 4.500 euros, la mitad del presupuesto total que incluye el alquiler de equipos de grabación, sonido e iluminación, montaje y edición. El 50% restante lo aportarán el Ayuntamiento, el museo y la asociación cultural.

No entran en polémicas

De los 20 pueblos que forman el Bajo Aragón, en siete se habla lo que mayoritariamente se conoce en el Mezquín como chapurriáu. A estos hay que sumar los 18 del Matarraña y un total de 70 en la Franja aragonesa, entre los que existe algún tipo de debate con respecto a cómo hay que llamar a la lengua, ya que algunos prefieren denominarle catalán.

No obstante, Rañé quiso huir de toda polémica y expresó que el objetivo del proyecto no es político, sino etnográfico. La lengua materna no se enseña en la escuela y cuando los jóvenes marchan a estudiar fuera, a menudo vuelven sin un aspecto clave de su “personalidad”, lamentó Rañé. Con estos documentales “queremos oír de boca de los vecinos que lo hablan cómo suena un idioma tan expresivo”, pues “el poder del lenguaje hablado es espectacular”, alabó. 

“Se me ocurrió que la gente del cine de Torrevelilla podríamos dar un testimonio audiovisual, sin más. Nosotros somos descendientes de Torrevelilla y estamos enamorados de la lengua que se habla aquí. Nunca nadie ha tenido problema en decir que lo que naturalmente hablan es lo chapurriáu, y punto. Nuestra colaboración es dejar documento con imagen y palabra de esta forma de expresión, que tiene un poder inigualable. Esto tendrá un valor histórico y cultural que lo podrá utilizar todo el mundo que esté preocupado por una lengua que está amenazada”, concluyó el director.


 

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