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Javier Hernández

La política española en todas sus escalas está llena de gente singular, y lo dejaremos ahí en singular para no tener que medir la fuerza en kilopondios. En esa singularidad Pablo Echenique es de los que atesoran el adjetivo a nivel de torrente libre. Conste que a diferencia de otros Echenique es una persona con una gran formación, en su caso científica. Doctor por la Universidad de Zaragoza, investigador y digno es reconocer su ahínco en la lucha por romper barreras arquitectónicas para hacer una sociedad inclusiva, amén de su trabajo en el CESIC, junto con gran número de publicaciones. Otra cosa es su actividad política.

No todo el mundo sabe, pero hay gente que sí, que Echenique comenzó su carrera política en Ciudadanos -quien lo diría- pero así fue, incluso confesaría que votó al partido naranja; no vamos a hacer juicios ligeros en el tema, cada uno es libre y eso de cambiar de opinión o idea es un derecho. Cierto es que el hombre ha mudado y mucho la verdad. Tampoco se habla mucho de su apoyo a la guerra de Irak en 2003, y eso lo confiesa el propio político en carta publicada en su momento en el Diario.es. Cambios de cierto perfil brusco, curiosa la vereda, pero no dejaré de insistir que el buen señor tiene derecho a cambiar de opinión, eso sí, también sobre esa maleta la ciudadanía puede hacerse pregunta o expresar críticas.

Con los años y ya de morado vino el desembarco en la política aragonesa, aquellas elecciones de 2015 en las que Pablo Echenique fue cabeza de cartel para presidir el Gobierno de Aragón, aquellos 14 escaños que Echenique puso en la mesa para apuntalar el primer gobierno de Lambán que tenía 18, y lo hizo al más puro estilo Biel “tu la presidencia del Gobierno nosotros la de la Cortes” aunque no al principio conste, esto en verso libre claro está. Cuatro años que hoy con la perspectiva del tiempo nos permite afirmar que fueron de absoluta inoperancia por parte de Podemos, sin asumir ningún tipo de gestión en la DGA, y con un grupo parlamentario donde cada cual hacía la guerra por su cuenta. Tuve ocasión de estar en varios plenos de las Cortes y debo decir que nunca había visto hacer tan alto número preguntas con tan alta falta de sustancia como las que hacía algún diputad@ morado y el propio Echenique en aquellas sesiones.

Estamos pues ante la que fue una de las torpezas mayores de la carrera de Echenique, a las pruebas me repito, de 14 escaños se pasó a 5 y gracias. Desastre sin mucha resonancia nacional, evidentemente el contexto aragonés no es tan mediático como otros territorios, solo en la guerra del PSOE entre Susana Díaz y Pedro Sánchez, Lambán obtuvo el título de barón por parte de la prensa nacional, pero de eso ya nadie se acuerda, creo que ni Lambán.

Ese collage de torpezas en los pactos se traslucía en aquel tiempo tan feliz donde nunca sabías si Podemos Aragón quería un hospital en Teruel con habitaciones de una cama o dos, ni cual era su receta para la despoblación, ni siquiera llegamos a conocer si tenían un plan para el turismo o la sostenibilidad como motor de desarrollo. De aquellos barros estos lodos, una organización con una inexistente presencia territorial en Aragón. Resulta paradójico que Echenique sea actualmente dirigente de la cúspide más nacional de la organización y que fuera precursor antes incluso que Rivera en lo de hacer saltar una organización política por los aires, me intriga que tipo de cursillos participativos hizo en su etapa en el partido naranja, igual todo lo aprendió allí y somos desconocedores, aunque esto son meras hipótesis y son mías, dicho queda, pero he contrastado con más periodistas, conste. El dato es evidente, se pasó de 14 a 5 y ahora las encuestas incluso aventuran un paso de cinco a cero, lo cual sería digno de análisis llegado el momento.

Quiero insistir una vez más que el derecho a cambiar lo tiene todo el mundo; quiero insistir que cuando una formación pierde con amplitud más de la mitad de sus escaños en unas elecciones es un fracaso. Este es un país donde a escocotarse barranco abajo en política se le llama leve tropiezo y escocotarse toda la vida y siempre ha sido darse un guarrazo. Echenique es uno de los políticos españoles a los que una mala gestión no les supone ningún freno, es palpable su deficiente trabajo en Aragón y el premio fue llevarlo al Olimpo dirigente de Madrid; pero tampoco es un caso aislado, de esos en España hay unos cuantos; la política está llena de encantamientos con solo pronunciar abracadabra.

Curiosamente en el actual gobierno aragonés, Podemos sí gestiona, concretamente la consejería de Ciencia, Universidad y Sociedad del Conocimiento. Y uno, que tiene mucho que ver con la Universidad, está en condiciones de afirmar que es más fácil hablar con la actual ministra de Educación que con el director general de Universidades de Aragón. Debe ser que en Podemos Aragón hay cielo y a lo mejor temen un asalto. Tranquilidad, la gestión histórica de Echenique indica que restar sigue de moda.