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El I Campus ARS propone redescubrir la universidad a través del arte instalativo El I Campus ARS propone redescubrir la universidad a través del arte instalativo
Artistas, estudiantes, profesores y representantes institucionales en la inauguración de la exposición del I Campus ARS, ayer en Teruel. MA

El I Campus ARS propone redescubrir la universidad a través del arte instalativo

Los cinco proyectos premiados en el certamen de arte se expondrán hasta el 16 de diciembre

El campus universitario de Teruel acoge desde ayer  miércoles la exposición Campus ARS, en las que, hasta el próximo 16 de diciembre, podrán verse las cinco instalaciones seleccionadas en la primera edición del concurso de arte organizado por el Área de Escultura del grado de Bellas Artes y abierto a sus estudiantes.

Esto no es un juego es la propuesta ganadora del Premio Fundación Térvalis de esta primera edición de Campus ARS, dotado con 700 euros, una instalación creada por María Luis e Ignacio Aparicio. En la exposición, situada en su mayor parte al aire libre en los jardines que hay entre el Vicerrectorado y el edificio de Ciencias Sociales y Humanas del campus, pueden verse además las cuatro propuestas que obtuvieron un accésit por parte del jurado. Se trata de Casa Común, de Mateo Patón, Mirándonos, de Rebeca Opic, Ven a jugar conmigo, de Andrea Tolosa-Cotoré y Alparceo Zone, de Nicolás Beltrán. Cada uno de los accésit se dotó con 250 euros para sufragar los gastos de creación, trasporte e instalación de las piezas.

Nicolás Beltrán ante su pintura mural efímera ‘Alparceo Zone’. MA

Además de los propios artistas -Leyre Mateo acudió en representación del riojano Mateo Patón, que no pudo desplazarse hasta Teruel-, ayer acudieron a la inauguración de la exposición colectiva los profesores responsables de Campus ARS, Elena Utrilla en representación de la Fundación Térvalis y María Dolores Calomarde, directora del Instituto Aragonés de la Juventud del Gobierno de Aragón en Teruel. Calomarde celebró esta primera edición del certamen y apostó porque signifique “el primer granito de arena” para un certamen que se mantenga y crezca con los años, mientras que Utrilla manifestó la intención de Térvalis de seguir colaborando con las actividades impulsadas desde la universidad.

Durante la inauguración se realizó una visita por las cinco instalaciones ganadoras, que están abiertas al público hasta el 16 de diciembre con la particularidad de que, al menos la mayor parte de ellas, están situadas en los exteriores del campus.

Cinco piezas para reflexionar

Las cinco instalaciones de Campus ARS forman un conjunto que invita a pasar una tarde o una mañana redescubriendo el campus, de un modo transgresoramente opuesta al museo tradicional.

Andrea Tolosa-Cotoré ante su instalación interactiva titulada ‘Ven a jugar conmigo’.  MA

Con la propuesta ganadora, Esto no es un juego, la oscense María Luis y el zaragozano Ignacio Aparicio invitan a todos los estudiantes universitarios y el resto de turolenses no pertenecientes a este colectivo a redescubrir el Campus de Teruel, en un paseo a través de doce puntos señalizados en un mapa, situados en exteriores pero también en interiores como el propio edificio de Bellas Artes, el Vicerrectorado de Teruel (donde puede encontrarse un mapa general para situarse), el Colegio Mayor Pablo Serrano, el edificio de Ciencias Sociales y la Biblioteca del Campus.

No es necesario recorrer los doce hitos en un orden establecido, e incluso es muy posible que el paseante encuentre alguno de ellos sin buscarlo, y ello le impela a buscar el resto. Jugando con las palabras, Esto no es un juego, en referencia a la importancia de temas como la perspectiva de género, el medioambiente y las relaciones humanas, los creadores han planteado precisamente un juego en el que la sorpresa, pero sobre todo la libertad y la capacidad de elección guía al visitante de un punto a otro. En cada uno de ellos aguarda una propuesta creativa con un código QR con instrucciones para completarlo y continuar hacia el siguiente. Según explicaron ayer, “el objetivo es animar al juego desligándolo de su connotación infantil y competitivo, fomentado una participación activa que surja de manera libre, espontánea y consciente”.

Algunos de los estudiantes participantes en la convocatoria en el interior de la ‘Casa Común’, de Mateo Patón. MA

Por su parte Mateo Patón propone la Casa Común, un espacio acotado en forma de una pequeña carpa de tela donde se invita al transeúnte a entrar, a escribir con los rotuladores que hay disponibles en las paredes lo que se desee, y a su vez a leer lo que otros hayan dejado. El espacio es una metáfora del acto de comunicarse, conocerse y expresarse con libertad, especialmente de una forma no endógama, ya que, desde la perspectiva de Patón, “existen muchos espacios donde se reúne gente que tiene algún vínculo, por su profesión, sus aficiones o su edad, pero no un espacio público que sea capaz de reunir a cualquier tipo de persona”. Leyre Mateo, que acudió a la inauguración en nombre de Patón, expuso que la palabra que queda plasmada en las paredes de tela representa el diálogo, la conversación, la creación literario y, en general, cualquier medio que permiten el acercamiento entre unas personas y otras.

A pocos metros de esta instalación se encuentra Mirándonos, de la zaragozana Rebeca Opic, que consiste en una instalación de tres grandes espejos situados concéntricamente en torno a un eje determinado por una escultura de piedra en forma de corazón. Opic reflexiona con esta pieza sobre las relaciones humanas, pero en este caso sobre la relación de uno consigo mismo. En pleno espacio público, a la vista de todos, existe un punto telúrico en el que el observador se encierra consigo mismo, donde no tiene otra cosa que hacer que mirarse, escrutarse, indagar sobre la apariencia externa e interna y llegar hasta el fondo de su propia naturaleza, representada por el corazón de piedra.

Rebeca Opic, reflejada en uno de los espejos de su propuesta ‘Mirándonos’. MA

Cercana también se encuentra la propuesta de Nicolás Beltrán, estudiante de intercambio colombiano, que presenta un espectacular grafitti efímero titulado Alparceo Zone. Beltrán se expresa habitualmente a través de la pintura mural, en la que demuestra un evidente dominio, pero conceptualmente está especialmente interesado en las relaciones conceptuales que se establecen entre diferentes culturas y entre diferentes lenguas o dialectos producto de esas culturas. Ayer explicaba que durante un viaje al Pirineo oscense oyó por primera vez la palabra alparcear, utilizada habitualmente en todo Aragón como sinónimo de charlar entre amigos con confianza o alcahuetear o fisgonear sin maldad. Tomó el primer significado y lo relacionó con el término parce, término coloquial originario del la región colombiana de Antioquía, que se aplica para designar a un amigo o para iniciar un acercamiento amistoso con un desconocido, que además tiene la particularidad de que es epíceno, es decir, que no diferencia los dos géneros gramaticales y que, por tanto, favorece el lenguaje inclusivo sin necesidad de recurrir a neologismos.

Con su grafitti Alparceo Zone, que reproduce ese mismo texto, Beltrán establece un punto de reunión en el campus, una especie de mentidero del siglo XXI que además, con esa interacción con el término parce, tiene una connotación positiva y amistosa. La pintura mural está realizada en un soporte plástico concebido para ser efímero, “tanto si las inclemencias del cielo acaban con él como si se retira el 16 de diciembre”. Esto es así en representación de que todo en estos tiempos, incluso las relaciones humanas, parecen abocadas a nacer y desaparecer en poco tiempo, sin trascender al tiempo”.

Elena Utrilla, de Térvalis, entrega el primer premio a Ignacio Aparicio y María Luis

Desde allí y en dirección al CMU Pablo Serrano se encuentra la quinta de las instalaciones, Ven a jugar conmigo, de Andrea Tolosa-Cotoré. Se trata de una interesante propuesta a caballo entre el arte y la psicología, que supone un reto transformador para quien decide someterse a él.

Consiste en una instalación concebida para que dos personas vivan una experiencia común que dura unos diez minutos, y la autora recomienda encarecidamente que sean dos personas desconocidas. También recomienda que la experiencia se realice con auriculares y llevando encima algo de comida o bebida.

A través de unas instrucciones por escrito y auditivas, a las que se accede a través de un código QR, los dos conejillos de Indias, colocados en cada uno de los extremos de la instalación, van acercándose progresivamente y realizando una serie de tareas frente al otro. El discurso de las mismas tiene que ver con las percepciones que tenemos de los demás y de nosotros mismos, y de como los escrúpulos ante la interacción personal se han incrementado notablemente a raíz de la pandemia. Evidentemente, estas acciones no son peligrosas, dolorosas ni constitutivas de delito, pero Tolosa-Cotoré asegura que “nadie que realiza la experiencia la termina siendo la misma persona, ni teniendo la misma percepción de quien tenía en frente”.

Vocación de continuidad

El certamen Campus ARS, que nace con vocación de reeditarse en años sucesivos, está organizado por el área de Escultura del grado de Bellas Artes del campus de Teruel de la Universidad de Zaragoza, Térvalis y la Fundación Universitaria Antonio Gargallo. Los profesores José Prieto, Silvia Martí, Bia Santos y David Cantarero han formado parte del comité organizador. Además de ellos, han formado parte del tribunal valorador Pedro Luis Hernando, Javier Galán, Duarte Encarnaçao, Lilian Amaral y Emilio José Martínez Arroyo, artistas, profesores y catedráticos de diferentes ámbitos de España y Portugal.

Entre los objetivos de Campus ARS figura incentivar a los estudiantes de Bellas Artes de 3º y 4º curso o recién egresados a intensificar su relación con la universidad a través de la creación de proyectos artísticos propios, además de profundizar en la vinculación entre los diferentes grados que se cursan en el campus turolenses y entre la comunidad universitaria y el resto de la ciudadanía turolense. De ahí que las bases establecieran específicamente que las instalaciones fueran concebidas para ser colocadas en una zona al aire libre, como parte del espacio público visitable por cualquiera.

Entre las bases también se establecía que la perspectiva de género y criterios de sostenibilidad ambiental debían estar insertos en las propuestas, en su creación y en el propio discurso artístico.

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