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El paisaje cultural de las masías fortificadas: sueños de grandeza El paisaje cultural de las masías fortificadas: sueños de grandeza
La Torre Piquer (Berge) se mantiene exenta y dominante, con el caserío situado en la base de una pequeña elevación

El paisaje cultural de las masías fortificadas: sueños de grandeza

Teruel Científico y Cultural
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El lenguaje del poder lo impregna todo. Tendemos a pensar que se circunscribe a las altas esferas y que nada tiene que ver con el mundo rural; y mucho menos aún con las bucólicas masías. Pero no es cierto; lo que pasa es que nos hemos olvidado de cómo leer algunas partes de ese milenario lenguaje, que aún permanecen grabadas en nuestro paisaje cultural.

Las masías fortificadas

La masía es un núcleo de poblamiento unifamiliar, asociado a una unidad de explotación agropecuaria y forestal. Implantada en tierras turolenses durante los siglos XIII y XIV, durante setecientos años ha sido el eje vertebrador de buena parte del paisaje rural de nuestra provincia. Desde las masadas se organizaron y explotaron hasta dos tercios de los recursos agrícolas, ganaderos y forestales de muchos municipios.

Dentro de éstas, el mas fortificado constituye una tipología singular y minoritaria, asociado a las élites rurales, con frecuencia miembros de la baja nobleza. Se caracteriza por incorporar una torre, a veces acompañada de otros elementos defensivos (pequeño recinto, aspilleras, cierres de tranca deslizante). En sus orígenes, tuvo una importante función defensiva, que se fue atenuando durante la Edad Moderna. Pero la torre también es una estructura de prestigio, desempeñando las masías fortificadas un papel esencial dentro del paisaje simbólico e ideológico turolense.

La semiótica del poder

El lenguaje, además de para comunicarnos, es usado habitualmente para condicionar nuestra percepción, influyendo en el comportamiento social. “El lenguaje crea realidades” (Humberto Maturana) y puede considerarse una herramienta más del poder. Lo demuestra sobradamente la convulsa política internacional de los últimos meses.

En el caso del paisaje cultural de las masías fortificadas, tal vez sea más correcto referirnos a la semiótica del poder, que va más allá del lenguaje verbal, incluyendo signos y símbolos mediante los cuales el poder se representa y legitima. Este es el caso de la torre y otras características de la masía fortificada.
 

La Torre Santa Ana (Mirambel) recibe el nombre de la ermita integrada en el conjunto

Sueños de grandeza

Dada la diversidad del paisaje turolense, resulta imposible caracterizar en términos absolutos el paisaje-tipo del mas fortificado, variando según el territorio. Sin embargo, la aproximación es mucho más sencilla si hablamos de características relativas, fruto de la comparación con masías no fortificadas. Este planteamiento viene avalado por el propio hecho de que las élites rurales propietarias de las masías fortificadas buscaban demostrar su preeminencia social, por lo que el marco de referencia para diferenciarse del resto de la comunidad eran las características habituales de las masías de su territorio. En un reciente análisis de la componente física del paisaje asociado a las masías fortificadas, detectamos que éstas cuentan con más superficie de terreno, que se traduce en una mayor disponibilidad de pasto y espacios forestales y en un aumento de la distancia respecto a otras masías. El caserío se suele situar en puntos resaltados y visibles, próximos a vías de comunicación, y su entorno suele estar mejor cuidado, con caminos empedrados y tapias realizadas con mampostería de hiladas regularizadas.

Es precisamente en el caserío donde se concentraban la mayor parte de los elementos distintivos; estaba protagonizado por la torre, elemento central del conjunto, a veces presidido por el escudo de la familia. También es frecuente la presencia de palomares (normalmente instalados en la propia torre), asociados a la concepción aristocrática de la cría de palomas (privilegio restringido en las zonas de señorío). Siempre que es posible, cuentan con capilla o ermita asociada, edificio que requiere de licencia eclesiástica y de recursos económicos para su construcción, mantenimiento y culto. Y, en general, disponen de un casalicio de mayor calidad arquitectónica: arcos o grandes dinteles pétreos de fina talla, ventanas con tracería gótica, aleros de madera con canes decorados o, con menor frecuencia, lonjas con arcos o galerías de arquillos. En algunos casos, hay edificios independientes de viviendas para los aparceros que explotan las tierras, dando una imagen de mayor entidad al conjunto.

Pero frente a la diversidad existente en las características físicas del paisaje cultural de los mases fortificados, su dimensión simbólica e ideológica es más homogénea. A fin de cuentas, uno de los objetivos primordiales de sus creadores es el de exaltar su linaje, aspirando a que su masía sea uno de los hitos más destacados del territorio.

El castillo es el principal referente de la masía fortificada bajomedieval, pese al abismo jurídico, social y económico que separa ambas realidades. Durante la Edad Moderna, conforme la residencia aristocrática que sirve de modelo va adquiriendo un carácter más palacial, la masía fortificada se va transformando; se mantiene la torre como elemento de prestigio, pero va perdiendo la componente defensiva y en el caserío se incorporan nuevos elementos para conferirle un carácter más monumental, inspirados en la arquitectura palacial (galerías de arquillos, grandes aleros) o edilicia (lonjas abiertas con arcos).

Será en este contexto en el que la agregación de capillas o ermitas a las masías fortificadas adquiera una mayor relevancia. No en vano, suponía la incorporación de un hito fundamental para la sociedad rural, aportando una dimensión religiosa al paisaje simbólico de estas estructuras. Incrementa su visibilidad y relevancia, especialmente en aquellos casos en los que la ermita esté asociada a una romería o incluso centralice determinadas funciones religiosas (como la misa dominical) para las restantes masías de su entorno.

Las transformaciones operadas en el siglo XIX acabaron bruscamente con los “sueños de grandeza” de la mayor parte de las masías fortificadas, lo que contribuyó a su desaparición.

Para saber más:

Ibáñez, J. et al. (2021), Las masías fortificadas en la Comarca de Gúdar-Javalambre en el contexto de la provincia de Teruel. Qualcina - Arcatur Teruel.

Ibáñez, J., Casabona J.F. & Sáez R. (en prensa), El paisaje cultural del mas fortificado turolense, VI Congreso Internacional de Castellología, AEAC – Universidad de Huelva.

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