Javier Macipe, director de cine y músico: “Ahora que podría ir más rápido en todo entiendo la importancia que tiene la paciencia”
La Estrella Azul visitará el Teatro Marín de Teruel durante su gira definitiva de despedida‘La estrella azul’ de Javier Macipe, gran triunfadora de los Simón con ocho premios
Un repertorio renovado para un concierto idéntico en intensidad
Javier Macipe es el músico que hace casi un año ganó un Goya por la hipnótica La estrella azul y el director de cine que ha conseguido que la chacarera argentina suene por toda España. El de Ariño regresará el próximo 6 de febrero (20.30 horas) al Teatro Marín de Teruel a ofrecer un concierto de la gira que pone final a su mastodóntico proyecto musical. Ese que nació al calor de su primer y exitoso largometraje y que ha sonado durante dos años a lo largo de 70 conciertos por toda España, recreando la fusión de sonidos que parieron Mauricio Aznar (Más Birras) y Carlos Carabajal, y que integran el ADN del filme ganador de dos Goyas el año pasado.
Esa gira final, tras la que Javier Macipe se concentrará en su próxima película que rodará en México, contará también con fechas en el Principal de Zaragoza (17 y 18 de febrero), en Huesca (22 de febrero), en la Sala Galileo de Madrid (26 de febrero) y terminará en Alcorisa para abril. Un doble LP en vinilo que se publicará en primavera dejará sustrato material del proyecto musical encabezado por Macipe y por el protagonista de La estrella azul, Pepe Lorente, pero volver a escucharlos en directo -con nuevo repertorio- es una de esas cosas que solo van a pasar una vez en la vida. Las entradas -a partir de 15 euros más gastos de gestión- ya pueden adquirirse en la web del Teatro Marín.
-Esta gira da carpetazo a un proyecto musical que le ha mantenido muy, pero que muy ocupado, durante dos años. ¿Tiene sensación de pérdida?
-Sobre todo tengo sensación de haber cumplido un sueño. Desde los 15 años he tocado en grupos de rock, fui músico antes que cineasta. Cuando estudiaba tuve una banda que apuntaba muy bien, con la que llegamos a grabar un disco pero al final la cosa quedó en nada. Y siempre he guardado cierto sentimiento de frustración por no haber cumplido ese sueño de ser músico, de hacer conciertos en sitios importantes, de ir de gira... En ese sentido me siento satisfecho por haber cumplido mi sueño.
-Habiendo ganado un Goya eso suena raro...
-(Risas). Si tengo que elegir entre los dos sueños, no sé si no me quedaría con el concierto que hicimos con Cuti Carabajal en la Plaza del Pilar, por ejemplo, ante miles de personas, o con lo que pasó aquí en febrero, con el Teatro Marín lleno y una comunión con el público imposible de explicar... Mi madre siempre me ha hablado del Teatro Marín como un lugar casi mítico, donde ella había bailado jota. Ella vino a ese concierto en Teruel y fue flipante ver a la gente de pie, cantando las canciones de Mauricio. Esa es una de las cosas de las que me acordaré muy bien al final de mi vida.
-No todo son Goyas o premios, y ustedes han hecho cosas muy locas e importantes. En 1996 Carlos Carabajal actuó por primera vez en Teruel y entonces nadie lo conocía. Y hoy gracias a La estrella azul a todo el mundo al menos le suena su nombre y el de la chacarera...
-Y más allá de los nombres propios, ahora miras Spotify y ver que se han multiplicado las escuchas de Carabajal o de Mauricio Aznar. El año pasado recorrió más de 300.000 kilómetros de gira por toda España, estuve más de 300 días fuera de mi casa. Y venía gente joven de todos los sitios diciéndome que no paraban de escuchar chacareras argentinas o a Más Birras. Que mucha gente se haya abierto a escuchar un género de música, que además implica una forma de vivir la música muy sagrada, es lo que realmente hubiera emocionado a Mauricio, mucho más que volverse alguien muy conocido.
-La Estrella Azul ya ha grabado dos de sus canciones en un ‘single’ de vinilo, pero se vienen novedades, ¿verdad?
-Pues sí. Aún no habíamos dicho nada pero vamos a publicar un doble LP en vinilo. Vivimos tiempos en los que uno no sabe si lo que está en digital o en la nube sobrevivirá al futuro, así que lanzaremos ese formato físico para que quede algo tangible. Publicaremos solo 200 unidades, y creo que podrá estar disponible en abril o por ahí.
-¿Grabado en directo?
-No. Cuando vino Cuti a España estuvimos grabando algunas de las canciones junto a él. En el disco están las voces de Pepe Lorente, de Cuti y de algunos colaboradores y amigos que vienen del folk pero con arreglos de rock and roll. Será una especie de gran resumen del proyecto.
-La Estrella Azul ha sido un fenómeno parecido al de los Blues Brothers, donde no se sabía dónde terminaba el cine y empezaba la música. ¿Teme que se desdibuje su trayectoria como cineasta?
-No. Yo creo que eso podría marcar un poco más a Pepe Lorente, porque a los actores sí les puede afectar. Al principio había público que pensaba que Pepe era un músico que actuaba, pero rápidamente esa impresión ha desaparecido, porque en este tiempo ya ha hecho dos películas y está grabando una serie de TV que lo separan por completo de La Estrella azul.
-¿Su regreso al ‘modo cine’ ha asido abrupto, o lleva tiempo masticando su próxima película?
-Llevo casi dos años investigando sobre la que será mi próxima película en México. Es lo único que he tenido tiempo de hacer además de tocar: documentarme, hacer entrevistas, leer libros... Habla sobre un tema que podría ser inabarcable, así que me he dedicado a intentar acotarlo.
-Hábleme sobre ese próximo largometraje.
-Tiene que ver con la conciencia, con un científico que estudió el asunto de la conciencia en México y descubrió capacidades que nos parecerían sobrenaturales. Será una película que podría parecer de ciencia ficción, pero no lo es. Aún no puedo decir ni el nombre de la persona ni nada por cuestiones de derechos, pero me iré a México después de terminar esta gira para cerrar los últimos asuntos.
-¿Irá también por el camino del ‘biopic’?
- No exactamente. En este caso no quiero volver a contar la historia real de un personaje, precisamente porque en el caso de Mauricio Aznar esa responsabilidad, la de ser fiel a una imagen, me generó mucho estrés por pensar en lo que opinaría la gente que lo conoció de verdad. Así que en este caso partiré de un científico que existió, pero a partir del cual creo un alter ego, un personaje de ficción con sus mismas inquietudes y circunstancias.
-¿No tuvo bastante con el complicadísimo rodaje en Argentina, que tiene que irse ahora a México?
-Y encima nos pilló una pandemia mundial. (Risas). Pero creo que lo más especial del cine es poder conocer mundos y ampliar el tuyo. Para mí uno de los grandes legados que deja La Estrella Azul es sentir que en Argentina tengo otra casa. Yo mañana me podría ir a vivir a Santiago del Estero y tendría un grupo de amigos y una vida social tan intensa como la que tengo en Zaragoza. La ocasión de ir a un país como México, en el que he estado solo una vez pero me pareció maravilloso, también es una excusa para hacer la película.
-Su vinculación personal con Mauricio Aznar era antigua y evidente. ¿En este caso hay algún tipo de vinculación personal con este personaje mexicano?
-Más bien con el asunto. Cuando tuve que decidir estudiar cine iba por la rama de la ciencia y se me daba muy bien, hasta el punto de que gané una medalla en la Olimpiada de Física. Toda la vida he seguido leyendo mucho sobre física teórica y física de vanguardia, y sobre los límites a los que está llegando la física sobre los asuntos de la conciencia, la frontera entre física y espiritualidad, que es algo que me interesa muchísimo. Cada vez más la física de vanguardia se está acercando a una visión del universo que se parecen mucho a las visiones orientales, en las que tiene más que ver con una gran sinfonía vibracional que con algo meramente material. Es un tema apasionante y que genera más interés del que creemos, porque si te metes en YouTube y buscas energía oscura o materia oscura, encuentras conferencias de físicos que tienen 10 millones de visitas.
-Rodar una película cuesta muchísimo tiempo, y desde que estrenó ‘La estrella azul’ hasta que presente la próxima van a transcurrir varios años. ¿Tiene miedo de que la crítica, el público o la prensa se olvide de usted?
-Esa sensación la tuve, a otra escala, cuando hice mi corto Os meninos do Río (2014) que fue nominada a los Goya. Después de eso tardé muchísimo en encontrar productores y cuando los encontré no se habían olvidado del corto. Conforme creces te vas dando cuenta de que el tiempo pasa muy rápido y que varios años no es tanto tiempo. Hay películas que me parece que las vi ayer y resulta que tienen diez años. Así que no me preocupa eso. Y tampoco me preocupa mucho la aceptación que pueda tener la próxima película, porque eso siempre te llevará a la frustración: sé que algunas de las que haga en el futuro funcionarán bien y otras no. Precisamente La Estrella Azul habla de eso, de hacer lo que a uno le late sin pensar tanto en el futuro inmediato.
-Pero usted mismo me dijo hace tiempo que la mejor forma de rodar un buen largometraje es haber rodado otro antes...
-A efectos de facilitarte la producción sí, porque es muy difícil conseguir el dinero necesario. Pero siento que mi currículum está ahí, no puede borrarse ni caducar. De hecho lo que me está pasando es que grandes productores quieren producir mi siguiente película, y eso significa que va a ser más fácil rodar seguro. Me encuentro en ese punto de no querer cerrar cosas aprisa y corriendo y contarlas para no activar esos relojes. Porque cuando te comprometes oficialmente con un productor te va a empezar a preguntar cada cierto tiempo cómo llevas el guión.
-Ha demostrado que andar sin prisas tiene premio...
-Las prisas y el arte son incompatibles. En La estrella azul había una frase en el guion, que después quité, cuando a Más Birras le ofrecen un contrato para grabar tres discos. Mauricio pregunta ‘¿Pero no hacíamos las canciones antes que los discos?’. Si firmas un disco o una película antes de tenerla te estás obligando a llenarlo de algo que vete tú a saber lo que es. Ese proceso es antinatural, es como decidir casarse y a partir de ahí buscar una mujer. Han venido productores preguntándome qué tengo, pero yo prefiero tener algo y después llevarlo a los productores.
-Usted será autor del guión? ¿Eso es una línea roja?
-Nunca se sabe. También voy a escribir un guión por encargo de una película que no voy a dirigir, cosa que nunca pensaba que haría. Y no estoy cerrado a dirigir algún día un guion maravilloso que se me cruce por delante.
-¿Qué le ha enseñado sobre cine toda la experiencia de ganar un Goya?
-Ahora sé lo que me ha funcionado bien y lo que me ha hecho sufrir, y lo voy a aplicar en mi próxima película. Lo mejor fue gestarlo todo a fuego lento. Como tardamos tanto en encontrar productores y además la pandemia nos detuvo, sin querer tuve mucho tiempo para trabajar en cosas que son casi invisibles, que no se notan en la película, pero que forman la base del iceberg que hace que al verla sientas que hay densidad, que hay conocimiento, que hay algo detrás de esas imágenes. Eso lo quiero repetir siempre. Ahora que tras el Goya podría caer en la tentación de hacer películas más rápido, es cuando entiendo la importancia de hacerlo todo con paciencia. Y también he aprendido a que quiero tener siempre el control artístico total. En La Estrella Azul me lo tuve que ganar y pelear y al final lo tuve, pero hubo mucho tira y afloja con los productores. Y eso me hizo sufrir muchísimo, no te exagero si te digo que viví los peores momentos de toda mi vida. Esa experiencia no lo pienso repetir. No hay nada que me puedan ofrecer, no existe la cantidad de dinero suficiente que me haga renunciar, por ejemplo, a tener el montaje final de la película.
-Este martes se conocieron las candidatas definitivas a los Premios Goya 2026, y ‘Sirât’, película rodada en parte en Teruel, es una de las grandes favoritas (11 nominaciones) junto a ‘Los domingos’ (13 nominaciones). ¿Por cual apuesta?
-Eso es difícil, aunque a mí me gustó más Los domingos.
-La catalana descendiente de la localidad turolense de Torrevelilla, Gemma Blasco, opta al mismo Goya que ganó usted hace un año, el de Mejor Director Novel, con La furia, que además está nominada a mejor actriz protagonista. ¿La ha visto?
-Todavía no la he visto. En realidad me quedan por ver bastantes películas de las que compiten porque este año no he parado. A ver si recupero el ritmo habitual.
-¿Qué ‘vibra’ tiene de cara a esa gala de los Goya 2026?
-Será distinta a la del año pasado, porque entonces se juntaron muchas películas buenas y con grandes recaudaciones, como El 47, La infiltrada, La habitación de al lado de Almodóvar, La virgen roja... En realidad fue un mal año para competir porque hacía mucho tiempo que no había tantas películas exitosas al mismo tiempo. Pero no fue mal, la verdad.
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