Síguenos
Viaje musical (de ida y vuelta) a los Infiernos Viaje musical (de ida y vuelta) a los Infiernos
Imagen gráfica del disco ‘El Bosque Oscuro’ en las plataformas digitales

Viaje musical (de ida y vuelta) a los Infiernos

‘El Bosque Oscuro’ es la original y arriesgada apuesta personal del turolense Joe Invierno

El turolense José Bubu Bugarín firmó hace dos años un excelente disco junto al resto de miembros de Mecanismo de Kozai, banda zaragozana que se parece muy poco a lo que se puede escuchar actualmente en la escena indie, electrónica o popera española. Pero Mecánica celeste se publicó al tiempo que se decretaba el confinamiento por coronavirus, en marzo de 2020, cuando ni sospechábamos hasta donde iba a prolongarse la onda expansiva de la pandemia. Después de meses de ímprobo trabajo para publicar el LP todo se les había venido abajo. “La gira de conciertos que habíamos previsto se nos cayó, no tocamos, no vendimos un solo disco, y pasaban las semanas y esto no terminaba”.

Por si fuera poco Bugarín trabaja como auxiliar de enfermería en un hospital de Zaragoza y eso, en tiempos de pandemia, no ayuda. “El resultado es que agarré una depresión de cojones. Bajé a los infiernos, me fui de la banda y lo único que podía hacer para desfogarme era agarrarme a los sintetizadores y hacer música. El resultado es El Bosque Oscuro”, afirma el turolense.

Joe Invierno, en la imagen del sencillo ‘En tu honor’, publicado semanas antes del álbum ‘El Bosque Oscuro’

Se trata del disco de presentación de Joe Invierno, nombre del proyecto personal que ha emprendido Bugarín tras abandonar Mecanismo de Kozai, que sigue adelante aunque conserva solo uno de sus componentes originales. El Bosque Oscuro es hijo de su tiempo y de su padre. Se trata de un disco duro, oscuro y difícil, pero honesto y rompedor en muchos sentidos. Es una obra conceptual “y muy emocional”, que a través de diez cortes -y un bonus track- que navegan entre la electrónica, el trance y la música atmosférica, narra ese viaje a los infiernos, “desde abajo hasta arriba, incluyendo el momento en el que tocas fondo y también el que, por fin, empiezas a ver una luz que ya no esperabas”.

El propio título del disco “es una metáfora del territorio penoso por el que he atravesado” explica el músico. El Bosque Oscuro arranca con Nana do lobo triste, cuya intención es que el público se sitúe mentalmente donde se encontraba Bugarín al inicio de su crisis personal. “Yo soy de Teruel pero mi familia paterna es gallega, y ese año además fallecieron mis abuelos. Así que escribí un tema tétrico, con el que quería abrir las puertas del infierno, y que me sugería las historias sobre lobos que contaban mis abuelos cuando vivían en una aldea de Galicia”.

En tu honor, uno de los singles que pudieron escucharse antes del lanzamiento del disco, es una canción minimalista -como buena parte del resto- que con muy pocos elementos alude a la desazón de quien “siente que se desangra por la depresión, mientras hay gente que le acusa de que se lo está inventando todo. Por desgracia la enfermedad mental es algo que no se vé”.

Polilla 2.0 es uno de los cortes más antiguos del disco, y al igual que otros como El río está compuesto antes de la pandemia pero encajaba con el resto del concepto por su “oscuridad” y “la atmósfera que proporciona”.

Imagen de la portada física del disco, primero del proyecto personal que ha emprendido José Bugarín

En Lisboa Joe Invierno se permite la licencia de ser algo más luminoso, en un tema más ligero en sintonía con Tu tempestad. “Quizá este sea el corte más comercial, el que más fácilmente entra por el oído... creo que es de las pocas canciones en las que repite igual el estribillo”, bromea el músico.

Quizá es uno de los temas más duros porque aborda el suicidio. “Cuando tocas fondo te planteas quitarte de enmedio, porque no puedes controlar la onda expansiva que lo salpica todo”, reconoce Bugarín. Al final de este corte repite obstinadamente “me iré”, cada vez más distorsionado hasta que su voz termina casi deshumanizada.

Con Viento/El Bosque Oscuro, “que habla de esa persona que te ayuda, y al final es como un viento que se lleva lo malo y te ayuda a salir adelante”, y El naufragio culmina el viaje conceptual por la pesadilla de la depresión, y el regreso a la superficie del mar, con ese verso “Y naufragué pero las sirenas me enseñaron a volver” o “no me olvidaré ya a quererme a mí”, que se cierra el trabajo.

Un lenguaje distinto

El conjunto es un disco complejo y dificilmente clasificable protagonizado por la voz de José Bugarín, en ocasiones desnuda sobre un simple arpegio de celesta y en ocasiones distorsionada y acompañada por bajos, baterías o guitarras, pero también por sonidos electrónicos, loops, latidos de corazón y sonidos absolutamente experimentales. Se trata de uno de esos discos que hay que escuchar con auriculares para no perder ningún sonido y visualizar sus movimientos de izquierda a derecha y de derecha a izquierda.

Bugarín se ha permitido el lujo de hacer exactamente el trabajo que quería, y el resultado es de una originalidad absoluta. Tanto que la primera vez que lo escuchó recién salido del estudio La Banana de Javier Custardoy “pensé que la había cagado”, reconoce el autor. “Al principio creí que no me gustaba lo que oía, pero después reflexioné y descubrí que, sencillamente, me daba miedo compartir esto”. El turolense solo hizo cien copias del disco -muy bien terminado en el aspecto gráfico por Edgar Malo-, y durante la primera semana vendió la mitad. “Estoy contento porque muchas gente me dice que escuchándolo ha experimentado sensaciones. Creo mi intención era precisamente esa”.

José Bugarín es un turolense afincado en Zaragoza, donde formó parte de Mecanismo de Kozai antes de emprender el proyecto en solitario de Joe Invierno

Eso es un halago para un artista, pero una mala noticia para un productor que busque dinero y fama. Bugarín no le hace ascos a nada, pero asegura que “las cifras de escuchas en Spotify me traen sin cuidado”. “Si lo que quieres crear es un hit el proceso es otro... tienes que hacer dos estrofas, un estribillo, y meter tres cosillas más”. Dicho así es hasta fácil, pero el objetivo era otro. “El objetivo era expulsar mis demonios, que pudiera servirle de algo para quien pase por lo mismo y para quien no, que pudiera experimentar las mismas sensaciones”.

El turolense no se olvida de que El Bosque Oscuro le debe buena parte de su identidad a Javier Custardoy, Frankie, de los estudios La Banana de Zaragoza. “Yo sabía que este disco era una propuesta extraña, y que lo tenía difícil con el 95% de los estudios que hay en Aragón, que se dedican a la jota, el rock y poco más”.

A Custardoy, que ha producido a artistas aragoneses de trap, hiphop y muy diversa índole, le encantó. “Recuerdo que me dijo que era una fantasía, conectó enseguida con el concepto y multiplicó mis movidas por tres”, recuerda Bugarín.

Recientemente Bugarín ha publicado en las plataformas una nueva mezcla de Tu tempestad, y durante los próximos meses subirá al menos tres temas más que no incluyó en el disco “porque se salían de su concepto”, explica. “Eran más comerciales, tiran más hacia la música electrónica bailable, y en ese sentido quizá tengan más repercusión porque son más fáciles de escuchar”.

Hasta entonces el turolense defenderá donde se lo pidan el disco en directo, para lo cual prepara varios formatos. “Se puede sobre la música grabada, aunque tengo en proyecto hacer arreglos de los temas para piano y voz, sin base electrónica, y presentarlos acompañados por Víctor Fonseca”.

De todas las plazas, a José Bugarín le apetece actuar especialmente en su Teruel natal, donde todavía no ha podido debutar ni con Mecanismo de Kozai ni como Joe Invierno.

El redactor recomienda