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Manual de resistencia: una hora con uno menos, tres puntos más al zurrón Manual de resistencia: una hora con uno menos, tres puntos más al zurrón
Abraham porfía un esférico con el delantero del Nàstic Baselga. Gimnàstic de Tarragona

Manual de resistencia: una hora con uno menos, tres puntos más al zurrón

El Teruel se lleva en Tarragona tres puntos más a domicilio para seguir aspirando al podio en Primera RFEF

Minuto ciento y pico. Después de una hora larga de resistencia ordenada y juiciosa, de lectura de tiempos y espacios, con un hombre menos y con un gol más, un ejemplar tiempo de descuento con el balón lejos del área de Rubén acaba en saque de esquina favorable al CD Teruel. Lo sirve Joseda. Andrés trata de aguantar la posesión del esférico para que sigan pasando los segundos. Saque de puerta. Repliegue intensivo. El Nàstic acelera en busca del contragolpe, pone un balón largo... Y Joseda lo despeja ya de vuelta a su posición de central diestro.

Lo hizo con el mismo criterio con el que él y el resto de sus compañeros escribieron este domingo otra página más, otro hito, en la historia reciente de este equipo de bronce, y de hierro. El escenario, el Nou Estadi de Tarragona, vivió el que se presumía como un duelo directo entre dos de media tabla en Primera RFEF dispuestos a avanzar hacia las posiciones de más valor en la categoría. Sobre el terreno de juego, sin embargo, los galones los puso el equipo visitante. Desde el primer minuto. No importan las bajas. En punta de ataque comparecieron Traoré, Goyo y Merencio, porque Teddy está lesionado, Sergio cumplía sanción, Ayman ya no está... No importó nada.
 

Relu y Joseda se interponen en el avance de los tarraconenses 

Era el día de la reválida del malí, y su primera carrera en el minuto tres de juego, cincuenta metros superando rivales por banda como una gacela, no encontró entonces el cero a uno porque aún está en fase de ser más preciso. Pero a su galope empezó el Teruel a hacer méritos para abrir el partido. Joseda conservó su titularidad como central diestro, acompañando a Nico y Abraham, Manel y Andrés en los costados para que formasen la medular Albisua y Relu. Muy entero, en bloque alto, ocupó espacios avanzados el once de Parras desde los primeros envites.

Al primer saque de esquina, poco antes del minuto diez, un rebote le llegó al propio Traoré, enganchó volea en semifallo, negó el gol la defensa tarraconense, que sólo veía en el balón largo a la espalda la forma de sacudirse el dominio de los rojillos. Al cuarto de hora Relu remachó desde fuera del área, arriba, otro buen acercamiento por banda de los turolenses. Y desde el balón largo quiso desperezase el Nàstic en las botas de Pau Martínez y Jardí, sus alfiles en bandas. Un pase de la muerte del primero se paseó de lado a lado del área. Una descarga del segundo acabó en un centro de Óscar Sanz que el ex del Zaragoza Baselga remató fuera, por poco.

Entre medias, Traoré habilitó a Goyo desde la media punta, fino giro de cintura del africano para el posterior centro del zurdo sin rematador. Y a la media hora, el toma y daca de unos y otros terminaría con un centro de Joseda peinado por Goyo que Merencio no acertó a rematar lejos del guardameta Rebollo, otro ex blanquillo. En ese momento estaba el Teruel desplegado otra vez por los territorios del Nàstic, en busca de seguir conquistando metros para armar el aguijón con un primer gol que le desatascase.

Y tanto se adelantó, tan valiente estaba el bloque, que otro balón a la espalda le pilló a Nico mano a mano con Baselga. En el forcejeo entre los dos el aragonés estuvo ágil, se zafó y enfiló directo hacia el arco, obligando al central a derribarle. Estaba a cincuenta metros de la portería, pero el árbitro interpretó falta de último hombre. Tarjeta roja. Habría que ver si Abraham no cazaba en carrera al aragonés, pero no atendió Bueno Prieto a otras disquisiciones, su revisión de VAR mantuvo la decisión, y expulsó finalmente al zaguero mudéjar.

Tras la roja, reorientación

A ninguno de los dos contendientes les pareció que la roja debía variar en exceso el escenario del partido. No al Nàstic, desde luego, que ni aceleró ni empujó. Mucho menos al Teruel, que tuvo tiempo para readaptarse y reiniciarse. Jardí trató de agitar el avispero, por su cuenta, sin mucha compañía en un pase de la muerte que desbarató la defensa rojilla. Respondió el equipo de Parras; ya en el 45 Goyo se procuró un espacio desde la frontal para lanzar, en este caso fuera. La siguiente iría a la jaula.

La transportó Abraham, la durmió Traoré, ya colocado como delantero centro, y Merencio se la colocó a Andrés, éste sí, con un cañón en cada una de sus piernas. Con la zurda, su menos buena, armó el cero a uno también desde la frontal. Inapelable. Así que al descanso se llegaba con una ventaja turolense que era por supuesto merecida. Inesperada por el escenario previsto tras la expulsión de Nico. Inalterada porque la segunda parte fue, sobre todo, otro nuevo ejercicio de talento colectivo de un equipo que tiene en la interpretación de lo que requiere cada partido la mejor de sus bazas. Cada uno de los futbolistas y de los técnicos del CD Teruel toma la decisión que corresponde en el momento preciso y con arreglo a un objetivo que siempre camina en dirección a la victoria.

No es tan fácil. La primera de esas decisiones, no asustarse con los cambios de los tarraconenses. A vuelta de vestuarios quiso el Nàstic hacer lo mismo que el Tarazona hace dos jornadas. Los zaragozanos aprovecharon otra roja a Nico para llevar su partido hacia el bombardeo de las áreas. Ganaron. Quiso imitarlo el equipo local, y colocó a Cedric junto a Baselga para empezar a cargar cañones. Lo que pasa es que el Nou Estadi no es el Municipal turiasonense. Y las segundas jugadas no se trabajan igual a pie de Moncayo que en la orilla del Mediterráneo. Así que la segunda parte fue un ejercicio no plácido, pero sí suficiente, de un Teruel al que le bastó simplemente con ir ajustando piezas de tres cuartos hacia adelante para desactivar los arreones locales.

Lo intentaron los catalanes a base de acciones aisladas. Cedric abrió el segundo acto con un cabezazo fuera, al que seguiría un avance de Merencio que se le plasmó en chut mordido, fuera. Sí la tuvo clara, después de varios rebotes, el delantero del Nàstic, pero su disparo obtuvo la feliz respuesta del pie derecho de Rubén para negar el empate. Y de esa acción emergió de nuevo el Teruel, que supo empezar a sufrir sin la pelota. Le ayudó la incorporación a la hora de partido de Fonda y Goyo, imanes y atletas que clonaron la posición de Merencio y Traoré, también su desgaste y esfuerzo. De sus primeras incursiones sacó incluso algún balón parado el Teruel, eso sí, ya sin amenazar remates.

A falta de veinte minutos el once local solo contaba con los balones colgados que Cedric y Baselga podían convertir en remates. Lo tuvo el nigeriano a la media vuelta. Lo buscó Jardí en centro chut que Gálvez rechazó sin mayor apuro. Y un choque peligroso entre Joseda y Almpanis mandó al vestuario al del Nàstic, volvió a interrumpir el encuentro, sirvió para que Padilla ingresase al verde y otorgó energías definitivas al equipo de Parras, que hasta el final apenas pasó apuros en un eslalom de Oriol que Baselga remató fuera y en un chut de Óscar Sanz que encontró otra mano rápida y firme del arquero mudéjar pegada la bola junto al palo.

Todo lo demás fueron cruces acertados, anticipaciones correctas, y despliegues ida y vuelta al contragolpe del Teruel que en ese largo descuento, más de diez minutos, se repetían ya de manera constante; apenas se jugó en campo rojillo, sólo un último susto, casi en el minuto 100, en una pifia de Cedric que quiso aprovechar Baselga sin que enganchase con corrección en el área chica. Pidieron penalti, solo se vio balón rebotado. Y apenas después pitido final, octava victoria del Teruel, que termina la primera vuelta de la competición con 29 puntazos en su casillero. Esos ya no se van. Con los que vengan se escribirán más historias de valor y orgullo como las de este domingo, hora y pico con diez en Tarragona.
 

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