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El Espejo de Tinta. El extranjero, por Chema López Juderías

Teruel, enero de 1938

Dos milicianos fuman apoyados en una de las columnas de los soportales de la plaza mientras miran como sus mandos se hacen fotografías con el pequeño toro de bronce. 

A primera hora de la mañana se había decidido bajar del pedestal la estatua de 54,5 kilos que presidía la plaza del Torico y que se había convertido, desde hacía tiempo, en el símbolo de la ciudad. El insistente bombardeo de las tropas enemigas había dañado la columna que lo sostenía y había serio riesgo de acabar en el suelo.

Nadie sabía a ciencia cierta dónde se iba a guardar el toro de bronce, pero se hablaba de que lo iban a llevar en unas horas a la caja fuerte de un señor con posibles que vivía cerca de la plaza del Seminario.

El fotógrafo que inmortaliza a los altos mandos hace un descanso y se acerca a los dos milicianos que fuman.