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Allan Bernard, fotógrafo: “La delicadeza que muestran algunas culturas se refleja en el uso que hacen de los maniquís” Allan Bernard, fotógrafo: “La delicadeza que muestran algunas culturas se refleja en el uso que hacen de los maniquís”
Allan Bernard es un francés afincado en el Matarraña desde hace varios años

Allan Bernard, fotógrafo: “La delicadeza que muestran algunas culturas se refleja en el uso que hacen de los maniquís”

El artista de origen francés inaugura hoy la exposición ‘Plastic people’ en La Fábrica de Solfa de Beceite
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Allan Bernard es artista y viajero y lleva cuarenta años fuera de su Francia natal. Desde hace siete está afincado en Valderrobres, localidad que conoce desde sus tiempos en Barcelona y que recorre siempre con su cámara fotográfica en ristre. La Fábrica de Solfa de Beceite inaugura este viernes su primera exposición de fotografía en Teruel. Se titula Plastic people y está formada por una selección de 22 fotografías tomadas a lo largo de la última década y media.

-¿En qué consiste exactamente la exposición ‘Plastic People’?

-Son fotografías que he realizado a lo largo de bastantes viajes por distintas partes del mundo, cuya temática principal gira en torno a los maniquíes, esos personajes de plástico que vemos en los escaparates de las tiendas, normalmente para exhibir ropa y complementos. Lo que me llamó la atención inicialmente fue descubrir la diferencia en el trato y el uso que reciben estos soportes según el país o la región donde uno se encuentre.

-¿En qué sentido?

-Aunque la función básica de un maniquí es servir como soporte para vender una prenda de ropa, me di cuenta de que en algunos lugares hay mucha más sensibilidad a la hora de tratarlos. No es lo mismo poner un simple pedazo de plástico, como se hace cada vez más ahora, que buscarle una personalidad propia a cada figura, que buscar su lado emocional.

-¿A qué clase de diferencias se refiere en concreto? ¿A la hora de construirlos, de colocarlos, de distribuirlos...?

-Las diferencias son muy notables. En algunos lugares les maquillan de manera diferente, buscan darle a cada maniquí su propia personalidad, su carácter único, como si de una persona auténtica se tratara. Es verdad que la gente normalmente no presta mucha atención al maniquí en sí, se fija en la ropa que lleva, cuyo objetivo es venderla. Pero cuando se le da ese toque especial al maniquí creo que el resultado es mucho más seductor para el cliente. Cuando el maniquí tiene cierta personalidad, está más humanizado, creo que el cliente empatiza más fácilmente con él, y por tanto funciona mejor como elemento de atracción.

-¿Además de por motivos geográficos o culturales, advierte alguna tendencia a través de los años?

-He notado una evolución muy notable con el paso de los años, especialmente en Europa. El maniquí va perdiendo cada vez más personalidad, va perdiendo su aspecto humano y se va convirtiendo en un mero soporte. Las primeras fotos de mi colección tienen unos 15 años y desde entonces ese cambio es muy aparente. Se va eliminando la pintura, cada vez tienen menos ojos, incluso la forma. Pierden la expresión, apenas se pueden asimilar a seres humanos. Prácticamente han pasado a ser como perchas grandes, como si se les quisiera quitar deliberadamente ese aspecto de persona.

-¿En qué países ha tomado las fotografías que forman parte de la exposición?

-Principalmente en Tailandia y en diferentes países de Europa, como Portugal, Francia y España. Tengo fotografías de Brasil que no están incluidas en esta selección, donde se aprecia algo muy interesante: allí se ven maniquíes con pieles morenas y los femeninos tienen unas curvas muy pronunciadas. En contraste, en Asia no se exageran tanto las características corporales, sino que son mucho más delicados en ese aspecto.

-¿Los maniquís tienen rasgos orientales en Tailandia y el resto de países orientales?

-Curiosamente no. En general son bastante neutros, no suelen tener ojos rasgados ni las características físicas típicamente asiáticas que uno esperaría. En general son neutros, y en algunos casos tienen rasgos claramente occidentales, lo cual resulta peculiar teniendo en cuenta que su mercado es el asiático

-¿Diría que existen paralelismos entre las culturas o los países y su forma de utilizar los maniquís de moda?

-Yo diría que sí. En Asia, particularmente en Tailandia que es el país que más conozco, hay una diferencia cultural muy marcada en el comportamiento. Hablando precisamente de delicadeza, creo que son mucho más delicados en prácticamente todo: desde la comida hasta la manera de vivir. Pese a que en Bangkok u otras ciudades hay aglomeraciones urbanas, casi no hay ruido ambiental, nadie abusa del claxon e incluso las ambulancias solo hacen sonar su sirena cuando es realmente necesario. Esta delicadeza cultural se refleja también en cómo tratan a los maniquíes, que resultan mucho más expresivos y cuidados.

-¿Qué le llamó la atención precisamente de los maniquís a la hora de fotografiar?

-Llevo muchos años fotografiando, primero de forma analógica y después, tras un descanso, en formato digital. Siempre voy con una cámara y suelo fotografiar todo lo que me sorprenda. Así que este proyecto nació hace como 15 años de un modo improvisado, y se ha mantenido a lo largo de los años. Pero tengo series de muchísimas cosas diferentes; bicicletas, grafitis, gente por la calle...