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Ana Álvarez Errecalde, fotógrafa que expone en el Museo de Teruel su obra ‘Morir y renacer’: “Mi fotografía consiste  en plasmar historias que no se han tratado lo suficiente” Ana Álvarez Errecalde, fotógrafa que expone en el Museo de Teruel su obra ‘Morir y renacer’: “Mi fotografía consiste  en plasmar historias que no se han tratado lo suficiente”
Ana Álvarez-Errecalde con algunas de sus fotografías al fondo

Ana Álvarez Errecalde, fotógrafa que expone en el Museo de Teruel su obra ‘Morir y renacer’: “Mi fotografía consiste en plasmar historias que no se han tratado lo suficiente”

“Está bien que un artista sacuda las mentes y que enfrente a cada uno con los prejuicios que tenga”
N.A.

Ana Álvarez-Errecalde apunta con su cámara al cuerpo de sus modelos y a la conciencia del espectador. La fotógrafa argentina expone en el Museo Provincial de Teruel hasta el 26 de septiembre su obra Morir y renacer, una muestra fotográfica en honor a la vida, retratando tanto la alegría como el dolor. Su exposición muestra cuerpos reales, con cicatrices, vello y marcas; también actividades de la vida misma como puede ser una madre amamantando a su hijo. La artista ha sido en muchas ocasiones víctima de la censura, pero esto no le quita el sueño, ya que es consciente de que el arte debe sacudir las mentes.

-¿Cree que ha sido bien recibida su exposición en el museo de Teruel?

-Sí, estoy muy contenta, ha venido mucha gente a verla y también se han interesado muchos medios de comunicación. Sobre todo, estoy muy agradecida al festival Teruel Punto Photo.

 -¿Quiere transmitir a la sociedad alguna lección con la exposición?

-No busco dar ninguna lección, creo que el arte sirve para poner sobre la mesa temas que, muchas veces, ni se tienen en consideración. Lo que hago es abrir al público mi espacio de reflexión y contemplación.

-Su imagen en la que aparece en el parto con la placenta es muy diferente a la que vemos en el cine. ¿Qué persigue con ese hiperrealismo del parto?

-Yo tuve una experiencia poderosa con el parto de Neuquén, mi primer hijo. Fue una vivencia transformadora, principalmente porque también cambió el concepto con el que yo había crecido entendiendo los partos. Después, cuando me quedé embarazada de mi hija, quise enseñar esta experiencia que supuse que iba a ser igual de poderosa que la primera y, finalmente, así fue.

-¿Hay que acabar con esta imagen del parto idílico?

-Es importante escuchar todas las historias. Todavía más en momentos de pandemia, que hay muchas mujeres que se sintieron violentadas cuando fueron separadas de sus bebés nada más nacer. No hay una sola vivencia del parto ni un parto ideal, lo ideal es que cada mujer pueda recibir a su bebé de la mejor manera.

-En un principio no quería hacer pública esta imagen. ¿Qué fue lo que le hizo cambiar de opinión?

-Me pasa, en general, con todas las obras que hago. En un principio, las hago por una necesidad personal de plasmar cierta idea que tengo en la cabeza, y luego me doy cuenta de que necesito mostrarlas. Todo mi trabajo artístico surge al pensar que esa experiencia que he vivido puede enriquecer a mi entorno. En el momento en que yo vi las fotografías reveladas, pensé: “Más mujeres y más niñas deberían crecer viendo esta experiencia de parto”.

-¿Para usted la cámara es un arma con la que conseguir un objetivo o un escudo para protegerse?

-Ni un arma ni un escudo, la fotografía representa un ejercicio de responsabilidad. Muchas veces entendemos este arte como una manera de conservar la memoria y, aunque también sirva para esto, creo que tiene, a su vez, un componente de deber. Para mí, la fotografía consiste en plasmar historias que no se han tratado lo suficiente. Por eso me enfoco en temáticas como el parto, la violencia obstétrica, la maternidad, la muerte...

- En sus fotografías muestra mujeres auténticas: mujeres que sangran, que envejecen, que enferman… ¿Por qué le atrae esta visión de la mujer?

-Lo que me atrae es que pesen más las experiencias que se cuentan. El problema que hemos tenido las mujeres es que se nos ha inculcado cómo tenemos que ser, como si hubiera un solo tipo de mujer a la que aspirar. La experiencia de ser mujer o ser madre puede manifestarse de diferentes formas y, para poder entendernos, es importante que todas cuenten.

-Da usted una visión de la cuidadora como si se tratara de una persona impregnada por el amor. Y el sacrificio del cuidador, ¿donde queda?

-En la serie de fotografías de Care, cuidar importa plasmo no solamente el amor, sino también el cansancio, la frustración y la soledad de la persona que cuida. A veces, lo que pesa no es tanto cuidar a quien uno ama, sino la soledad que impone el entorno. El cuidado es una tarea que nos atañe a todos y, sin embargo, queda relegada solamente al ámbito familiar. Me gustaría que la gente que viera la serie de Care, se interesara por conocer a sus vecinos y ofrecer su mano. En los cuidados, el amor está presente, pero también hay mucha frustración.

-¿Cree que la sociedad avanza en el cuidado de las personas o este sigue siendo un tema tabú?

-La sociedad estaba avanzando hasta que nos ha golpeado la pandemia. En este momento, vuelvo a notar que hay mucha más desprotección a la hora de acercarse a personas vulnerables. Espero que la pandemia no nos haga dar pasos hacia atrás.

-¿Ha sido víctima de la censura en alguna ocasión?

-En muchísimas. Si el cuerpo de la mujer no está asociado a la venta de productos o al consumo de sexo, sigue siendo un tema tabú porque se muestra a mujeres empoderadas que deciden qué quieren hacer con sus cuerpos y para qué usarlos, como es el caso de la lactancia materna. Es increíble que no se censuren fotografías puramente pornográficas pero sí se censure a una madre amamantando a su hijo.

-¿Qué responde a aquellos que critican sus imágenes argumentando que hieren su sensibilidad?

-Todo está en el ojo de quien mira, intento no defenderme porque todo es un espejo de nuestro interior. Está bien que un artista sacuda las mentes y que enfrente a cada uno con los propios prejuicios que tenga.

 

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