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Encarna Catalán: Encarna Catalán:
Encarna Catalán, con un ramo que le entregaron sus compañeras

Encarna Catalán: "En todo este tiempo he luchado mucho por la dignidad del voluntariado"

La empleada de la Fundación Bodas de Isabel lleva veinte años aconsejando el traje adecuado al personaje

 

Encarna Catalán es una de las caras visibles de la Fundación Bodas de Isabel. Su tiempo en la entidad termina porque está a punto de jubilarse. En más de veinte años ha visto la evolución de Las Bodas de Isabel, de época medieval, a la que luego se sumó La Partida de Diego y el modernismo. Estos días los voluntarios de la fundación le agradecen su trabajo durante estos años pero sobre todo su calidad humana.

-¿A qué se ha dedicado desde la Fundación en estos años?

-De todo lo que tiene que ver con la producción: los voluntarios, los directores teatrales, las localizaciones, la organización de viajes o el atrezzo. Como en la producción de una película, hay que encargarse también de las solicitudes o los alojamientos de los que venían de fuera.

-¿Cómo recuerda los inicios?
-Empecé a colaborar en las primeras ediciones de Las Bodas, porque me gustaba el tema. Estuvo como voluntaria de vestuario varios años. Luego, a partir de 2001 nos incorporamos Pilar Pallares en la parte económica  y yo en la parte producción. Aquello fue evolucionando como todo en la vida, pero en todo este tiempo he luchado mucho por la dignidad de los voluntarios para que tuvieran lugares para poder ensayar, que hubiera calefacción o un bocadillo para cenar. Agradezco todos esos sitios que nos abrieron las puertas de sus locales y que lo hacían como un servicio para la ciudad. Estuvimos en Los Paúles, en Cáritas, en el Seminario,...

-¿Cómo ha evolucionado la fiesta en todo este tiempo?
-He estado preparando la memoria y hay muchas carpetas con todo lo que ha crecido y evolucionado este trabajo: personas que nos han dejado durante todo este tiempo, políticos que han estado con nosotros en nuestra trayectoria, actores que fueron Isabel y Diego y ahora ya tienen hijos, otros que se fueron a otras ciudades....

Vivencias emocionantes

-Entre todos los actores que han pasado a lo largo de todos estos años, se ha dado el caso de un padre y un hijo que han sido protagonistas?
-Es lo más bonito es que haya pasado en este aspecto. Estaban Ángel Bugeda e Israel y luego su esposa y madre, en la sombra siempre apoyándolos. Uno de mis trabajos más gratificantes ha sido acompañar a los familiares de los protagonistas durante las actuaciones. Recuerdo especialmente cuando David Caballero, que era Diego de Marcilla, murió sobre el escenario y nevaba en ese momento. La nieve caía sobre su cara. Yo estaba con su hermana y llorábamos las dos en recuerdo de la madre de ambos, ya fallecida. He tenido incontables vivencias porque este es un mundo diferente, en el que la gente da lo que tiene.

-El modernismo fue otro hito en la evolución de Las Bodas. ¿Cómo lo ha vivido?
-En la semana modernista participa mucha gente que lo hace también en Las Bodas pero también otras diferentes y tanto en una recreación como en otra la falta de recursos me ha hecho ser ingeniosa. He aprendido a poner alfileres, a colocar sombreros, a adaptar una talla 36 a una 44 para que a la hora de salir a escena esté todo como creo que debería estar.  Una vez al hacer pruebas de vestuario a una chica no me inspiraba y le dije que volviera en otro momento, porque a la hora de caracterizarlos hay que tener en cuenta tanto el carácter de la persona como el personaje que interpreta. Hay que  hacer que se encuentre bien dentro de su traje. Las personas tienen que ir de acuerdo a su personalidad pero dentro de la época que representan. Los actores me miran y por la cara que pongo saben si me parece bien o no el resultado. Confían en mi criterio para encontrarse a gusto con el traje de su personaje. A según qué personas no le puedes dar determinados trajes. No te puedes ir del personaje que interpretan. Tiene que estar bien, glamuroso pero sin pasarse.

-¿En qué se inspira a la hora de preparar el vestuario de los personajes?
-Con Raquel Esteban -la directora gerente de la Fundación- he aprendido mucho y con Lorena Muñoz también, a la hora de perfilar a los personajes. Luego, buscamos en Internet, en libros y documentos y las dudas las compartimos entre el equipo. Cuando preparo nuevo vestuario pienso en uno que pueda servir para  que se pueda adaptar a otros personajes de una época o de otra. Hay trajes medievales que también pueden servir de base para uno modernista. Con Araceli Sancho hacemos tocados que podemos utilizar para tres tallas diferentes o faldas que hace Ana Escriche con pliegues que luego se pueden soltar para ganar tallas. Jorge Lanzuela también ha sido un apoyo para mí.

-Con todos los trajes guardados, ¿no se podría montar una exposición?
-Tenemos trajes guardados de diferentes siglos desde los íberos, cuando colaboramos con Andorra, pero para una exposición permanente se necesita un espacio adecuado, sería necesario un espacio para ello. El fondo de armario de la Fundación es estupendo y se ha hecho con el mimo y las ganas de muchas personas. Es fruto de una labor de equipo, de un equipo bondadoso.

Los trajes

-Muchos de esos trajes se han podido ver en Francia, en Italia y en muchos lugares de España y se ha podido comparar con otros en festivales y encuentros. ¿En qué posición quedamos?
-Cuando vamos a o otros sitios somos la admiración de todos y así nos lo hacen saber. A veces se llevan trajes históricos que no son del siglo que toca. En la Fundación lo hemos cuidado mucho y  vienen a preguntarnos. A veces hemos dejado trajes para que lo copien sabiendo que la copia es buena.

-¿Con qué se queda de su tiempo en la fundación?
-El voluntariado, los directores, el equipo... Y en todo esto la parte anímica y psicológica es muy importante, además de que cada uno lleve su traje, que tengan agua y bocadillos. Tengo que dar gracias a todos los que me han ayudado a todos los que me han abierto las puertas a veces anteponiendo su trabajo por dar servicio a la ciudad. Me voy encantada. Ahora toca descansar  y luego me dedicaré a otros menesteres.

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