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Irene Pujadas, escritora: “¿Autoconocimiento? No creo que haga falta saberlo todo acerca de nosotros mismos” Irene Pujadas, escritora: “¿Autoconocimiento? No creo que haga falta saberlo todo acerca de nosotros mismos”
Imagen de la escritora catalana Irene Pujadas. María Ródenas

Irene Pujadas, escritora: “¿Autoconocimiento? No creo que haga falta saberlo todo acerca de nosotros mismos”

La catalana reanuda el ciclo A Puerta Cerrada en Santos Ochoa de Alcañiz, presentando el jueves ‘La intrusa’
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La Librería Santos Ochoa de Alcañiz reanuda este jueves, 15 de enero, su ciclo de encuentros con los lectores A Puerta Cerrada. La primera visitante de 2026 será la barcelonesa Irene Pujadas, que presentará a partir de las 20 horas su novela La intrusa (H&O).

-¿Qué cuenta en esta novela?

-Diana es una chica cuyos amigos y familiares comienzan a decirle que algo no va bien en ella, aunque nadie tiene claro qué es exactamente. Hay un malestar indefinido. Entonces llegan unos parientes extravagantes que le dan una poción para que pueda hacerse pequeñita y entrar en su propio interior a descubrir qué es lo que no funciona. A partir de ahí, la novela se convierte en la aventura de ese viaje interior.

-¿Se trata de un viaje metafórico? ¿O literal?

-No, no... completamente literal. Diana entra por el ombligo y se encuentra con un país llamado Procesamiento, donde hay un ejército de burócratas explotados trabajando veinticuatro horas al día para entender sus emociones y analizarlas, de un modo bastante kafkiano. A partir de ahí, Diana viaja por varios países situados en su interior, acompañada por Fidel, uno de estos burócratas, siguiendo la tradición de los viajes literarios de dos personas.

-¿Lo que Diana descubre en su interior le gusta?

-No, para nada. De hecho enseguida se da cuenta de que es un lugar infernal y a lo largo de la novela buscará el modo de salir de ahí.

-Ahí está la ironía del libro, ¿no?

-Eso es. Parte del objetivo de la novela era hacer una parodia de la cultura del autoconocimiento y de la autoayuda, de ser capaz de buscarte y encontrarte, e incluso de esta narrativa capitalista del trabajarse, que es el summum de la autoexplotación. También cuestiono esa visión esencialista del yo. En mi opinión somos capaces de conocernos en relación con los demás, no mediante una búsqueda hermética interior, que es la que emprende Diana.

-¿Hasta qué punto desmonta el fenómeno del autoconocimiento como filosofía vital?

-El libro tiene ese punto satírico pero no desmonta por completo ese concepto. Es importante conocernos para actuar éticamente con nosotros mismos y con el exterior. Yo no estoy en contra de ir a terapia, pero precisamente por haber ido muchas veces a terapia parodio esa tendencia al autoanálisis excesivo, la que lleva a Diana a buscar únicamente en su interior.

-¿Qué debería hacer Diana para conocerse de verdad, si es que tal cosa es posible?

-Sinceramente no tengo ni idea. Esta novela es sobre todo una exploración. ¿Qué pasaría si convirtiera el viaje interior en literal? Para mí había una verdad íntima: aunque no tengamos ningún gran trauma, en el hecho de estar vivos existe cierto misterio que desconocemos y está bien que así sea. Quizá no hace falta saberlo exactamente todo sobre nosotros mismos.

-¿Le parece que la autoexploración y el autoconocimiento es un mal de rico? ¿De alguien que no tiene auténticos problemas?

-Quizá sí... Diana parte de una situación de comodidad, de una vida con ciertos privilegios y sin problemas graves ni de dinero. Pero también creo que el mundo está lo suficientemente mal, con o sin privilegios, como para que andes preocupada. Digamos que sí, que es verdad que para autoanalizarte y mirarte al ombligo tienes que tener tus necesidades básicas cubiertas. Pero esta no me parece la época más tranquila de la historia, y creo que tenemos motivos legítimos para preocuparnos.

-¿Qué tiene Diana de Irene Pujadas?

-No demasiado. La preocupación y cierto hartazgo con el autoanálisis, pero a la hora de fabricar el personaje tengo mucho pudor. Me gusta alejarme de la ficción, esconderme y disfrazar a los personajes para que no se parezcan nada a mí.

-'La intrusa' es su primera novela, pero no su primer libro publicado...

-Así es. Mi primera publicación, también con H&O, fue Los desperfectos, un libro de cuentos que también se tradujo al castellano y que en catalán ganó el premio Documenta, destinado a menores de 35 años.

-¿Diría que ambos libros están conectados temáticamente?

-Creo que comparten el humor, aunque en los cuentos es más grotesco porque trataban temas más oscuros relacionados con la muerte. En ambos libros está presente la idea del disparate, de situaciones absurdas en las que los personajes reaccionan de maneras poco habituales.

-Usted escribió ‘Els desperfectes’ en catalán e Inga Pellissa lo tradujo al castellano.¿En ‘La intrusa’ ha seguido un camino semejante?

-Sí, solo que en el caso de La intrusa el traductor ha sido Rubén Martín Giráldez, que además es escritor. El proceso fue muy interesante porque había expresiones, frases y juegos de palabras muy catalanas, y Rubén encontró soluciones excelentes que yo no hubiera encontrado.

-¿Por qué no se autotraduce usted misma al castellano?

-Porque le tengo gran respeto al oficio de traductor. Aunque hablo perfectamente castellano, sé que no estaría cómoda traduciendo el libro. La traducción va más allá de las palabras literales, y cuando hay metáforas arraigadas a la cultura catalana que hay que llevar a la castellana, hay que ser muy profesional para saber qué va a funcionar mejor.

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