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Javier Silvestre, periodista turolense que ha estado en La Palma: “La gente de La Palma está viendo que va a convivir con el volcán durante meses” Javier Silvestre, periodista turolense que ha estado en La Palma: “La gente de La Palma está viendo que va a convivir con el volcán durante meses”
Javier Silvestre, con el volcán de La Palma en erupción hace dos semanas, cuando estuvo cubriendo la información

Javier Silvestre, periodista turolense que ha estado en La Palma: “La gente de La Palma está viendo que va a convivir con el volcán durante meses”

“Hay muchos que se quieren ir de la isla y otros palmeros que han vuelto a ella para estar con su familia”
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El periodista turolense Javier Silvestre es reportero del programa Cuatro al día y durante dos semanas estuvo cubriendo la información en La Palma. Cuando se cumple un mes de la erupción del volcán Cumbre Vieja, recuerda su experiencia trabajando en la isla.

-¿Cuándo llegó a la isla y cuánto tiempo estuvo allí?

-Llegué una semana después de que comenzara la erupción y estuve dos semanas, porque los equipos de televisión lo que hacen es rotar cada dos semanas para que la gente no se queme. La isla tiene dos cosas que son informativamente curiosas. La primera es que el volcán te atrapa y lo magnificas, parece que no hay otra cosa en el planeta que no sea eso porque a nivel personal es una experiencia muy fuerte y parece que no pasa nada más. Pero paradójicamente te acostumbras a él y se pierde frescura informativa. Es complicado de explicar esta paradoja, pero se da.

-Después de un mes, también nos hemos acostumbrado desde la Península a esta información. ¿Nos estamos olvidando de lo que se les viene encima a los palmeros?

-El problema es que nadie sabe qué va a pasar. La gente allí se está tomando muy en serio que van a tener que convivir con el volcán durante meses igual que convivimos con el coronavirus. Los vulcanólogos intentan predecir pero es una ciencia muy inexacta. Además, hay mucha gente que se quiere ir de la isla, que es una cosa que me llamó mucho a la atención, porque ven el futuro muy negro. También había mucha gente de La Palma que vive fuera y ha vuelto para volver con los suyos. El volcán además tiene un factor psicológico muy duro que es el ruido.

-¿Qué sensación le produjo en su caso ese sonido constante?

-Es un erosión constante en el cerebro que te está recordando todo el rato que es una amenaza, porque no sabes para dónde va a salir o qué puede ocurrir. El primer día que llegué yo la erupción del volcán cesó y entonces la gente pasó más miedo, porque sabían que no podía acabar tan pronto y temían que se podía abrir otra boca en medio de una plaza, por ejemplo. La boca se abrió en la ladera de Cumbre Vieja pero podría haber roto perfectamente en mitad de un partido de fútbol, en un polideportivo. Eso te genera una incertidumbre con la que es muy complicado vivir. Recuerdo el terremoto que hubo en Teruel hace unos años, una noche de verano, y muchos teníamos la sensación de que todo lo que era sólido bajo tus pies se volvía de goma y durante unos días teníamos esa sensación de que a lo que te aferras es frágil y se puede caer en un momento diario. Pues imagínate vivir con esto durante un mes y a todas horas. Es como un trueno constante, que para, coge aire y vuelve a sonar. El problema es cuando cesa porque entonces se genera un silencio, todo el mundo se queda quieto en la calle y se pregunta qué pasa.

-¿Cómo llevan los palmeros la llegada incesante de periodistas y de turistas atraídos por el volcán?

-Los palmeros están aprendiendo a convivir con el volcán y esto implica aprender a convivir con periodistas y con un turismo que no habían tenido hasta ahora. Por un lado, al principio hubo ciertos  comportamientos periodísticos que molestaron a los palmeros, justificada o injustificadamente,  pero ahora se han dado cuenta de que en cuanto no haya periodistas se acabó tener notoriedad y poder recibir las ayudas.  Están aprendiendo a utilizar a los medios para que no se olvide el drama que se está viviendo. Y con los turistas pasa igual. Están aprendiendo a que una de las formas de capear lo que les viene encima es el turismo de volcán, en una isla que vivía sobre todo de las plataneras y de un poco de turismo. 

-¿Qué va a pasar cuando acabe la erupción del volcán?

-Entonces comenzará la reconstrucción pero será muy larga. El volcán se apaga, pero después habrá que enfriar la lava y recuperar una serie de infraestructuras. Es como una relación de pareja, cuando se acaba hay que solventar una serie de heridas que te ha dejado esa relación después de haber convivido. Es complicado, la gente quiere que se acabe ya pero por otro lado, como cada vez va a más, ni se plantean qué pasará después.

-La erupción ha despertado un gran interés científico entre los vulcanólogos. ¿Cómo lo ha visto?

-Esto es como cuando a un forofo de Eurovisión le organizan el festival en la puerta de tu casa. Hay 50 volcanes en el mundo, pero irte a ver un volcán activo supone una inversión económica que no todo el mundo se puede permitir. Si de repente está en la puerta de tu casa, a tan solo un billete de avión, no te lo piensas. La vulcanología es una ciencia muy teórica y ahora lo están disfrutando mucho, pero es un tema que hay que abordar con cuidado, porque es un espectáculo precioso a nivel de la naturaleza, una experiencia enriquecedora para los periodistas y para los científicos, pero a la vez es algo que genera una crisis sin precedentes en una isla que tiene menos habitantes que la provincia de Teruel, donde todo el mundo se conoce. Son unos 88.000 habitantes en una isla del tamaño de Menorca.

-Usted estuvo durmiendo en una casa junto al volcán. ¿Qué pasó con esa familia y esa vivienda? ¿La desalojaron ?

- Era todo un espectáculo. Creo que no está desalojado todavía, nos hicimos amigos del dueño y guardamos el punto del directo allí. El compañero que vino a sustituirme hizo después directos desde el huerto de la casa.



 

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