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José Miguel Meléndez, Premio Solete de Anudi: “La discapacidad es una lotería que te puede tocar  en cualquier momento” José Miguel Meléndez, Premio Solete de Anudi: “La discapacidad es una lotería que te puede tocar  en cualquier momento”
José Miguel Meléndez, con su hermano Luis

José Miguel Meléndez, Premio Solete de Anudi: “La discapacidad es una lotería que te puede tocar en cualquier momento”

El delegado de CARTV en Teruel reclama a la administración autonómica que amplíe la cartera de servicios que presta a los afectados

El delegado de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión (CARTV) en Teruel, José Miguel Meléndez, recibe este domingo a las 19:30 horas en la iglesia de San Pedro el Premio Solete con el que la asociación de personas con discapacidad Anudi reconoce su labor de personas en favor de este colectivo.

Meléndez, que se siente “honrado” con esta distinción, aprovechará su discurso para recordar que la discapacidad es “una lotería” y para reclamar a las administraciones públicas que presten todos los servicios que necesitan las personas que la sufren y sus familias.

-¿Qué supone para usted el Premio Solete?

-Es un premio que no me esperaba y que me hace sentir orgulloso y honrado porque conozco las dificultades que atraviesan las personas con discapacidad y sus familias dado que mi hermano Luis nació hace 33 años con síndrome de Down. Este reconocimiento me ha llevado a reflexionar mucho sobre lo que hago o lo que digo en este ámbito y a reforzar mi compromiso con este colectivo.

-¿Qué va a destacar en su discurso?

-Me gustaría incidir en que la sociedad no es consciente del tema de la discapacidad. No sé si sigue estando apartada o no, pero no somos conscientes de que nos puede tocar. Tú puedes ser una persona discapacitada mañana o tener un hijo o una hija con discapacidad. Hay mucha gente que vive sin saber que le puede tocar, no sé si por desconocimiento, ignorancia o por no querer saberlo. Vivimos de espaldas a la discapacidad, pero es una realidad que tenemos ahí y que te puede sobrevenir en el transcurso de tu vida.

-¿Considera que la atención que reciben las personas con discapacidad y sus familias es  adecuada?

-Tienen ayudas a través del Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS), como logopedia, fisioterapia y una cartera de tratamientos, pero solo se financian hasta los 6 años. A partir de ahí, las familias se tienen que buscar la vida para poder darles continuidad. Asociaciones como Anudi, Atadi, Asapme o Atpansor, entre otras, se esfuerzan para ayudarles, pero su acción es limitada y demuestra que algo falla en nuestra sociedad del bienestar.

-¿Es necesario entonces una mayor participación de las administraciones públicas?

-Por un lado, hay que recordar a las administraciones públicas que la discapacidad no se cura ni se pasa, y que se tiene que atender a las personas que la sufren durante todas las etapas de la vida. Sé que se vuelcan con las asociaciones todo lo que pueden, pero creo que tenemos que seguir exigiendo que las comunidades autónomas subvencionen las terapias y brinden una atención permanente.

-¿En qué ámbito se notan más las carencias?

-La gran preocupación de las familias, que es también la de mis padres, es qué le pasará a mi chica o a mi chico cuando yo no esté, quién se encargará de cuidarle. Afortunadamente, la provincia de Teruel cuenta cada vez con más residencias y pisos tutelados. Pero de nuevo son las asociaciones las que están al frente de las mismas, no los servicios sociales autonómicos. Aunque las subvencionen, no están dentro de los servicios que prestan. En las residencias de mayores, hay espacios para válidos y no válidos, pero no para personas con discapacidad.

-¿Ha cambiado la percepción social sobre la discapacidad en los últimos años?

-De manera general, sí. Pero en mi caso, cuando te toca la discapacidad, sufres de un aislamiento e incluso hay gente de tu familia y de tu entorno que, no es que te gire la cara pero no mantiene el mismo contacto. Piensas que estas apestado, que tienes la culpa de algo que es una absoluta lotería genética, en este caso. Hay un cierto rechazo social. Ahora es menor, sobre todo desde que los chicos y las chicas pueden estudiar de manera normalizada en el aula, donde son uno más. De esta forma, tienen la capacidad de conocerse, integrarse y valorarse porque lo relativizan y son pandilla.

-La inclusión educativa ha supuesto entonces un cambio importante...

-En los centros escolares se han puesto especialistas, aunque se necesitarían más porque cada vez son más los casos de alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. Pero todavía hay personas a las que les cuesta atender a la discapacidad dentro del aula porque piensan que el resto perderá el ritmo. Sin embargo, creo que no hay que considerarlo solo desde el punto de vista académico dado que la presencia en el aula de personas con dificultades de aprendizaje o con discapacidad abre la mente del resto y les enseña otros valores.

-¿Se dan todavía situaciones de rechazo?

-Hay gente que sabe que nadie va a invitar a su hijo o a su hija a un cumpleaños, y eso es muy duro. Pero creo que ha habido un cambio muy importante desde que yo llevaba a mi hermano a las Anejas con 3 años hasta hoy. No le querían dar la comunión y tuvimos que discutir para que pudiera tomarla porque entiende lo que es la religión, sabe lo que le gusta y lo que no, y quién es un buen amigo y quién no.

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