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El cordero El cordero
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Comimos asao. Allí había gente desde lo más alto de las sierras hasta la Tierra Baja. Ya se sabe que la capital tiene querencia al sur. Pero había buena representación tierrabajina: la Cruz y yo. Al Vicente el de Torremocha le preguntábamos por el tiempo. El hombre del frío contestaba sonriente. Hacía día de manga corta, eso pensaba yo. Sería por la buena calor de los asistentes: Elena, la Molinera… gentes diversas, como la provincia. Sin más afán que compartir un cordero en la peña de la Pili y el Javier, en Ojos Negros.

El móvil del Juderías debe de tener decenas de estos grupos. Lo mismo por lo que le critican algunos. Manda huevos. Utilizar las nuevas tecnologías como se utilizaban las viejas. Crear grupos, hacer red social real en una provincia dividida por miles de fronteras. Y, de vez en cuando, echar una cerveza o comerse un cordero.

No hay otra forma. Es la única forma. Y eso el Chema lo sabe. A nadie le preguntaba sobre perfiles. Hablamos de gente y de la tierra donde vivimos. Somos pocos y sabemos nuestras carencias. La trayectoria es la que nos debería de definir. Los hechos, las palabras hechas camino. No es tan difícil. Difícil, si eso, es la cena previa a las elecciones en la casa de los Juderías. Aunque supongo que harán lo que todos, nada grave. Hay demasiada literatura al respecto. Aquí en las tierras ignotas somos mucho de tirar la piedra y pontificar sin conocer al personal.

Ahora nos hacen la pirula a todos, y tras la depuración política nos vendrán con justificaciones que no dicen nada. Del PP, del PSOE, incluso del PAR, cualquiera se lo espera, se han doctorado en depuraciones en democracia. Ellos lo saben, por eso dejan cargar las tintas contra los que fueron la plataforma de todos los turolenses para convertirse en lo mismo de siempre. Vaya pena más grande si no hay otra forma de habilitarse en la madurez política que hacer la misma mierda que hacen todos. Para esos viajes no hacían falta tantas alforjas.

Todos me preguntaron aquella semana por él. Desde Zaragoza, Barcelona, las Cinco Villas... ¿Qué ha pasado? Lo de siempre. Eso es lo malo, que aquí por mucho que te cuenten no hace falta ser muy listo para saber lo de la madre del cordero. Ellos pasarán, tú te quedas.